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Conan: el mito busca sus orígenes

Los creadores del nuevo filme del guerrero, que se estrena el viernes, se distancian de Schwarzenegger y reivindican al autor original del personaje, el escritor Robert E. Howard

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Atención, pregunta: ¿Qué es lo mejor de la vida? Respuesta: 'Aplastar enemigos, verlos destrozados y escuchar el lamento de sus mujeres'. Ahí queda eso. Así respondió a la pregunta el Conan de Arnold Schwarzenegger en 1982. Era el minuto veintitantos de la película y hasta entonces sólo habíamos visto a Conan dar gruñidos. El próximo viernes se estrena Conan el Bárbaro, dirigida por Marcus Nispel. Entonces podremos comprobar si Conan sigue tan embrutecido como siempre o ha aplacado sus ganas de patear cabezas y provocar dolor en las mujeres de sus enemigos. 'Vivo. Amo. Mato... Y me doy por satisfecho'. Esta es una de las joyas del nuevo Conan. Un guerrero nacido en el campo de batalla. El rey de la fuerza bruta. Masculinidad ultrahormonada y tortazos.

Quizás porque la sombra de Conan el Bárbaro (John Milius, 1982) es alargada, los creadores del nuevo Conan se han desmarcado de ella subrayando que su película trata de devolver el mito a su origen. El Conan del siglo XXI, dicen, bebe más de Robert E. Howard, autor de los relatos originales del guerrero, que de John Milius y Arnold Schwarzenegger, cuya cinta fue criticada en su momento por los fans más ortodoxos de Howard por haberse apartado excesivamente de las fuentes primigenias. En los relatos originales, denunciaban, Conan ejercía oficios tan variopintos como ladrón, mercenario, pirata y asesino, pero nunca fue ni esclavo ni gladiador, ocupaciones de un asalvajado Schwarzenegger en el arranque de la película. El filme de Milius, conocido por sus tendencias militaristas y muy poco dado a lo políticamente correcto, fue criticado por convertir a Conan en una máquina de matar sin rastros de la ética que supuestamente le había otorgado su padre, Robert E. Howard.

Howard creó a Conan durante unas vacaciones en el legendario río Bravo en febrero de 1932

Con todo, dejando a un lado el detalle -importante, por otra parte- de que el motor de ambos filmes es similar (el pequeño Conan ve morir a su padre a manos de unos indeseables y no parará hasta vengarse, ayudado por un buscavidas y una bella joven) el nuevo Conan vuelve a poner en órbita la obra de Howard. 'Vamos a volver al Conan mitológico, tal y como se describe en las historias de Robert E. Howard', ha contado el director Marcus Nispel.

Al escritor estadounidense Robert E. Howard se le iluminó la bombilla durante unas vacaciones en el legendario río Bravo en febrero de 1932. Tras escribir el poema Cimmeria, que incluía extractos de las Vidas paralelas de Plutarco, ideó el personaje de Conan de Cimmeria, un guerrero de la antigüedad remota, cuando las espadas y la brujería eran tendencia. Poco después escribió el primer relato protagonizado por Conan (The Phoenix on the Sword), que publicó la revista pulp Weird Tales.

El director Marcus Nispel asegura que querían recuperar 'al Conan mitológico'

A los lectores les gustó tanto que su editor le pidió que escribiera un ensayo donde recreara la época de Conan, la Era Hiboria, un tiempo fantástico situado en algún momento entre el hundimiento de la Atlántida y la aparición de las primeras civilizaciones.

Howard se suicidó en 1936. Dejó escritos 20 relatos y una novela (La hora del dragón) protagonizados por Conan, que no volvieron a publicarse en Estados Unidos hasta 1977. La serie de cómics se lanzó en 1970. El guionista Roy Thomas y el dibujante Barry Windsor-Smith fueron los primeros en encerrar a Conan entre viñetas. Luego vinieron las películas de Hollywood Conan el Bárbaro y Conan el Destructor (Richard Fleischer, 1984). El mismo Fleischer llevó al cine al año siguiente a la versión femenina de Conan: Red Sonja.

Tras el estreno en 1982 del filme de Milius, que reescribió la primera versión del guión (obra de Oliver Stone), los relatos de Howard se reeditaron varias veces. Su personaje, convertido en un icono pop en videojuegos (siete) y series de televisión (tres), ya había sufrido varias mutaciones, como las provocadas por el dibujante de cómics y pintor Frank Frazetta, la segunda gran referencia del nuevo Conan, según su protagonista, Jason Momoa: 'Nuestro objetivo ha sido captar al héroe representado en las imágenes de Frazetta. Esa era nuestra meta', dice sobre unos dibujos que sacaron a la luz la sensualidad de la bestia.

'Nuestro objetivo ha sido captar al héroe de las imágenes de Frazetta', dice Momoa

No ha sido fácil llevar de nuevo a Conan al cine. El filme ha tenido cuatro guionistas y hasta un cambio de director: de Brett Ratner a Nispel. Se rodó en Bulgaria, en lugares como la cueva de Prohodna y el bosque prehistórico de Pobiti. Ni rastro de Almería, Segovia y la Ciudad Encantada, donde se rodó el Conan de Arnold Schwarzenegger, con la fugaz aparición de Jorge Sanz como el niño Conan.

Entre los muchos enemigos del Conan de Robert E. Howard estaba el guerrero y hechicero Khalar Zym, malvado oficial de la nueva aventura. A Zym le ayuda ahora su hija Marique, una diva gótico-punk tan obsesionada con emular a su madre bruja asesinada que no parece entender del todo la diferencia entre querer mucho a tu padre y ser su amante. Así se las gastaban en el mundo antiguo. La duda es si el nuevo Conan, al apartarse de la bestialidad de Milius para abrazar la mitología de Howard, estará a la altura de unos tiempos en los que la única ley era la del acero, la violencia y la barbarie.

Salvaje Oeste
Cuenta la leyenda que Robert E. Howard se inspiró en la asilvestrada mentalidad del ciudadano medio del oeste estadounidense para crear el personaje de Conan. O cómo hacer justicia al margen de una ley que no era más que una herramienta útil para los abusos de poder. Crecido en un ambiente de violencia y destrucción, Conan se guía por un código moral básico y primitivo, en efecto, pero suficiente para destacar entre la barbarie que le rodea. Así, el Conan de 2011 no se dedica únicamente a golpear primero y preguntar después, sino que tiene una brújula ética. En una de las escenas libera a un grupo de esclavos porque 'nadie merece vivir' entre grilletes. Una moral, claro, dentro de un límite: 'Creo que el atractivo de Conan es que no se doblega ante nadie', plantea Marcus Nispel. 'No es políticamente correcto. No se rige por los principios morales de nadie más. Es un bárbaro que no depende de nadie más que de sí mismo'.

Código ético
Del Conan de Howard se ha dicho que 'es un bárbaro, pero no un salvaje', en alusión a su lucha contra la corrupción de señores de la guerra y hechiceros, a los que desprecia por recurrir a ayudas sobrenaturales en lugar de luchar de hombre a hombre (es decir, a porrazos). Es un individualista que se salta la ley cuando le interesa y lucha por lo que considera que es justo sin preocuparse por las consecuencias. Howard, que se mostró crítico con el ascenso de los fascismos en los años treinta, se cuidó mucho de no convertir a su bestia en una simple máquina de asesinar.

Justiciero
Los fans de Howard criticaron que Milius obviara este aspecto para centrarse en la violencia. Lo que hizo el director, que abría el filme con una cinta de Nietzsche, fue transformar a Conan en el superhombre nietzscheano. Milius no se andaba con chiquitas. Como guionista, había escrito algunas de las frases más célebres de los años setenta: 'Me encanta el olor a napalm por la mañana. Huele a victoria' (‘Apocalypse Now') y 'Este es un Magnum 44, el revólver más potente del mundo. Capaz de volarte la cabeza' (‘Harry el Fuerte'). Dirigir a una bestia en una época previa a las restricciones civilizadoras fue una liberación para él. Harry el Sucio con espada.