Publicado: 01.12.2014 15:06 |Actualizado: 01.12.2014 15:06

"Creo que moriré haciendo rock"

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Hasta seis veces se ha plantado Rosendo Mercado en la plaza de toros de Las Ventas para tocar, pero en ninguna tan nervioso como en el concierto que grabó en septiembre en el coliseo taurino, lleno a reventar cuando está a punto de cumplir 30 años de carrera en solitario.

"No sé si lo que hago puede oler a naftalina, porque por lógica y antigüedad estoy en ese terreno. Siempre he intentado evolucionar dentro de mi capacidad, pero entiendo que lo que hago son tres acordes sin más y que el peso de mi historia está en las letras", ha dicho hoy a Efe durante una entrevista en ese mismo lugar.

A un mes del evento, el aforo ya estaba más que completo. Unas 17.500 personas asistieron el 27 de septiembre de 2014 a una cita que le propuso su compañía, porque a este madrileño, por pudor, nunca se le habría ocurrido organizarla.

"Las Ventas para un músico son como para un torero o más", reconoce Rosendo (Madrid, 1954), que tiene cierta experiencia en el embolado de actuar en lugares especiales, como el Palau de la Música de Barcelona, concierto que se publicó en 2011, o en la antigua cárcel de su castizo distrito, Carabanchel.

Para hacerlo todo más especial, sobre todo "muy divertido", sobre el escenario aparecieron sus "amigos más cercanos": Luz Casal, Fito Cabrales, Miguel Ríos, su hijo Rodrigo Mercado, Kutxi, de Marea, y Enrique Villarreal, alias El Drogas.

También estuvo presente el recuerdo de Tony Urbano, su excompañero en Leño, fallecido en agosto. "Toqué 'Se acabó' para dedicárselo y creo que ahí pasó algo especial", recuerda.

Los nervios no le soltaron aquella noche y reconoce que los dedos se le perdieron más de una vez entre los trastes de la guitarra, a pesar de que, con la excepción de cinco canciones añadidas para la ocasión, tenía bien aprendido el repertorio de la gira, de nombre "Mentira me parece", en la que ha presentado el disco "Vergüenza torera" y sus clásicos imprescindibles. "No diría que fue el mejor concierto de la temporada a nivel técnico, pero fue un día especial por el ambiente que creó la gente. No sé si repetiré algo así en mi vida", cuenta.

Para el autor de "Masculino singular", esa vida ha sido, ante todo y sobre todo, "una vida de rock", desde que la atracción por la música de los Beatles y los Rolling Stones le llevó siendo niño al coro de Los Salesianos. "La estampa de un tío tocando la guitarra y cantando, con los pelos largos, era para mí el futuro", rememora.

Tras la disolución de Leño, en 1983, decidió iniciar su carrera en solitario. Pensó que "todo iría muy seguido por la inercia", pero no fue hasta 1985 que se publicó "Loco por incordiar". "Tuve problemas con la compañía de discos, no se me hacía caso y no podía grabar con otro sello por el contrato. Pensé que aquello se acababa", cuenta.

Por fin recibió la llamada de Carlos Narea, el productor, y se embarcó en una grabación en Alemania que le llevó a otro disco, y a otro y a otro, hasta sumar 15 álbumes de estudio.

Destaca el título "Lo malo es... ni darse cuenta" (2005), tan preocupado como anda siempre por escoger cómo bautiza sus creaciones y por los versos de sus temas, una tarea que califica de "sufrimiento".

"Yo creo que me moriré haciendo rock, no sé si en el escenario, porque eso dependerá de que la maquinaria responda", avanza sobre un proyecto vital que pasa por continuar en la carrera hasta los 65 años y luego seguir componiendo en el estudio que se está montando en "un pueblo pequeñito" de Burgos.

Entre sus planes inmediatos, "trabajar" este álb2014-12-01um el año que viene, "ahorrar cuatro duros" para su jubilación, que ve "ahí mismo", descansar otro año y volver a grabar otro disco. "No hablo del último, yo quiero que solo sea el siguiente", puntualiza.