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Una colección de leyenda

La emoción del de Pinto se quedó a medio camino al escuchar el himno danés en vez del español. El error se subsanó en la entrega al Astana del premio al mejor equipo de la carrera.

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La victoria nunca es muda. Sí su foto en París. Siempre dominada por el amarillo. Con el Arco del Triunfo al fondo, difuminado ante la persona.

Por un día, el monumento siente, tiene nombre y guarda para sí anécdotas. Muchas de la carrera. Otras, del hotel. Y la mayoría, de Pinto. Allí se gestó el segundo Tour de Contador, como se sigue construyendo su leyenda. Sin estridencias ni Twitter de por medio. Con algo de coquetería, eso sí.

Alberto apareció en Mónaco, entre el escaparate de glamour de la salida del Tour, recién pasado por la peluquería. Pelo corto y patillas perfiladas. Llegaba preparado para la foto. Para ser el objetivo de los turistas, de los curiosos y de los aficionados desde su atalaya de los Campos Elíseos. Los que lo han pisado aseguran que es como estar en el cielo. Un remanso de paz después de tres semanas de batalla. El inicio de los excesos. Sin pasta ni pescado ni arroz ni carne a la plancha.

El paraíso de las sonrisas entre los labios y de las carcajadas en el corazón. Una especie de estado nirvánico al que acompaña la banda sonora de la victoria. El himno del país que parió al amarillo. El mismo que emocionó a Bahamontes, Ocaña, Delgado, Indurain, al primer Contador y Sastre. Un himno sin letra pero con un tarareo universal. Ese compás que esperaba escuchar ayer Contador y que nunca oyó Pereiro.

Andy Schleck y un Armstrong con 37años le flanquearonen el podio de París

 

Allí estaba el de Pinto con su peinado inmaculado, su media sonrisa y la gorra con el logotipo de su disparo sobre el pecho, mientras hacía recuento de amigos y enemigos irreconciliables. Allí permanecía Alberto, estoico, protagonista de la “foto histórica” que reclamaba, con Andy Schleck a su derecha y Armstrong, a su izquierda, más abajo, cuando la emoción se quedó a medio camino.

Aquellas notas que le arropaban en el podio tenían otro tarareo. Menos universal que el castellano. Más nórdico. Danés, como Michael Rasmussen, el tipo que metió la pata en el primer Tour del madrileño. Alberto no perdió el gesto hierático con la pifia de la organización, aunque sus ojos no cesaron de buscar una explicación que no halló cuando bajó del podio. “Ha sido un error”, le dijeron. Era evidente, debió pensar Alberto, cuya fatiga, traducida en el sexto Tour más rápido de la historia, a una media de 40,3 km durante 21 días, no merecía más obstáculos. Demasiados ha sorteado en el Astana, entre Armstrong y Bruyneel.

'En 2010, estaré aquí con un equipo que sólo piense en mí', dice el madrileño

El primero quiso maximizar su podio con 37 años. “Vine al Tour para hacerlo lo mejor posible, pero di con rivales que estuvieron más fuertes que yo. No tengo nada que lamentar”. El segundo, en su noveno Tour como director, seguía lamentándose por la ausencia de Kloden entre Alberto y Lance. Su obra, un grupo de maillots desunidos, coparon el podio para festejar el triunfo por equipos. Con Contador, en un extremo, otra imagen de su soledad, y Armstrong, en el centro, otra imagen de su afán de protagonismo.

La entrega del último ramo de flores devolvió la musicalidad que conoce Contador. El chovinismo francés saldaba así su error con el chico de Pinto, mientras otro ciclista español bromeaba al llegar al hotel. “Claro, como este año no ha ganado Nadal, los franceses no tenían preparado el himno”.

Con el chunda-chunda, la victoria dejó de ser muda mientras Armtrong y Contador compartían una de sus últimas –por no decir la última– foto juntos. Después, llegó la cena oficial y obligada con el equipo, antes de iniciar la fiesta con los suyos. Con su hermano Fran, su novia Macarena y Jacinto, más amigo que jefe de prensa, que le han guiado entre las intrigas. Todos ellos volverán el próximo año a París para arroparle. “En el próximo Tour, estaré aquí con un equipo que única y exclusivamente piense en mí”, asegura Alberto. Entonces, su colección (dos Tour, una Vuelta y un Giro) seguirá creciendo.