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Costa dice que sólo Camps puede echarle

Voces internas piden su cese y la cúpula lo defiende en público

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Le gustan los coches, la velocidad, vestir de punta en blanco y dar la cara. Siempre sonriendo. Cree que lo peor que puede hacer en estos momentos, cuando el caso Gürtel, parece haberse focalizado en él, es esconderse. El secretario general del PP de la Comunidad Valenciana desde 2007, Ricardo Costa, está en el ojo del huracán.

La mano derecha de Francisco Camps fue a declarar como imputado por un posible delito de cohecho ante el Tribunal Superior de Justicia de Valencia el pasado mes de mayo. Según el juez Baltasar Garzón, adquirió trajes en diferentes tiendas de ropa por un importe superior a los 7.000 euros que fueron pagados por Orange Market, una de las empresas de la trama dirigida por Francisco Correa.

'Cuenta con la confianza de todo el PP', señala Gerardo Camps

En agosto, se archivaba la causa. Ahora, tras el informe policial que apunta hacia una posible financiación ilegal del PP valenciano, la historia se retuerce y su nombre se repite. La investigación lo señala como la persona que negociaba con Álvaro Pérez, El Bigotes, los pagos en negro por actos del partido. Además, se ha convertido en el epicentro de las grabaciones telefónicas más comprometidas. Él ha negado tajantemente su implicación. Ha afirmado que se trata de 'un montaje' y ha acusado al ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, de 'instigar' esas informaciones contra él y sus compañeros.

En el PP hay dirigentes que han asistido atónitos a todo el espectáculo y piensan que si Rajoy no reclama la dimisión de Camps, al menos debería exigirla de los que le rodean. El eco de las voces se hizo fuerte. Y así, ayer, Costa tuvo que emplearse a fondo para desha-cer las expectativas creadas en torno a su cese. El también portavoz de los conservadores en Les Corts se desayunó con una ofensiva contra él en forma de portadas y editoriales en medios regionales, afines a la derecha, en la que se hablaba de una insistente corriente de opinión en el seno del PP que pedía su relevo antes del debate de Política General que se celebra el martes.

Ante los escándalos, los conservadores exhiben su fortaleza a golpe de encuesta

La tormenta fue tan fuerte que Costa, en rueda de prensa, tuvo que negar que su partido considerase necesaria su salida. 'No existe', fue la respuesta que dio a los periodistas cuando estos le preguntaron sobre la división de opiniones en su partido en torno a su continuidad. 'A los dirigentes del PP no hace falta que nos digan cuándo hay que dimitir', señaló. 'Como siempre, si se demuestra alguna irregularidad cometida por algún dirigente del PP, ese dirigente automáticamente abandona sus responsabilidades', sentenció, defendiendo que Camps es la 'única' persona que puede decidir su futuro.

La contundencia con la que Costa se aferró a su cargo desató una catarata de adhesiones de cargos del PP. Durante toda la tarde se sucedieron comunicados en los que responsables autonómicos, provinciales y locales elogiaron su figura y le atribuyeron gran parte del mérito de las victorias electorales. Todos a una criticaron los 'continuos ataques' al partido y enarbolaron la bandera de la unidad.

El vicepresidente de la Generalitat, Gerardo Camps, afirmó que 'cuenta con la confianza de todo el PP'. El presidente provincial del PP en Valencia, Alfonso Rus, dijo que cuando se ataca a uno de los suyos se está 'atacando a todos'. Y la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, sostuvo que 'quienes lo cuestionan son los mismos que están orquestando una campaña contra el partido'.

El nombre de Costa aparece implicado en la supuesta financiación ilegal

A Costa se le eclipsó la noticia que iba a dar. El PP valenciano presentaba una encuesta interna que afirmaba que, de celebrarse hoy elecciones autonómicas, el partido obtendría el apoyo del 54% de los votantes, frente al 53% obtenido en 2007. El número dos de Camps recalcó que lograrían 525.000 votos más que el PSOE. 'La diferencia más importante en la historia', recalcó. Los socialistas aprovecharon para reclamarle que sacara del cajón el sondeo real, 'el que ha pagado con fondos de la letra B de Barcelona' y en el que 'queda patente la caída en picado de su imagen'.

Es curioso que el PP valenciano se defienda siempre a golpe de encuestas, tratando de compulsar su inocencia con el reconocimiento ciudadano. Y más que insistan en dar los mismos datos. No hace ni un mes el pasado 4 de septiembre, coincidiendo con la cena de la Plaza de Toros de Valencia en la que se celebraba el sobreseimiento de la causa, Camps exhibía su 'fortaleza' tirando de las mismas cifras ante Rajoy.

En mayo declaró como imputado por cohecho porlos trajes

Costa negó que la presentación de la encuesta convocada en un día festivo y anunciada a última hora de la tarde del sábado fuera una respuesta a las acusaciones de corrupción: 'El PP las hace para poner de manifiesto si las cosas que está haciendo las está haciendo bien y no como cortinas de humo ni palmaditas en la espalda'.

Rajoy no permaneció ajeno a los tejemanejes que se traía la trama Gürtel: el propio Álvaro Pérez, El Bigotes, le había informado por carta, según desveló ayer la Ser. Los datos constan en el informe policial.

El dossier relata que El Bigotes se dirigió a Rajoy en 2003, cuando este ya era número dos del PP. Pérez le exigió el pago de una deuda contraída en 1999. Entonces, la trama organizó los actos de la campaña de las municipales de 1999. El PP gallego y la red de Correa pactaron liquidar el 47,8% en dinero legal y el otro 52,2% en negro. El Bigotes avisó a Rajoy de que sabían del impago Javier Arenas, el tesorero del PP, Álvaro Lapuerta, y el gerente, Luis Bárcenas.

El PP gallego descartó ayer investigar el asunto porque sus cuentas 'están limpias', informa Europa Press.