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La comilona revolucionaria de Carlos Reygadas

El cineasta participa en una película colectiva sobre la revolución mexicana

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La revolución es el rostro de un guerrillero bigotudo con un cinturón de balas. Está claro. Pero también las caras de un grupo de personas participando en una comilona campestre. O al menos eso es lo que piensa Carlos Reygadas, autor de Luz silenciosa (2007), ganadora del premio del jurado en Cannes.

El nuevo trabajo del director mejicano, que esta tarde dictará una conferencia en la Casa de América, se llama Este es mi reino, y es uno de los cortos que forman parte del filme colectivo Revolución te amo, producido por Gael García Bernal y Diego Luna. La película que se estrenará el año que viene, coincidiendo con el centenario de la revolución mejicana está formada por diez cortos de diez directores del país.

'Me pareció un proyecto complicado. Me di cuenta de que era absurdo tratar de hacer una exposición retórica sobre la revolución en diez minutos. Decidí que era más interesante tratar de reflejar su espíritu', aclara. Dicho y hecho. La revolución de Reygadas iba a tener mil caras anónimas comiendo plácidamente. 'Decidí filmar la comida de un montón de gente en medio del campo. Y ver lo que pasaba. En México, cualquier dinámica social, desde subirse a un taxi hasta ir a una boda, lleva la revolución dentro. La revolución puede ser: pillarse una borrachera un día y matar a alguien al día siguiente. Es parte de la idiosincrasia de los mejicanos', cuenta el director.

'El cine no es ni teatro ni literatura, es un lenguaje propio'

El caso es evitar los caminos trillados, algo que casa con el resto de la filmografía del autor de Batalla en el cielo (2005). 'El cine no es ni teatro ni literatura, es un lenguaje propio', afirma, 'pero en muchas ocasiones no lo parece: la mayoría de las películas son en realidad literatura ilustrada por medios teatrales'.

Y es que Reygadas se ha convertido en uno de los principales detractores del cine narrativo. 'Las historias deben ser un medio no un fin. Todos los cuadros de Rubens que hay en El Prado tienen una detrás, vale. Pero otros pintores pintaron las mismas historias y no tienen sitio en El Prado. La diferencia está en el estilo. En el cine pasa lo mismo: es peligroso situar la trama por encima de todo lo demás porque entonces deja de importar la forma en que se filma. Entonces los planos se parecen, se rueda siguiendo un manual y las películas pierden su potencia como arte', zanja.