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Craviotto y Rial se cuelgan en K-2 el oro que se le resistió a Cal en C-1

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El K-2 español de Saúl Craviotto y Carlos Pérez Rial logró hoy la medalla de oro en 500 metros en los Juegos Olímpicos de Pekín, el primer puesto que se le resistió en C-1 a David Cal, que fue plata, un día después de haberse proclamado subcampeón olímpico en C-1 1.000 metros.

El catalán Saúl Craviotto y el gallego Carlos Pérez Rial podrán presumir de ser campeones olímpicos, y además de haberlo conseguido en una soberbia regata en la que acertaron a ejecutar toda cuanta calidad, y excelencia técnica poseen.

Tras una salida nula, los españoles se colocaron en cabeza desde los primeros metros, sin abandonar ya nunca el liderato de la carrera. Avalados por el título de subcampeones de Europa y por la manera en la que consiguieron su clasificación para poder participar en Pekín, Craviotto y Pérez Rial mantuvieron en la final olímpica la autoestima que no siempre hasta hoy supieron defender.

Compitieron sin complejos, sin dejarse intimidar por la compañía que llevaban al lado. Hicieron su regata, centrados exclusivamente en su cometido, con los alemanes Ronald Rauhe y Tim Wieskotter, vigentes campeones olímpicos, mundiales y europeos, por la calle reservada a la embarcaciones con el mejor tiempo.

Por fin funcionó la fórmula de los españoles. Craviotto, un superclase -medallista europeo como sub'23-, que ya había acreditado su calidad en todas las distancias, en embarcaciones individuales y de equipo, supo regular a Pérez Rial, un velocista que hasta hoy era incapaz de aguantar el ritmo en los últimos metros.

La contundente regata de los españoles les permitió aguantar bien el paso por los primeros 250 metros, consolidaron entonces su posición y a falta de 100 metros asestaron el golpe definitivo remando más fieles que nunca al estilo y la calidad que les permite ser campeones olímpicos.

Habían destrozado la prueba en la que los alemanes Ronald Rauhe y Tim Wieskotter y los húngaros Zoltan Kammerer y Gabor Kucsera, oro y bronce en Atenas, respectivamente, y claros candidatos a disputarse el título de campeones olímpicos, quedaban desplazados al segundo lugar en el caso de los germanos y al cuarto, fuera del podio, los magiares.

Los bielorrusos Raman Piatruskenka y Vadzim Makhneu completaron el podio con una regata muy regular, en la que se mantuvieron siempre colocados para ser medalla de bronce.

La ministra de Educación, Cultura y Deporte, Mercedes Cabrera; el secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissawetzky, y el Duque de Palma, Iñaqui Urdangarín, junto al presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, presenciaron el triunfo español en el Parque Olímpico de Remo y Piragüismo de Shunyi.

Craviotto y Pérez Rial se ganaron el protagonismo que Cal había acaparado desde el inicio de la competición. Pero el pontevedrés, que retorna a España como doble medallista por sus dos platas no ha podido conseguir los dos oros que había anunciado intentaría lograr.

Si Cal consiguió ayer medalla de plata en la prueba de C-1 sobre la distancia de 1.000 metros, en la que su máximo rival el húngaro Attila Vajda le arrebató el título de campeón olímpico que el gallego había conseguido en Atenas, hoy se vio superado por el zar de la canoa rusa, Maxim Opalev.

Cal arrancó en el grupo y fue en carrera durante todo la regata. El bielorruso Aliaksandr Zhukovski, quinto en el Europeo, arriesgó desde la salida buscando romper la prueba y sorprender con un fuerte ritmo a los dos máximos favoritos, Cal y Opalev.

El ruso, plata en Sydney y bronce en Atenas, completó hoy su medallero particular con la medalla de oro en una final olímpica en la que ejecutó todo cuanto había dispuesto. Opalev es uno de los buques insignia de la Federación rusa, ha sufrido las restricciones económicas que ha padecido su deporte, y actualmente contribuye a la recuperación de la que disfruta el piragüismo ruso.

Maxim Opalev paleó en los últimos cien metros con la confianza de que hoy se proclamaría campeón olímpico de C-1 500 metros, la única prueba por la que había apostado y en la que decidió tomar parte en los Juegos de la XXIX Olimpiada, frente al programa de competición más amplio que suele acometer habitualmente en sus competiciones.