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La Compañía Nacional de Teatro Clásico propone un Cid políticamente incorrecto

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La Compañía Nacional de Teatro Clásico propone un reencuentro con la figura literaria de Rodrigo Díaz de Vivar en "Romances del Cid", un espectáculo que muestra todas sus facetas y huye de tópicos y sesgos, porque no hay un personaje "más alejado de la corrección política".

Así lo han explicado el director de la compañía y del montaje, Eduardo Vasco, y el autor de la versión a partir de los romances, Ignacio García May, en la presentación del espectáculo en Madrid, que se instala en el Teatro Pavón del 1 al 23 de marzo (el estreno oficial es el día 5).

Tres músicos y tres actores, acompañados de un ave rapaz en escena, forman el elenco de este montaje de formato medio -como el "Viaje del Parnaso"-, que ha recorrido ya gran parte de la geografía española tras su estreno en Zamora hace un año aproximadamente.

Eduardo Vasco e Ignacio García May crearon el espectáculo sin la presencia del Cid, al que se somete a un juicio imaginario a través de múltiples avatares y personajes, que van mostrando el Cid contra el Islam, el Cid en Roma ante el Papa, el Cid y el amor, el Cid y la guerra..., es decir, todas las facetas de un caballero medieval al que no se imponen etiquetas.

"Ignoramos quién fue el Cid histórico y al mencionarlo surgen innumerables tópicos", afirma el dramaturgo autor de la versión, quien adelanta que al profundizar en su estudio aparecen facetas inesperadas de este personaje, que sólo fue fiel a su ideal de caballero y guerrero.

En este sentido, Eduardo Vasco añade: "no hay nada más alejado de un conservadurismo pétreo ni nada más alejado de la corrección política" que este personaje, capaz de "coger al Papa por la pechera" y de enfrentarse a todo lo que se pusiera delante de su ideal de guerrero medieval. "No nos lo hemos inventado, está en los romances", señalan.

Ambos se sirvieron fundamentalmente de los romances -el poema es muy complejo- buscando en estos "hermosos" textos la esencia y el origen de nuestros clásicos y recuperando el mundo del juglar, tan presente en la memoria colectiva y a la vez, moderno.

Los romances fueron escritos en el siglo XVI, pero recogen la tradición oral del medievo, con historias asequibles, que en la obra se han conservado en el castellano original, aún en formación, muy luminoso y sonoro.

Esto marcó profundamente la limpia puesta en escena, a medio camino entre un castillo y una iglesia, "con fuerza mística", y en la que se retoma la tradición del juglar contador de historias, desnudo ante el espectador. Por ello, Vasco se ha servido de los tocados medievales para ubicar a los personajes.