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A comprar, a comprar, que el mundo se va a acabar

Disney adapta 'Loca por las compras', serie de best-sellers de Sophie Kinsella sobre una adicta al consumo

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En 1999 la novelista Madeleine Wickham (Londres, 1969) decidió pasarse a la literatura femenina bajo el seudónimo de Sophie Kinsella. Ahora, su serie Loca por las compras (Salamandra) protagonizada por la periodista económica Rebecca Bloomwood, adicta a la moda y permanentemente arruinada se ha traducido a más de 30 idiomas y estrena el viernes su versión cinematográfica, Confesiones de una compradora compulsiva (P.J. Hogan, 2009).

Malos tiempos para defender el dispendio disparatado. La escritora esgrime que pese a tratarse de una comedia escapista, subyace un mensaje muy serio: 'Un póster de una chica cargada de bolsas puede transmitir una imagen de frivolidad, pero la pulsión de Rebecca acarrea duras consecuencias. Mis novelas reflejan la hipocresía de los bancos que facilitan la demora de los pagos. Rebecca recibe cartas de instituciones que le ofrecen más tarjetas de crédito, mientras, en paralelo, la recriminan por no saldar sus deudas'.

El filme indaga con sorna en una nueva enfermedad contra la que ya se lucha en terapias anónimas. Ha nacido un nuevo palabro: shopaholico. 'La terapia de grupo no estaba en el libro, pero es apropiada: transmite los riesgos de comprar a crédito. La enseñanza se puede extrapolar al cataclismo económico actual: puedes tomar medidas para enmendar tu actitud irreflexiva y dejar las deudas atrás', dice.

Deudas millonarias

El productor del filme, Jerry Bruckheimer, artífice de taquillazos como Piratas del Caribe, ha calificado a la autora de visionaria por escribir frases como la dicha en el filme por el padre de Rebecca: 'Si la economía americana está endeudada en billones de dólares, también lo puedes estar tú'. 'Sólo porque la deuda sea ahora extrema y estemos hablando de trillones, no quiere decir que el débito no fuera real entonces', cuenta la escritora.

Aunque Kinsella es considerada una de las enseñas del género chick lit novela romántica para jóvenes lectoras junto a Helen Fielding (El diario de Bridget Jones) y Marian Keyes (Por los pelos), no le gusta el tono despectivo de la etiqueta: 'Lo entiendo como ficción sofisticada, inteligente y contemporánea. No obstante, prefiero clasificar mi trabajo como wit lit, literatura de humor', explica antes de ponerse filosófica, para acabar: 'Comprar es algo emocional, no depende del presupuesto. Todos podemos derrochar y sentir remordimiento después, sea adquiriendo gangas o alta costura. Pero el deseo, la urgencia, el vacío y la culpa son universales', zanja. 

Carlos Prieto

El estreno de Confesiones de una compradora compulsiva ha provocado una jugosa polémica cultural. ¿Quién quiere ver a una descerebrada quemando tarjetas de crédito como una loca cuando el banco te acaba de devolver la tuya partida por la mitad?, se preguntan unos. Y se rasgan las vestiduras ante esta, dicen, apología insensata del consumismo.

Por contra, otros creen que el filme critica la adicción a las compras: tras gastarse lo que no está en los escritos, Rebecca Bloomwood, endeudada y enrolada en Compradores Anónimos, acaba arrepentidísima. Y, además, se preguntan: ¿con qué cara nos escandalizamos ahora tras habernos tragado pelis parecidas sin rechistar?

¿Quién tiene razón? Todos: escandalizarse no vale, pero ser gilipollas tampoco. Una cosa es entregarnos a una sesión escapista de cine y otra creer que Rebecca es una diva anticonsumista. A no ser claro que uno considere un ataque furibundo a la sociedad de consumo performances como la montada para promocionar el filme: una carrera de mujeres con tacones cuya ganadora recibió 1.000 euros para 'comprar compulsivamente'.

Con todo, bien pensado, Rebecca sí sería una heroína de nuestros tiempos. El ministro Miguel Sebastián ha pedido que consumamos productos españoles para frenar el paro y salvar la economía. Propuesta: ¿por qué no ficha Sebastián a Rebecca para que protagonice el remake Confesiones de una compradora española compulsiva? Toca tirar del carro capitalista. Hoy, más que nunca, ¡todos somos Rebecca Bloomwood! Es por nuestro bien. Consumismo o muerte. Venceremos.