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Condenan a seis meses a los monitores del "scout" español muerto en Portugal

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La Justicia portuguesa condenó hoy a seis meses de prisión a cinco monitores españoles del grupo de "scouts" madrileños Luján 102, por la muerte de un niño también español de 13 años, que falleció en 2005 a causa de un golpe de calor durante un campamento de verano en la costa lusa.

El tribunal del municipio luso de Sesimbra, donde sucedieron los hechos, consideró probado que los acusados actuaron con negligencia no agravada en la muerte del niño Diego Amador y dictó que la pena quede en suspenso, lo que evitará que vayan a la cárcel salvo que fueran sentenciados por otros delitos.

Fuentes del proceso, cuya sentencia en primera instancia es apelable, dijeron a Efe que la indemnización de un millón de euros, reclamada también por los padres del niño, se dirimirá en los tribunales civiles a partir de septiembre, y puede verse favorecida por los hechos probados en la causa penal.

El juicio por el fallecimiento de Diego Amador, que murió a consecuencia de un golpe de calor tras realizar una marcha con sus monitores durante un campamento de "scouts", concluyó hace dos semanas tras más de dos meses de audiencias.

El niño, junto con otros menores y los monitores, participó durante un caluroso día de verano en una marcha de unos treinta kilómetros por una zona de sierra entre las playas lusas de Foz y Ribera de Cavalo, en las proximidades de Sesimbra, a unos 40 kilómetros al sur de Lisboa.

Según el resultado de varias autopsias, la primera de las cuales no fue concluyente, la muerte se debió "al desarrollo de un cuadro de agotamiento físico asociado a la exposición al calor".

El tribunal valoró las pruebas y testimonios de monitores, peritos y otros chicos del campamento presentados a lo largo de varias semanas en el juzgado de Sesimbra.

Tras la denuncia de los padres, la Justicia portuguesa abrió, casi seis años después, un procedimiento oral contra los cinco monitores del grupo de "scouts" madrileños Luján 102, entre ellos su director, a los que acusaba de homicidio imprudente.

Los abogados de los progenitores del menor argumentaron que la marcha no se planificó adecuadamente, por la falta de agua y las elevadas temperaturas, y que el grupo llegó a estar perdido por la sierra durante la excursión, aunque los monitores lo negaron.

A su vez la defensa de los acusados, que enfrentaban penas de hasta cinco años de prisión, sostuvo en el juicio que Diego Amador podía padecer problemas congénitos que influyeron en su muerte.