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Un contador de Tour

La superioridad de Alberto, que finiquita su segundo triunfo en el Ventoux, alienta el debate sobre cuántas rondas ganará

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La gloria hace hueco. Le obliga la ciencia del ciclismo: el Tour. Ellos, las leyendas de esta carrera, se aprietan para dejarle espacio a Contador. El de Pinto lo reclamó el sábado con un puñetazo al aire en la cima del Mont Ventoux, allí donde la falta de oxígeno asesina cada respiración.

Fue un gesto que se rebeló a la iconografía de su disparo. Incluso que va contra su forma de ser. “Me cuesta sacar el carácter”, aseguraba antes del Tour. Aquel Contador era ya un grande. Un campeón. Uno de los pocos ciclistas de la historia que ha conseguido ganar la trilogía. A Indurain le faltó la Vuelta. A Perico, el Giro. Y, sin embargo, la memoria los recuerda con respeto. Se les venera porque el Tour los sigue honrando. Como a Bahamontes, como a Luis Ocaña allá donde esté. Nada que ver con el triunfo clandestino de Pereiro o el ninguneo de la organización a Sastre, que le privó de lucir el amarillo en el prólogo de Mónaco.

Ellos suman un Tour, como hasta ayer Contador. Sin embargo, aquel amarillo que heredó por la espantada obligada de Rasmussen, antes de confirmarse el tufo de su rendimiento en 2007, fue sólo el inicio de su obra.

'Puede ganar cinco o seis, depende de Andy Schleck', vaticina Merckx

Con el segundo maillot, que hoy paseará orgulloso por París, ha surgido el fenómeno que se somete a estudio. Aquel que se compara con toda la experiencia previa del Tour. Aparece un Contador nuevo, que ha aprendido a exhibir su carácter ante tres semanas de intrigas, rebeliones y desprecios continuos en el Astana. Nunca se le olvidará este Tour a Alberto. Porque ha sido más psíquico que físico, por mucho que Bruyneel, el director parcial, siguiera ayer convirtiendo la guerra civil entre el 21 y el 22 en una mera confrontación deportiva de egos. “Cuando dos compañeros quieren ganar, es normal que haya tensión, pero lo hemos controlado bien desde dentro”, prometía.

“Pero eso es ya todo historia...”, explicaban ayer desde el entorno de Alberto. Una historia que cerró ayer, pero que le queda muy dentro, con las lágrimas compartidas con su novia Macarena, antes de ser investido con el amarillo en Monte Pelado. El símbolo del ciclismo del futuro. El ciclista total del que los grandes ya hablan como si fuera uno de ellos. “¿Cuántos Tours ganará? Eso depende de muchos factores. Para empezar, de cómo progresen sus rivales, sobre todo Andy Schleck, que parece el que más se le acerca. Pero yo diría que puede ganar cinco o incluso seis”, vaticina Eddy Merckx, el belga que se hizo con las victorias en 1969, 1970, 1971, 1972 y 1974.

Contador no piensa en sus límites; 'los récords no me preocupan', dice

“Se parece a mí”, insiste en declaraciones a Efe. “Es fuerte en montaña, en la lucha contrarreloj y tiene ambición. No se conforma sólo con ganar el Tour”. Una tesis que comparte el hombre que dirigió a Delgado en 1998 y moldeó, junto a Echávarri, al Extraterrestre de Villaba. “Alberto es tan competitivo que puede ganar carreras a las que vaya para prepararse. Ha dedicado estos años que no necesita dedicarse con exclusividad al Tour, puede ganar otras carreras que le den más tranquilidad que si se lo juega todo a una carta”, sentencia Eusebio Unzué.

El director del Caisse D’Epargne, uno de los posibles destinos del madrileño, no se atreve a poner una cifra de éxitos. “Nunca se sabe cuántas veces puede ganar, porque aunque esté muy fuerte, puede aparecer otro Contador más fuerte que él”, sostiene.

Armstrong, que ayer confirmó el tercer puesto en el Ventoux, se niega a aceptar la evidencia. “El año que viene volveré, mejor preparado, y veremos. Asegurar la tercera plaza está bien contra estos chavales. No me puedo quejar siendo un vejete”, insiste. El rol al que aspira, el del villano en la historia de Contador, se asocia a Andy Schleck. El infiltrado del Saxo Bank en esa hegemonía que pretendía Bruyneel en el podio de París. El luxemburgués que ve su futuro en el Tour con perspectiva. “El año que viene, será difícil ganarlo porque volverá a estar Contador”, explica. El menor de la saga se ampara en su juventud, sinónimo de mejora, para no convertirse en el coetáneo de la leyenda. Otro más al que unir a la lista de los Bugno, Chiapucci, Pantani o Ullrich.

Sin embargo, las palabras del oráculo no se apiadan con Andy Schleck. “Contador va a marcar una época”, afirma Hinault, cinco veces ganador en París. “Es el tipo de ciclista que gusta al público y, además, es completo, no tiene lagunas. Si no le pasa nada, ha comenzado a escribir una leyenda”, asegura el bretón. Contador ganó su primer Tour con 24 años, la misma edad que tenían Hinault y Merckx cuando sonrieron de éxtasis, por primera vez, en los Campos Elíseos. El segundo llega con 26 años, todavía lejos de su madurez física. “El futuro es suyo”, pronostica Perico Delgado. “No se puede decir cuántas veces va a ganar porque eso depende de muchos factores, pero tiene algunos Tours en sus piernas”, defiende el segoviano.

Alberto no piensa en sus límites. “Los récords no me preocupan”, dijo. Sabe que los Tours caerán. Y él seguirá contándolos.