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"Corremos el riesgo de que nuestros hijos vivan peor que nosotros"

Cándido Méndez. Secretario general de UGT. El líder sindical dice que la huelga es un aviso ante los recortes que pueden venir

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La Unión General de Trabajadores (UGT) lleva 16 años bajo el liderazgo de Cándido Méndez (Badajoz, 1952), que se enfrenta a la primera huelga general contra el Gobierno de Zapatero con la lección de huelgas anteriores bien aprendida. Méndez está convencido de que se va a 'ganar' esta huelga, pero también atisba que llegarán más recortes.

¿Si ahora hubiera elecciones votaría a este Gobierno?

Yo esos planteamientos no me los hago salvo cuando hay elecciones. Es entonces cuando, como cualquier ciudadano, me hago ese examen o balance de la acción del Gobierno. En este momento la quiebra brusca de la trayectoria del Gobierno ha producido un alejamiento de lo que podríamos definir como las bases sociológicas del Ejecutivo, que asisten desconcertadas y preocupadas a este giro. Es una situación por la cual de golpe y porrazo el Gobierno se erige campeón a la fuerza de las políticas de la UE. Ni se ha explicado bien ni se entiende ni se comparte por la mayoría de la sociedad. Al final se ha asumido una ortodoxia que no tiene mucho sentido, un dogma por el cual en épocas de crisis ejercer el liderazgo supone imponer sacrificios a gente que está en la peor situación.

La huelga general, ¿es sólo por la reforma laboral? ¿Qué más subyace?

Tenemos una serie de razones muy directas, claras y legítimas que están directamente vinculadas con la reforma laboral, que ha sido al final el detonante que ha accionado el Gobierno. La huelga la provoca el Gobierno pero bien es cierto que la reforma laboral para nosotros va más allá, es el último exponente de lo que denominamos el cambio de carril del Gobierno. Dentro de ese cambio, orientado a satisfacer a los mercados financieros, está controlar las cajas de ahorros, por ejemplo. Esto ha generado una quiebra de la confianza de la economía española en las decisiones políticas, es una crisis de la política en general. Y creo que el Gobierno no ha conseguido obtener el respeto a nivel internacional. Ese objetivo de ganar credibilidad ante las instituciones financieras no lo hemos conseguido. Las agencias de calificación siguen amenazando con rebajar más sus valoraciones si no hay más recortes. Por primera vez en España tenemos un riesgo escalofriante de que nuestros hijos vivan en peores condiciones que nosotros. Se pretende que la jubilación vaya a los 67 años, se habla de recortes de derechos, se habla de privatizaciones... Si seguimos por este sendero corremos el riesgo de quebrar esa escala ascendente de la sociedad española por primera vez.

Hace meses lo tildaban a usted de cuarto vicepresidente, pero ahora dicen que es el gobernador del Banco de España.

Lo mío era una leyenda urbana o una falsedad. No sé si ahora será verdad o no, pero la de antes era mentira.

¿Pero tiene Fernández Ordóñez mucha influencia?

Cuando estuvimos reunidos con Salgado vimos que ella delegaba materialmente el tema de las cajas en el Banco de España. Pero eso lo sabrá el Ejecutivo, porque al final al gobernador lo elige el presidente del Gobierno.

La convocatoria de la huelga se hace también para influir en los presupuestos. ¿Hay un riesgo real de que haya más recortes en las cuentas públicas?

La huelga es un aldabonazo contra el Gobierno.

Entonces, ¿sí es una huelga contra el Gobierno?

Bueno, contra las políticas del Gobierno.

¿No es diferente?

La huelga no es para derribar ningún Gobierno, es para que el Gobierno cambie sus políticas. Es contra la seña de identidad del Gobierno que son sus políticas. Y también va a reflejar el rechazo a las medidas adoptadas y a que por este camino no se puede seguir. Porque si se sigue por ahí y se atiende de forma dócil a los mercados financieros, peligran derechos fundamentales como la protección al desempleo. Son derechos que hay que tener muy en cuenta. La huelga tiene una visión retrospectiva de lo que ha hecho el Gobierno hasta ahora, pero también una visión de advertir que por este camino no se puede seguir.

¿Pero hay señales claras de más recortes?

El Gobierno decía, hace muy poco, que no iba a tomar medidas para abaratar el despido y luego, mediante decreto ley, toma esas medidas. Así que no es una especulación, es una impresión muy fundamentada la de que pudieran seguir por esta senda, en base a las propias previsiones que decía el Gobierno que no iba a hacer y luego ha hecho.

Para cambiar las políticas del Gobierno, ¿ hace falta cambiar el equipo de Gobierno?

Eso corresponde al presidente. Pero cuando hizo la remodelación en Semana Santa del año pasado ya dije que la composición debería ser más reducida y la configuración distinta. Pero es responsabilidad del presidente.

¿Por qué se hace coincidir la huelga con las movilizaciones en Europa?

Porque hay algo más que se debería dejar patente. No nos quedamos sólo en la expresión social que va a ser masiva y multitudinaria. La huelga va a formar parte de una oleada de protestas a nivel europeo. Porque la zona del euro debería haber reflexionado seriamente sobre el plan de estabilidad. El plan de estabilidad es arbitrario, y está al margen del contexto. ¿Por qué el tope de al 3%? ¿Por qué hay que reducirlo hasta ese nivel dentro de tres años? ¿Por que un nivel de deuda del 60%? Son dígitos arbitrarios, fruto de un compromiso político que en este momento conspira contra el contexto económico de Europa. El Gobierno de España ha perdido una gran oportunidad en la UE de aprovechar la presidencia para defender las posiciones en favor del crecimiento. Es incomprensible que la primera declaración pública del presidente como Gobierno de turno fuera defender con firmeza y con rigor la austeridad presupuestaria.

Las alternativas deberían haber venido de un equilibrio entre una lucha gradual contra el ajuste y reforzar el crecimiento económico. Y por lo tanto debería haberse incidido en la política de ingresos. En gastos tendríamos que seguir avanzando y el problema está en nuestro nivel de ingresos, porque es inferior en ocho puntos a la media de la zona del euro. Porque hay empresarios que tributan como mileuristas. Había que haber trabajado en esa vía de ingresos.

¿Cómo se pueden mejorar los ingresos?

Hay dos elementos muy simples, muy sencillos. El primero, atacar el fraude fiscal de manera decidida. Hay una cifra no desmentida por la Administración de 80.000 millones de euros no declarados. Con parte de ese fraude fiscal se podrían haber pagado partidas muy importantes. En segundo término, hay que hacer una reconsideración de nuestro sistema fiscal impositivo, recuperando el principio de suficiencia fiscal y el principio de eficiencia recaudatoria. También recuperando figuras como el Impuesto de Patrimonio y subir el tramo máximo del IRPF. Los equilibrios no pueden venir por el recorte del gasto, porque ahí siempre hay perdedores y ganadores. Los perdedores son los trabajadores, los empleados públicos, los pensionistas... y ganadores, los mercados financieros.

De ese discurso emana la misma teoría sobre el intervencionismo exterior que ha usado el PP.

Yo tengo pocas coincidencias con el PP. Pero hay que reconocerlo así, hay verdades incontestables. En Europa, en la semana negra de mayo se toman unas determinaciones que alumbran este plan de ajuste. Cristina Fernández, la presidente de Argentina, ha alertado de que estamos en un proceso de argentinización, como resultado de poner en práctica las recetas del FMI. Aunque no llegaremos a esas consecuencias, sí estamos en ese proceso de asumir de forma acrítica el ajuste, lo que va a prolongar la recesión. Se dice que esto hay que hacerlo para mejorar nuestra competitividad en el exterior. Pero el 84% de la actividad económica de la zona del euro se produce en el mercado interior. Así que resolver el problema con un ajuste en el mercado va a llevar a un retraso de la economía. Además, en la zona del euro la mayoría de los gobiernos son del signo ideológico del PP.

¿La huelga general causará una ruptura tan importante entre UGT y el PSOE como en 1988?

Somos las mismas organizaciones... Pero hemos aprendido con los años...

¿A perdonar?

Hemos aprendido que tenemos una función constitucional, y el PSOE está en las tareas del Gobierno y nosotros no coincidimos. Llevamos mucho tiempo en el lugar en el que nos corresponde. Las organizaciones somos las mismas, y en una huelga general nos situamos ante el Gobierno sin titubeos. Los elementos subjetivos, los arrebatos emocionales, que alguno se produjo en 1988, han quedado atrás.

Pero entonces hubo un deterioro de las relaciones.

En 1988 se reflejó la realidad de cada uno. En aquel momento el Gobierno era de mayoría absoluta y estábamos en una etapa de crecimiento económico, dos diferencias bastante notables. La huelga fue porque después de una larga etapa de sacrificios, cuando hubo que distribuir, los frutos seguían cayendo en el mismo lado. Ahora, estamos rechazando que los sacrificios recaigan sobre las clases trabajadoras.

¿Ha hablado con Zapatero desde que hicieron la convocatoria de huelga?

Hablo cuando toca hablar con él. Si nos convoca voy.

Pero también os puede llamar por teléfono.

Si el presidente llama le digo lo que pienso.

Pero, ¿le ha llamado?

No.

¿Tiene carnet del PSOE?

Desde hace 40 años. A mí me afilió mi padre el 1 de enero de 1970. Llevo más de la mitad de mi vida en la UGT y en el PSOE.

¿Un seguimiento como el de la de la huelga de 2002 se puede considerar un éxito?

Cada huelga es distinta, ni te conformas ni te dejas de conformar. Trabajamos con mucho denuedo para ganar la huelga.

¿Y qué es ganar una huelga?

Llegar a los centros de trabajo y llegar a los trabajadores. Conseguir que secunden la defensa de tus posiciones. Y en tercer lugar, es también lograr que el Gobierno modifique su posición. Algo que también vamos a lograr. Todas las huelgas en España han tenido rentabilidad social, ya fuera en el corto o en el medio plazo. Además, las huelgas siempre dejan una huella en las sociedades que es muy seria pero también positiva.