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"El ciudadano quiere que la estadística mida su bienestar"

El presidente del INE, Jaume García Villar, descarta que la orientación futura de la estadística se centrará en medir el binestar

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En su libro How to lie with statistics (Cómo mentir con las estadísticas), el escritor estadounidense Darrel Huff explicó cómo se pueden malinterpretar las estadísticas y llegar a conclusiones erróneas de forma intencionada o no. Hoy se celebra por primera vez el Día Mundial de la Estadística y el presidente del Instituto Nacional de Estadística, Jaume García Villar (Barcelona, 1956), defiende los valores de servicio a la sociedad, integridad y profesionalidad de la estadística oficial. García Villar resalta su validez para la toma de decisiones no sólo de los gobiernos sino también de los hogares y, por ello, considera que el futuro de las estadísticas pasa por medir los diversos aspectos que definen el bienestar de los ciudadanos.

¿Para qué le sirven las estadísticas al ciudadano de la calle?

La estadística nace para ayudar a la toma de decisiones en el ámbito gubernamental. Pero cada vez más el ciudadano tiene un interés genuino en el uso de buena parte de la estadística oficial. Hablar del PIB, del IPC o de la tasa de paro es algo que siente de cerca. La estadística sigue teniendo ese papel de ayudar a la toma de decisiones, pero no solamente en el ámbito político o de las empresas, sino también de las economías domésticas, como ocurre con la compra de vivienda y las expectativas de evolución de los precios.

Una persona se come un pollo, otra ninguno, y para la estadística cada una se ha comido medio pollo. ¿No es razonable la desconfianza que existe en muchas personas respecto a las estadísticas?

'La estadística nace para ayudar a tomar decisiones, también a los hogares'

La estadística trata de sintetizar muchas piezas de información para que se pueda utilizar. El que no come pollo tiene la sensación de que su situación no está reflejada. En el futuro, las oficinas de estadística vamos a seguir trabajando en dar esa dispersión: que hay unos que comen un pollo, otros medio y otros ninguno. No sorprende que, a veces, el ciudadano se pueda no sentir representado, pero no es porque la estadística mida mal, sino porque en ese esfuerzo de síntesis necesario para adoptar decisiones pierdes información.

En esta idea de que la estadística sirve para tomar decisiones, sorprende que, con los mismos datos, se llegue a conclusiones tan diferentes en función del que los analice.

El INE lo que hace es elaborar la información, no la interpreta, eso queda para los analistas. Detrás de la interpretación cabe esa subjetividad.

¿Hay estadísticas políticas?

Las estadísticas no las dirigen decisiones políticas. La producción viene a atender las necesidades de los usuarios, que son heterogéneos, pero la interferencia política es inexistente.

El INE se ha visto envuelto a lo largo de su historia en polémicas políticas. La última, cuando el PP acusó a su antecesora, Carmen Alcaide, de ocultar la crisis económica. ¿Se ha pacificado esta situación?

Estas instituciones, que producen un bien público, han de estar al margen del terreno de juego político. La credibilidad del INE, que se basa en la independencia y profesionalidad de las personas que componen esta casa, está fuera de toda duda.

¿Cómo se vivió el revuelo del correo anónimo al blog del Financial Times' donde cuestionaban al INE porque los datos de PIB no cuadraban con los de destrucción de empleo?

Cuando se cuestiona la integridad de los profesionales a nadie le gusta, pero en este caso, la importancia que tiene un anónimo es nula.

¿Se puede medir la economía sumergida?

Se puede intentar. Hay diferentes metodologías, todas insuficientes. El día que haya consenso en cómo abordarla de forma homogénea, entraremos en ello. Pero es un fenómeno complejo, precisamente por su carácter sumergido. Es uno de los retos de la estadística oficial.

¿Qué estadística revela más el cambio que se ha producido en España?

Es muy reveladora la estadística del mercado del trabajo porque tiene la doble dimensión social y económica y tiene una incidencia muy directa en el día a día de las familias. En general, desde el punto de vista del ciudadano lo que le interesa es tener medidas de su bienestar, concepto de difícil medición y que es lo que está detrás de una orientación que en los próximos años puede tener la estadística oficial.

Como ese índice de la felicidad que propuso Nicolas Sarkozy.

Un indicador sintético para medir el bienestar, o lo que algunos llaman felicidad, es difícil porque el bienestar es multidimensional. Lo que hay que hacer, y es lo que propone la comisión creada por el presidente francés y encabezada por premios Nobel como Stiglitz y Sen, es medir las diferentes dimensiones que afectan al bienestar de los ciudadanos. Evidentemente una de ellas es la actividad económica, pero hay otras como la sanidad, la educación, el mercado de trabajo, las redes sociales... Pero me parece difícil acabar con un único índice de bienestar porque eso significa ponderar cada elemento, y pronunciarse sobre el peso de cada elemento tiene una carga de subjetividad importante y podría desvirtuarlo.

Entonces, ¿no ve posible un indicador de la felicidad o del bienestar de los países?

Hay problemas metodológicos, de comparabilidad entre países. A mí me parece que, en el futuro inmediato, no lo va a haber en la estadística oficial.Es más realista poder efectuar comparaciones en educación, sanidad o redes sociales y no en una cifra mágica. La lectura del informe de los expertos de la comisión de Sarkozy no es tanto elaborar ese indicador como ahondar en la lectura de indicadores que ya tenemos, recabar información sobre calidad de vida, pero no producir en un futuro inmediato un indicador de síntesis. Si la medición del progreso se hace a partir del bienestar tiene sentido centrar nuestra atención, dice el informe, no sólo en el comportamiento medio sino en cómo está distribuida la renta. En el caso de los pollos sería saber si el consumo está muy concentrado.

Se trataría de saber cuántos no comen pollo.

Exacto. En el caso de la renta disponible, de la riqueza, se trata de saber cómo está distribuida entre los hogares. Lo mismo vale para la salud, la educación.

Es decir, analizar dónde están las lagunas del Estado del bienestar y corregirlas.

La utilidad que tiene la estadística oficial es fotografiar una realidad, en este caso el bienestar, y que quienes tienen la responsabilidad tomen las oportunas decisiones. La estadística ayuda a aflorar en qué ámbitos se requiere un mayor esfuerzo. El PIB sigue siendo una magnitud relevante, contribuye al bienestar, pero también importa cómo están distribuidas las cosas. No solamente preocuparnos de los pollos que se comen sino saber si hay unas pocas familias que comen muchos pollos y el resto, cero. Esa es una información relevante para la toma de decisiones.