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Cortejando a Moody's

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Qué pena que la portada de la web del FMI recortara la foto de Kote Rodrigo, de la agencia Efe, dejando fuera a Zapatero, quien permanecía en el coloquio de Oslo junto a la presidente de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf, el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, y el director de la Organización Internacional del Trabajo, Juan Somavía! En páginas interiores, todo hay que decirlo, había una imagen en la que Zapatero, sentado en una mesa redonda, elevaba su mano derecha durante una explicación a Strauss-Kahn.

El FMI y la agencia Moody's son las principales obsesiones del presidente del Gobierno. Y esa obsesión tiene un objetivo: evitar que se vuelva a presentar una situación de tensión en los mercados financieros internacionales con la deuda española. Zapatero está persuadido por sus principales asesores, en la Moncloa y en el Ministerio de Economía y Hacienda, de que los mercados sólo saben valorar un programa económico cuando este promete aplicar la austeridad fiscal, reformar el mercado laboral y dar leña a los pensionistas. Todo lo demás son pamplinas.

Moody's es la única de las grandes agencias que todavía mantiene la calificación de Aaa, o triple A, para la deuda crediticia del Reino de España, equivalente a matrícula de honor. Esa calificación está, según anunció el 30 de junio, en revisión para degradar en 'uno o como mucho dos escalones'. Es decir: da la impresión de que España ya no será triple A porque no reúne los requisitos, según la agencia, y que el estudio, que será hecho público durante los próximos 15 días, va a establecer si la calificación es un grado menor, la siguiente Aa1, equivalente a alta calidad y riesgo de crédito muy bajo, pero vulnerable a los riesgos de largo plazo, o la Aa2.

El Gobierno ha conseguido, aún pagando tipos bastante más elevados que los de principios de 2010, según recuerdan las nuevas previsiones para el segundo semestre difundidas por Comisión Europea el lunes, reducir el diferencial con el bono alemán (ayer se situó, empero, en 180 puntos básicos) después de la crisis del mes de mayo. Y los mercados mantienen una consideración diferente a la deuda española respecto a otros dos países seguidos con suspicacia: Irlanda y Portugal.

Pero va a ser decisiva la calificación de Moody's, que desconfiaba de la capacidad del Gobierno 'minoritario' de Zapatero de acometer el ajuste. Y tanto la reforma laboral como la de pensiones es objeto de su estudio en estos mismos momentos. Las pensiones porque, según el criterio convencional, da una idea de la sostenibilidad de las finanzas públicas a largo plazo. Y por eso, Zapatero no deja de insistir en que el compromiso con la Comisión y el FMI (alargar la edad de jubilación y modificar el periodo de cómputo de la percepción) se va a cumplir antes de fin de año. En sus contactos con Moody's, el Gobierno intenta, si no se puede evitar la degradación, al menos limitar el daño al recorte de un escalón.

En términos políticos, Zapatero está cada vez más a gusto con su nuevo traje reformista, cortado a medida de los mercados, al que opone la posición inmovilista del Partido Popular y de Mariano Rajoy, contrario a cualquier reforma propiciada por el Gobierno, pero reforma al fin. Y en ese traje hasta la huelga general va a ser utilizada a su favor, ante las agencias y el FMI, como prueba de que la presión de la calle no va a modificar su determinación.