Publicado: 02.02.2014 08:41 |Actualizado: 02.02.2014 08:41

Condenados por el amianto

Durante los próximos años, miles de trabajadores morirán por culpa del polvo cancerígeno que emplearon las industrias españolas. En Euskadi, una de las zonas más afectadas, reclaman la creación de un fondo

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Jesús Uzkudun, ex mecánico de una de las principales acerías del País Vasco, jamás olvidará aquella horrible pesadilla: hace algún tiempo soñó que padecía un mesotelioma, el cáncer que persigue a los trabajadores que, al igual que él, estuvieron en contacto con el amianto. "Sólo recuerdo que tomaba una decisión muy dramática", asegura. Entonces se despertó, respiró hondo y pensó en los compañeros que ya habían muerto por culpa de ese peligrosísimo, y muy económico, aislante, utilizado durante décadas en numerosas industrias de todo el Estado.

El nombre de este veterano militante de CCOO (hasta hace algunos meses estuvo a cargo del área de Salud Laboral de ese sindicato en Euskadi) también figura en los registros del Plan de Vigilancia Posocupacional que coordina Osalan, el Instituto Vasco de Seguridad y Salud Laborales. Cada año, Uzkudun y otros seis mil antiguos operarios se someten a diferentes pruebas médicas para determinar si el amianto ya ha empezado a pasar factura o si aún están sanos. De momento, Jesús tiene la suerte de estar entre los últimos. Sólo de momento.

De acuerdo a un reciente informe divulgado por la Universidad de Granada, el goteo de muertos por el amianto continuará hasta 2040. Está comprobado que las consecuencias del contacto habitual con ese polvo cancerígeno tardan varios años en manifestarse, por lo que cada vez son más los trabajadores que viven esta horrible pesadilla. "Algunos expertos estiman en 500.000 las muertes que se producirán en Europa en los próximos 30 años, de las cuales, entre 40.000 y 55.000 le corresponderían al Estado español. En el ámbito de Euskal Herria existen distintas estimaciones, y algunas de ellas afirman que fallecerán entre 6.000 y 10.000 ex trabajadores y ex trabajadoras en los próximos 20 años", advierte un informe del sindicato LAB.

Por su parte, la Asociación de Víctimas del Amianto de Euskadi (Asviamie) calcula que 174 empresas del País Vasco emplearon el amianto en sus tareas de producción. Ese preocupante listado está compuesto por fábricas dedicadas a la industria naval, la construcción de ferrocarriles o la siderurgia, entre otras. No en vano, Euskadi es uno de los lugares del Estado donde más se utilizó, lo que coloca a los trabajadores vascos en el centro de la diana: se estima que durante los últimos 30 años, 25.000 obreros estuvieron en contacto con esa sustancia. De ellos, "uno de cada tres morirá prematuramente", advierte esta asociación.

Sólo en 2013 hubo 14 muertos, mientras que en lo que va de 2014 ya ha fallecido un trabajador jubilado de una fundición de Elorrio (Bizkaia). Las autoridades habían reconocido que su enfermedad se debía a causas laborales, pero el afectado aún mantenía algunas demandas por daños y perjuicios contra sus antiguos jefes. Al igual que en otras tantas historias, la resolución de la justicia llegará demasiado tarde.

El caso de Urbano Fernández Robledo, un ex trabajador de la fundición Aurrera de Sestao, es otro ejemplo de la desidia institucional. Luego de que la diagnosticaran cáncer de pleura, este hombre intentó que la Seguridad Social le reconociese una incapacidad permanente absoluta por su enfermedad profesional. Murió hace algo más de dos meses, sin conocer la respuesta de la administración. Precisamente por ello, Asviamie reclama la creación de un fondo de compensación que garantice la cobertura a todas las víctimas de esta tragedia. Hasta ahora, tanto el gobierno vasco como el ejecutivo central han sido incapaces de dar respuesta a este pedido.

Un grupo de trabajadores recoge diversos escombros de un edificio con amianto.

"Las personas enfermas tienen que pelear contra gigantes. Aquí no hubo ningún registro ni control por parte de la administración sobre cuáles fueron las empresas que utilizaron el amianto, por lo que son las propias víctimas quienes tienen que demostrar que estuvieron expuestas a ese peligro", afirma Uzkudun, quien ahora ejerce de portavoz de Asviamie. Actualmente, esta asociación lleva adelante el caso de una mujer de 40 años que trabajó como administrativa en una pequeña fundición. "Tiene un mesotelioma por todo el polvo que tuvo que respirar en su trabajo, donde además ya hubo enfermos por amianto, pero le dicen que se habrá contaminado fuera", relata. A su criterio, este caso no es más que una nueva demostración de los denodados intentos de las instituciones de "lavarse las manos y echar balones fuera". "Osalan nos ha llegado a decir que los tubos de escape también echan amianto y que estamos todos contaminados -señala-. Eso es, como mínimo, una frivolidad".

Del mismo modo, las empresas involucradas también intentan negar sus responsabilidades, algo de sobra conocido en los juzgados vascos que acogen este tipo de demandas. Según Uzkudun, "en la mayoría de los casos niegan que en sus instalaciones hubiese amianto y rechazan cualquier responsabilidad, e incluso han argumentado que los casos de cáncer entre los trabajadores se deben a que fumaban". No obstante, varias compañías ya han sido obligadas por la justicia a indemnizar a las víctimas. "De hecho -comenta el portavoz de Asviamie- cada vez hay más empresas que presionan a la administración para que se formalice un fondo de compensación".

Mientras muchas víctimas luchan en los tribunales para tratar de conseguir esos reconocimientos, otras ni siquiera saben que están enfermas por culpa del amianto. "A día de hoy sigue faltando información entre los trabajadores jubilados, y eso nos preocupa enormemente", dice Alfonso Ríos, actual responsable de Salud Laboral en CCOO. Por tales motivos, este sindicato mantiene activa una campaña de información "dirigida a todas y todos aquellos que sospechen que su enfermedad puede estar derivada del contacto con ese aislante, ya que aún tienen motivos para luchar". En pocos años, muchos de ellos morirán.