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Los cómicos ya no andan

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Después de llevar meses escuchando que a pesar de la crisis aumentaba el número de espectadores de teatro, por fin los datos desmienten y muestran que en realidad el número ha descendido considerablemente. Sin embargo, este dato esconde algo que las pequeñas compañías sabemos desde hace dos años: lo más grave es el recorte del número de funciones. Los espectáculos que se montan siguen llenándose, el público demanda artes escénicas, pero las autoridades públicas contratan cada vez menos.

Las compañías tenemos dos maneras de acceder a la exhibición: por los teatros públicos o a través de la contratación por salas privadas a taquilla con reparto de la recaudación a repartir entre un número variable de cobradores, en los que están los gestoras de derecho, distribuidores, exhibidores, publicistas, productores, etc.

Las artes escénicas es un sector fuertemente intervenido por las instituciones públicas. Sin sus ayudas a la producción de giras cada vez más exiguas y sin la contratación para la exhibición de obras en teatros públicos, la inmensa mayoría de las compañías de este país desaparecería. Ahí hemos llegado: además de reducirse las ayudas, las contrataciones han parado. No hay dinero. Dicen que el teatro no es rentable.

¿Por qué sigue contratándose entonces? Porque a los ayuntamientos les interesa seguir asociándose con la cultura, hacerse la foto con el famoso, aprovecharse de su prestigio. A todos se les llena la boca con lo del apoyo a la cultura y lo cierto es que los presupuestos cada vez son menores y están peor repartidos. ¿Qué se contrata? Lo que es rentable desde el punto de vista propagandístico. Así que llenan los teatros de caras conocidas, lo de menos es la calidad.

¿Qué compañías pueden llegar al famoso que llena teatros y que es el requisito para que te contrate cualquier ayuntamiento? Sólo las que tienen mucho dinero, con acceso a grandes campañas de publicidad, créditos y que aseguran giras mundiales con paradas en todos los festivales.

Las pequeñas compañías sólo acceden a circuitos minoritarios, programaciones modestas y poblaciones pequeñas. Estas compañías que viven del repertorio, de vender espectáculos de todos los formatos y para todos los públicos, se encuentran hoy con que no hay dinero para ellos.

Las entidades públicas dicen que no contratan porque no tienen dinero. De manera que piden a las compañías que bajen sus cachés y siempre encuentras a alguien con el caché más bajo, que aceptemos actuar en casi cualquier circunstancia y que no exijamos cobrar demasiado pronto. Tardan años en pagar. Y este es el mayor problema, porque deja a las empresas descapitalizadas, sin liquidez, ni acceso a préstamos.