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El corazón musical de África

Oumou Sangaré, Vieux Farka Touré y Tinarawen llegan el jueves al festival de Las Palmas, especializado en las músicas del mundo

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Al oeste de África, en un país gigante y sin litoral, ha estallado un gran big bang musical cuyo eco se escucha en Occidente. Hablamos de Mali, uno de los estados pobres del mundo. Con una población de doce millones de habitantes, el país se apoya en la agricultura, pero es también uno de los centros culturales más activos de África. Su especialidad es la música, reflejo de la diversidad étnica y geográfica de un país enigmático y fascinante.

Mali es el país de Ali Farka Touré, el bluesman más conocido del continente. Y del patriarca del afropop, Salif Keita, pionero en electrificar la música subsahariana y en integrar influencias afrocubanas. También es la nación de la diva Oumou Sangaré, conocida por su activismo por las mujeres, y de Toumani Diabaté, que dio a conocer al mundo las bondades de la kora, un deslumbrante instrumento de 21 cuerdas, mezcla de arpa y de laúd.

'Como en Cuba y Brasil, la música de Mali es única y extraordinaria'

Alguno de estos músicos, como Oumou Sangaré, Vieux Farka Touré el hijo de Ali y la banda de tuaregs Tinariwen encabezan desde el jueves y hasta el domingo el festival Womad de las Palmas, referencia del mestizaje musical. 'Mali es uno de esos lugares que, como Cuba, Suráfrica y Brasil, son epicentros de música única y extraordinaria', apunta Jacob Edgar, del sello Putumayo World Music. 'Cada año surge un nuevo gran músico. Mali es, además, punto de encuentro entre varias culturas: el oeste africano, los bereberes, el sonido bluesero de la región Bambara... Saben renovarse y mezclan la tradición con la música contemporánea occidental', explica Edgar.

Hace dos décadas, las casas de discos y los festivales encontraron un nuevo mercado: las músicas del mundo, un cajón de sastre que integra música tradicional, étnica y popular de zonas de difícil categorización para el gran público. Mali es una de las estrellas de este nicho comercial. Su último éxito fue la pareja de ciegos Amadou & Mariam, que en 2004 publicó Dimanche à Bamako, producido por Manu Chao. Vendieron 700.000 copias en Europa y alcanzaron los cinco primeros puestos de los rankings en Inglaterra y Francia, por encima de a estrellas internacionales como James Blunt y Coldplay.

Sus músicos hablan de discriminación femenina, pobreza y emigración

Detrás de la explosión maliense se esconde el inglés Nick Gold, el mismo que consiguió poner de moda a Cuba con el proyecto Buena Vista Social Club. En los ochenta compró la discográfica World Circuit Records, momento en que las comunidades africanas crecieron en Londres. En 1995, Gold logró dar a conocer en Occidente a Ali Farka Touré con el disco Talking Timbuktu, en el que colaboró Ry Cooder. La obra fue un éxito en todo el mundo y ganó un Grammy.

Gente tan popular como Damon Albarn se han rendido a la música étnica de este país. En 2002, tras romper con Blur, editó Mali Music, que grabó a beneficio de Intermón Oxfam. Albarn visitó el país invitado por la ONG y durante su estancia en el país protagonizó jam sessions con artistas locales: 'Es increíble encontrarte en un lugar en el que, al caer la noche, todo el mundo se reúne para cantar y bailar', aseguró Albarn a su regreso. 'Lo confieso: me enamoré del país y de su música. Regresé a Londres con 40 horas de grabaciones. Me encerré en el estudio y edité las cintas, dejándolas en lo que me parecía la esencia de aquella experiencia única y maravillosa', dijo el músico.

Otro de los indispensables de la world music es Salif Keita, al que apodan La Voz de Oro africana. Fue uno de los primeros en triunfar en Europa. 'Malí exporta música como Arabia Saudí exporta petróleo. Lo más conocido de este país en el mundo es su música, así que el futuro pasa por su difusión', dijo Keita a Público en una entrevista publicada en mayo.

El país africano es una de las estrellas del nicho comercial de la 'world music'

Los músicos malienses hablan de los problemas que sufre el continente: discriminación femenina, pobreza y emigración. Oumou Sangaré, la gran dama de la canción del país africano, es también el gran símbolo de la liberación de la mujer. Canta al ritmo del estilo wassoulou y denuncia la poligamia y la ablación. 'Las mujeres aquí son cada vez más valientes, pero todavía hay mucho trabajo que hacer. Yo sólo aliento a las mujeres a que sean libres y desafío el tabú de la sensualidad femenina. Si eres mujer en Mali tienes derecho a ser alguien. Debemos demostrar a los hombres que estamos capacitadas', relata.

Sangaré, que actúa el domingo en el festival, cree que la primera responsabilidad de los músicos es la de preservar la herencia cultural a los suyos, como hacían los griots, los antiguos juglares africanos. 'Ahora, con Internet, la gente puede escucharnos clickando un botón. Eso significa que para los malienses será más fácil escuchar nuestra música, a medida que crezca el acceso a la tecnología', subraya.

La cantante es embajadora de la ONU y este año publicó un nuevo disco, Seya (World Circuit/Nuevos Medios), en el que habla del drama de la pobreza y la emigración. 'Mali es pobre, pero es rico en su interior. Su música tiene fuerza. Es la más fuerte de África occidental. Es mística. Puede aliviar, curar, educar, informar, entretener, hacerte reír, llorar y bailar. Es asombroso que haya gente que no conoce el país y que te diga que nuestra música les ha tocado el alma', relata. 'El otro día estábamos tocando y uno dijo: esto suena a funky. Pero es nuestra música, y ha existido mucho antes del funk. Lo mismo pasa con el blues. Aquí nació la música de los afroamericanos', asegura.

Oumou, además, da ejemplo: vive en Bamako, es empresaria ha abierto un hotel e importa coches de China y ayuda a los nuevos talentos. 'Los músicos se han dado cuenta. Lo que hemos hecho nosotros es abrir las puertas a las nuevas generaciones. Ahora saben que es posible llevar un mensaje a todo el globo', dice.

Uno de esos nuevos valores es Vieux Farka Touré, que actuará este jueves en el Womad. El hijo de Ali, que murió en 2006, es el único descendiente que se atrevió a saltarse la prohibición del cabeza de familia: al gran bluesman, que raramente salía del país, no le hacía ninguna gracia que sus hijos acabaran en un medio que consideraba nocivo. Vieux eligió la carrera militar, pero consiguió zafarse de ella. 'Mi padre lo pasó mal con la industria y no quería que sufriese los mismos problemas. Yo tocaba en secreto y, cuando se dio cuenta de mi pasión, me apoyó. Hoy estaría orgulloso', cuenta el cantante.

Tocó y tocó bajo el influjo de su padre, pero también de la música extranjera. 'Tengo la obligación de preservar lo tradicional, que es la base de nuestra cultura, pero lo emocionante es mezclar nuestros ritmos con estilos como el reggae, el rock y el hip-hop'.

En Vieux, que publicó en junio Fondo, está siempre omnipresente la presencia del padre, que hizo posible que músicos de distintas etnias se relacionaran. 'A él se lo debo todo, pero la verdad es que trabajo más en EEUU que en mi país. Mi primer concierto lo hice en Nueva York; soy más conocido fuera que en Mali. Sólo toco cada año en los dos grandes festivales y es un poco raro', subraya.

También estarán presente en el Womad, el viernes, un grupo de rockeros con turbante que emocionó a Keith Richards. En 2007, mientras miles de fanáticos esperaban en Dublín la aparición de los Stones, sus teloneros sorprendieron al personal con un blues sombrío y nostálgico que venía del desierto.

Ellos son Tinarawen y son tuaregs. Llevan 30 años tocando y su música circuló vía cassette y 4x4 como banda sonora de las luchas contra la discriminación. Su líder, Ibrahim Ag Alhabib, empuñó el kaláshnikov para defender los derechos de su pueblo. 'Con nuestra música expresamos la sensación de vivir en el desierto. Las letras hablan de la verdad del instante, donde no hay nada. Nos hemos alimentado de esta vida nómada', explica Abin Abin, guitarrista. 'Pero música y guerra van separados. No se trata de convencer a nadie de nuestras ideas, sino de invitar a la gente a pensar y hacer conocer nuestro pueblo', concluye.