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Cohete, un misil de pop casero para reírse del día a día

El grupo madrileño debuta tras años de actuaciones con un disco autoproducido

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Con una propuesta que en su Myspace definen con guasa como 'música de sanación mezclada con rap cristiano', Cohete se ha convertido en una de las revelaciones indie de la temporada. En realidad, la descripción se traduce en una banda de pop cuyo su sonido se encuentra a medio camino entre el ska colorido de Madness y las melodías dulzonas de The Beach Boys.

Cohete acaban de publicar su primer disco homónimo, y se han encontrado las dificultades con las que se toparía cualquier grupo del género. De hecho, el cuarteto madrileño lleva ya varios años en formaciones del underground madrileño. 'Si conseguimos pasar del radiocasete al cuatro pistas, ¿por qué no probar en el estudio? Siempre ha sido todo muy casero por necesidad. Podríamos estar implorando a las discográficas, pero preferimos montárnoslo por nuestra cuenta', explica Enrique Godino, guitarra y voz del grupo.

Los problemas para editar un disco y hacer carrera pueden agravarse si, además de la dificultad de encontrar distribuidor, hay que compaginar el trabajo, los ataques de pereza y el desánimo: 'Es el primer intento serio que hacemos, pero aún no ha llegado el momento de dejarlo todo por la música. Yo he cumplido un objetivo, grabar un disco', dice Ramiro, bajista.

Cohete podría parecer un grupo de canciones superficiales y tontorronas, pero esconden una extraña fórmula pop-rock-punk con un aire retro fuera de lo común. Sus canciones no duran más de tres minutos, tiempo suficiente para rellenar veinte estribillos. Como son difíciles de definir, algunos ya le han puesto el sambenito de raritos: 'Se nos queda corta esa definición. Tendríamos que vestirnos de foca para justificar ese término. Nos salimos un poco de lo habitual y nos gusta pensar que somos difícilmente clasificables', dice Urs, guitarra.

Los arreglos de viento visten melodías pomposas y letras surrealistas que se mueven entre la cotidianidad y el humor. 'Nos encanta el color de los vientos, pero es difícil encontrar trompetistas. Muchos son de conservatorio y no quieren tocar en un grupo de pop. A los chavales hay que decirles que dejen las guitarras y vuelvan a los vientos', ironiza Rodrigo, batería.