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El Congreso de EEUU señala a los culpables de la crisis

Desde el expresidente de la Fed, Alan Greenspan, a los 'lobbies' financieros

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Todos son culpables. Algunos más que otros, pero todos, banqueros, legisladores, responsables financieros, lobbistas, políticos, hicieron la vista gorda ante las crecientes disparidades del sistema financiero, esperando que las cosas se resolverían por sí solas. Hasta que el invento quebró. Las conclusiones de la Comisión de investigación sobre la crisis financiera del Congreso, que dio a conocer su informe hace algo más de una semana, no son especialmente novedosas, pero recuerdan que la crisis hubiera podido evitarse.

El informe, que se puede leer gratis en internet (http://fcic.gov/report), está siendo, en su versión editorial, un éxito en librerías con 25.000 ejemplares vendidos en una semana, prueba de que muchos estadounidenses siguen preguntándose como se pudo llegar al abismo sin que nadie hiciera nada.

El informe es un éxito editorial con 25.000 ejemplares vendidos en 7 días

Los responsables de la Reserva Federal (la Fed) no cumplieron su papel. Ni Alan Greenspan, al que se acusa de haber liberalizado en exceso los mercados y permitido la explosión de los productos derivados fuera del alcance de la ley, ni su sucesor y actual presidente, Ben Bernanke. 'Tenían mucho poder en muchas áreas, pero eligieron no usarlo', dice el informe. Sobre todo en lo que se refiere a Lehman Brothers. Sabían que el banco de inversiones 'había tomado muchos riesgos en el mercado hipotecario y había excedido los límites' y lo consignaron en sus informes mensuales, pero no actuaron.

Los responsables de los bancos contribuyeron activamente a sus propios problemas. En sus declaraciones a la Comisión, los ejecutivos de Citigroup reconocieron que prestaron poca atención a los riegos de sus hipotecas. Los de la aseguradora AIG no quisieron ver el descubierto de 79.000 millones de dólares por garantizar préstamos subprime.

El informe calcula que por cada 40 dólares invertidos los cinco primeros bancos del país sólo tenían un dólar en reservas de capital, por lo que una pérdida de tan sólo el 3% del valor de su patrimonio hubiera supuesto la bancarrota. 'Cuando el mercado hipotecario empezó a resquebrajarse, la falta de transparencia, el increíble peso de la deuda y el riegos de las inversiones' acabaron en 'pánico'. Algunos bancos, como Goldman Sachs, se dieron cuenta del riesgo y, aunque en 2006 decidió vender gran parte de sus activos basados en subprime, siguió vendiéndolos a sus clientes.

Los responsables de los bancos contribuyeron a sus propios problemas

Y no fue todo. 'Cuando Stanley O'Neal (el jefe de Merrill Lynch) dimitió de su puesto, se fue con una compensación de 161 millones de dólares, además de los 91 millones que ya había ganado el año anterior, en 2006'.

Los lobbistas financieros hicieron lo posible por evitar toda legislación contraria a sus intereses. Influyeron en los congresistas, que a su vez presionaron a las agencias reguladoras y 'acosaron' a la SEC, declaró otro de sus responsables, Arthur Levitt, para evitar que interviniera en la vida de Wall Street. 'Su objetivo era dejar a la agencia en ridículo', dijo Levitt. Entre 1999 y 2008 la industria financiera se gastó 2.700 millones de dólares en los congresistas y dio unos mil millones a sus campañas electorales.

Los lobbies' hicieron lo posible por evitar una legislación contra sus intereses

El informe también echa por tierra algunas teorías sobre las causas de la crisis. Estima que ni el abaratamiento de los intereses de las hipotecas después de 2001 ni la política de acceso a la vivienda para los desfavorecidos de los gigantes semiestatales Freddie Mac and Fanny Mae (que llegaron a acumular la mitad de las hipotecas) contribuyeron a crear la crisis.

Y no es una cuestión de partidos. La Comisión arremete contra la decisión del Gobierno de Bill Clinton de favorecer la creación de derivados y mantenerlos fuera del sistema; 'fue un momento clave en el camino hacia la crisis financiera'.

'La crisis fue el resultado de las acciones y las omisiones de las personas, no la consecuencia de la madre naturaleza o de un problema informático', afirma el informe. En conclusión, la Comisión insiste en la necesidad de aprender del pasado. 'La tragedia más grande sería la de aceptar la idea de que nadie hubiera podido predecir lo ocurrido y que no se hubiera podido hacer nada, si aceptamos esta noción, volverá a ocurrir'.