Publicado: 14.05.2015 16:40 |Actualizado: 15.05.2015 08:00

Contaminación lumínica, el lado oscuro de la luz

Las grandes ciudades españolas son las más iluminadas, pero ser los primeros tiene un precio: repercusiones en la balanza económica, la salud y el medio ambiente.

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Europa de noche vista desde el espacio. ESA

Europa de noche vista desde el espacio. ESA

MADRID. -Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), España contaba en 2010 con un total de 4.800.000 puntos de alumbrado exterior, lo que en la práctica convierte a las grandes ciudades de nuestro país en las más iluminadas de Europa en función de su número de habitantes, según demostró una investigación encabezada por Alejandro Sánchez de Miguel, astrofísico de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Un dato que se traduce en un importante coste económico para los ayuntamientos, considerables efectos para la salud y un notable impacto en el medio ambiente.

Según el presidente del Comité Español de Iluminación, Fernando Ibáñez Abaigar, los Ayuntamientos españoles son propietarios del 95% de las instalaciones de alumbrado exterior. Unos municipios que consumen la friolera de 3.630 GWh/año para el conjunto del país, cuando Alemania, con más población que España, consume la mitad de energía

El gasto para sufragar este consumo se ha doblado en sólo cinco años, pasando de 450 millones de euros en 2007 a 830 millones en 2012. Si añadiésemos la iluminación exterior privada (ornamental, comercial y vial), que puede suponer entre el 20% y el 60% del alumbrado exterior, el gasto rondaría los 1.000 millones anuales en el mejor de los casos, señalan los investigadores de un estudio realizado en el Departamento de Astrofísica y Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Complutense (UCM). Un gasto desorbitado al que también contribuyen el aumento de las tarifas eléctricas y de la potencia de los municipios menores de 200.000 habitantes, que se han igualado con las ciudades más densamente pobladas, donde es mucho más barato iluminar.

Como ya recogieron en el año 2011 Ramón San Martín, profesor de la UPC en Barcelona, y Luis Ferrero, presidente de la Asociación de Técnicos Relacionados con la Administración de Catalunya, las farolas gastan el 3% de la electricidad consumida, un porcentaje pequeño comparado con el gasto del transporte, pero en absoluto menor si se tiene en cuenta que equivale a tener encendidas dos centrales nucleares (2.000 megavatios).

SALUD DAÑADA

Un alumbrado público despilfarrador aumenta la contaminación lumínica con notables consecuencias para el medio ambiente, como la contaminación del entorno debido a la producción y consumo de combustibles fósiles, el incremento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) provocando la desaparición de especies y atrayendo plagas urbanas, especialmente en los meses más calurosos, como la de los mosquitos.

Desde el organismo ‘Madrid Salud’, dependiente del Ayuntamiento de Madrid se reconoce que los aumentos en los niveles de luz artificial, aun en grado mínimo, producen alteraciones de los procesos fisiológicos -ritmos circadianos- del ser humano, así como de los ciclos sueño-vigilia, la temperatura corporal, el estado de alerta, como de algunas funciones neuroendocrinas, secreción de cortisol y melatonina, pueden ser alteradas cambiando nuestro reloj endógeno.

Durante la Primera Reunión Científica de la Red Española de Estudios sobre Contaminación Lumínica que se celebró en noviembre, tuvo un especial interés la exposición de los resultados de investigación obtenidos en materia de salud humana que muestran cómo la exposición a luz durante la noche puede provocar trastornos diversos, e incluso algunos tipos de cáncer.

Dificultades en la salud que nos impiden observar los cielos nocturnos y que nos llevan también a estar a la cola de la eficiencia en Europa. Según el equipo de la UCM, el gasto en nuestro país es de 116 kilovatios por año y habitante, frente a los 91 y 43 de Francia y Alemania respectivamente. Ninguna provincia española cumple el objetivo de alcanzar los 75 kilovatios por año y habitante que marcó el Gobierno en el Plan de Eficiencia Energética 2004-2012. En cuanto a emisión de luz por provincias, las primeras son Valencia, Madrid, Barcelona, Alicante y Murcia. Valencia ostenta, además, el título de ciudad más iluminada de Europa.



AHORRO EJEMPLAR

Poco a poco, algunos municipios han tomado conciencia del ahorro que pueden llegar a conseguir. Así Burgos, que invertía más del 50% de su factura energética en iluminar sus calles, decidió en 2012 apagar, o desactivar a partir de la media noche, 8.785 de los 28.724 puntos de luz de la ciudad. Con ello han conseguido dejar la factura a niveles de 2011 pese a que los precios han subido el 30%. Ibiza también ha puesto en marcha un nuevo sistema de iluminación, con 5.000 nuevas farolas con tecnología LED y vapor de sodio de bajo consumo, permitiendo un ahorro del 25% en la factura de la luz (90.000 euros anuales menos) y rebajando el consumo de 116 kilovatios por habitante a 61.

¿Qué están haciendo las grandes capitales? ¿Han tomado ejemplo de las ciudades pequeñas y medianas? Madrid contaba en 2013 con 252.000 farolas. Su último contrato de alumbrado público ascendió a 19 millones de euros; es decir, casi 90.000 euros al día. Por eso el Ayuntamiento decidió eliminar 17.434 farolas que supondrá, en términos económicos, un ahorro de 1,9 millones de euros anuales. En términos energéticos, serán 2.600 kilovatios menos de potencia instalada. En términos ecológicos, 4.367 toneladas de dióxido de carbono que se dejarán de emitir a la atmósfera. Pero a pesar del esfuerzo, esta ciudad todavía contaba el año pasado con más de 14.000 farolas tipo globo, en 1999 eran 73.000.

El Ayuntamiento de la ciudad de Valencia tuvo que desembolsar 25 millones euros en 2013 para pagar la factura de la luz. Sus 90.000 farolas, una por cada 9 habitantes, consumen más de 127 kilovatios/hora por habitante, frente a los 61,5 de Madrid o los 57,4 de Barcelona. Valencia intenta recortar su mastodóntico gasto en luz y, para ello, se ha impulsado el ahorro mediante apagados selectivos, disminución de la intensidad o la colocación de bombillas LED, de menor consumo. Pero sin grandes resultados, dada la deuda acumulada y el imparable crecimiento del precio de la energía en los últimos años.

LED VERSUS LED

Parece que se ha impuesto el uso de bombillas LED porque alcanzan su máxima intensidad lumínica prácticamente al momento de ser encendidas, lo que las hace idóneas para las nuevas instalaciones dinámicas, ofreciendo un mejor rendimiento cromático que las de vapor de sodio. Sin embargo, los investigadores de la UCM aclaran que, aunque la iluminación LED puede ser una alternativa en un futuro por su ahorro energético, actualmente se utilizan LED blancos que son muy dañinos para el medio ambiente, por lo que insisten en recomendar el uso de LED ámbar con regulación automática de potencia.

En este sentido, la asociación contra la contaminación lumínica Cel Fosc afirma que las luminarias basadas en diodos luminosos (LED) y la luz blanca que emiten los LED que se comercializan en la actualidad es “la más nociva para el medio nocturno y la salud humana” porque emiten una “gran” cantidad de radiación en longitudes de onda corta. Esta tecnología altera la conducta de las especies de vida nocturna y, por tanto, la biodiversidad.