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Continúan los combates en el este congolés y los civiles siguen desamparados

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Agencias de la ONU y grupos humanitarios siguen sin poder atender las necesidades básicas de decenas de miles de desplazados en el este de la República Democrática del Congo (RDC), que huyen de una guerra que no cesa pese a las peticiones internacionales de alto el fuego.

Los rebeldes del Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP) liderados por el general renegado Laurent Nkunda se enfrentaron nuevamente hoy a las tropas del Ejército congolés y dos milicias aliadas de éste, confirmaron fuentes de las Naciones Unidas.

En el pueblo de Ngungu, situado en la región de Masisi, a unos 60 kilómetros al noroeste de Goma, capital de la provincia de Kivu Norte, los efectivos del CNDP combatieron durante unas seis horas contra una fuerza combinada de las milicias tribales Mai-Mai y las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), ambas aliadas del Gobierno congolés.

"En el área de Ngungu se registraron enfrentamientos con armas pesadas a partir de las 5:00 hora local (3:00 GMT)", dijo en rueda de prensa el teniente coronel Jean-Paul Dietrich, portavoz de la Misión de las Naciones Unidas en la RDC (MONUC).

Según Dietrich, los combates cesaron hacia las 11.00 horas después de que el personal de la MONUC mediara para que las partes enfrentadas pusieran fin a la violencia.

Los rebeldes del CNDP controlan Ngungu, localidad estratégica, que domina el acceso a la aledaña Kivu Sur, desde que se reanudaron en agosto pasado las hostilidades en la región al violar un alto el fuego acordado por las partes en enero.

Dietrich añadió que los nuevos enfrentamientos en Ngungu han provocado, tal como en otras localidades, la huida en masa de la población civil.

"Miles de personas están llegando a la base de la MONUC en Ngungu escapando de los combates", dijo Dietrich, que puntualizó que en los enfrentamientos, que se prolongaron hasta poco antes de mediodía, no intervinieron tropas del Ejército congolés.

No obstante, los soldados gubernamentales sí combatieron hoy nuevamente contra los rebeldes en el distrito de Rutshuru, el epicentro de esta nueva ronda de guerra en el oriente congolés.

Intensos, aunque esporádicos tiroteos, que duraron unos 20 minutos cada uno, se registraron en Kahuga a unos cinco kilómetros de Kiwanja, dijo Dietrich, que no especificó otros detalles de estos enfrentamientos.

En Kiwanja, situada a unos dos kilómetros de la ciudad de Rutshuru, la capital del distrito, fueron hallados esta semana los cadáveres de decenas de civiles sepultados en once fosas comunes, según la MONUC, que deploró las matanzas y las tildó de "crímenes de guerra que no se pueden tolerar".

Entretanto, en Kibati, foco de intensos combates el pasado viernes, la situación ha retornado a la calma, según pudo constatar Efe.

Kibati, situada a doce kilómetros al norte de Goma, es el último punto controlado por las tropas del Gobierno antes de la zona en poder de los rebeldes, dijo un teniente coronel del Ejército congolés, que se identificó como Androzo Zara Dark.

Según la fuente, en los combates del viernes en Kibati murieron 19 rebeldes del CNDP, mientras que las tropas gubernamentales sufrieron dos bajas.

El conflicto en el este de la RDC está larvado por las rivalidades y odios ancestrales entre las tribus que han ocupado tradicionalmente la región, a la que llegaron a partir de finales del siglo 19 tutsis y hutus procedentes de las vecinas Ruanda y Burundi.

Los Mai-Mai o Mayi-Mayi, son grupos milicianos que las comunidades tribales autóctonas congoleñas han formado para defender sus territorios de los ataques o invasiones de otras bandas armadas.

Sus orígenes se remontan a la segunda guerra en el este de la RDC (1998-2002) cuando fueron reclutados por el Gobierno de Kinshasa para combatir contra los banyamulenges, congoleños de la etnia tutsi, armados a su vez en ese conflicto por Ruanda, uno de los seis países que intervinieron en la conflagración.

Nkunda, él mismo un banyamulenge, lidera a cerca de 4.000 efectivos, miembros de esa etnia, y afirma que lucha para evitar que su comunidad sea masacrada por las tribus rivales y la milicia hutu "Interahamwe", responsable del genocidio de 1994 en Ruanda y que huyó al este del entonces Zaire cuando un régimen tutsi tomó el control en Kigali, la capital ruandesa.