Publicado: 30.08.2014 08:00 |Actualizado: 30.08.2014 08:00

Crímenes no resueltos: de Yeremi Vargas al triple asesinato de Burgos

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La investigación policial ha mejorado ostensiblemente con el avance de las tecnologías, pero aún así son muchos delitos siguen buscando su autor. Casos complejos, sospechosos en libertad o pruebas manipuladas dificultan el trabajo de la Justicia y dejan crímenes sin resolver.

De este tema trata el libro firmado por Patricia López y Vicente Garrido, Crímenes sin resolver, una obra que recoge algunos de los casos más sonados en los medios de comunicación que permanen irresultos y sin culpables.

El pasado 25 de enero se cumplieron 10 años del asesinato de Sheila Barrero.  En aquella fecha del 2004 se encontró el cadáver de la joven de 21 años, en el interior de su coche con un disparo en la nuca realizado a bocajarro. Los familiares señalaron a un joven con el que había tenido una tormentosa relación. El juez apostó por profesionales del crimen. No se encontró respuesta a quién fue el que la asesinó.

El escenario que se encontró la policía en el puerto de Cerredo, en la localidad asturiana de Degaña, fue el siguiente: la joven asesinada en el asiento del conductor, un casquillo del calibre 6'35 y huellas de neumáticos frente al coche de Sheila.

Una de las teorías que más peso tuvo fue que otro automóvil frenó frente a Sheila, se bajó una persona conocida -ya que no hubo marcas que revelaran que la joven tratara de evadir-, se sentó en el asiento trasero al del piloto y disparó.

En el 2007 el juez decretó el sobreseimiento de las diligencias por falta de autor conocido. El auto reconocía que no había pruebas y que el móvil del asesinato seguía siendo una incógnita. De misma manera el documento apuntaba que el crimen fue cometido por profesionales, tanto por el arma como por la munición encontrada.   

Eva Blanco, el caso enquistado de la Guardia Civil en Madrid

El caso de Eva Blanco, una joven de 16 años asesinada a puñaladas, es uno de los más enquistados para la Guardia Civil de Madrid. Porque pruebas no faltan. El cuerpo sin vida y, sobre todo, restos de semen en su ropa interior. Pero no han encontrado coincidencias genéticas.

Eva Blanco fue asesinada la madrugada del 19 al 20 de abril de 1997. Tras estar bebiendo con amigos, se dispuso a irse a casa, a menos de un kilómetro de donde se hallaba.  Nunca llegó a su hogar. A la mañana siguiente encontraron su cadáver en una cuneta, con la ropa puesta, boca abajo. Tenía 19 puñaladas en la parte posterior de la cabeza y en la zona alta de la espalda.

La hipótesis que se manejó consistía en que Eva se fue voluntariamente con un hombre mayor que ella, de unos 30 años por las huellas de su calzado, a una zona donde muchos buscan intimidad en sus coches. Dentro del vehículo hubo sexo consentido -aunque la familia no apuesta por ello- y después de esto hubo una discusión que terminó con el fatal desenlace.

El mayor enigma de este crimen se cierne sobre un número escrito repetidamente en un diario de Eva: 343110. En dos hojas y más de 200 veces, se encontraba escrito "Eva y 343110". La Guardia Civil no duda que el número es una persona. La única pista que han dado los numerólogos es que puede ser un número de un ‘busca', ya que 34 es el prefijo español y 110 el distrito postal de Algete, de donde era residente.

Ahora se ha abierto una puerta de esperanza para los familiares de Eva Blanco. La juez de Instrucción número 4 de Torrejón de Ardoz (Madrid) ha permitido abrir una urna donde en 1999 se depositaron los nombres de más de 2.000 hombres de Algete que se ofrecieron voluntarios para hacerse la prueba de ADN.  

Lo más seguro es que de esas pruebas no aparezca el asesino pero si podría permitir relacionar los genes de una persona con la de otro familiar que hubiera cometido el crimen. O centrar la investigación en aquellos en los que no se prestaron para este examen y que la policía ya tuviera sospechas sobre él.

Desapariciones: Madeleine y Yeremi Vargas

La británica Madeleine ocupó durante meses la atención de todos los medios de comunicación en el verano de 2007. La desaparición y secuestro de la menor ha sido de las más sonadas en esta primera década del siglo XXI. Una campaña internacional gracias a que el padre de Madeleine, Gerry, es hijo de un influyente miembro del parlamento británico.

La pequeña Madeleine, de 3 años de edad, desapareció de su habitación en el resort en el que se encontraba sola. Estaba de vacaciones con sus padres en el Algarve (Portugal) y nunca más se supo de ella.

La policía británica y portuguesa creen ahora que Madeleine podría haber sido víctima de una serie de agresiones sexuales contra niños británicos en el país peninsular entre 2004 y 2010.  

Pero en nuestro país meses antes se sucedió uno de los casos más sonados en España. Yeremi Vargas desapareció el 10 de marzo de 2007. Este es uno de los casos que Garrido y López (autores del libro) también quieren recordar. En un abrir y cerrar de ojos el niño de 7 años ya no estaba donde estaba. El menor grancanario se encontraba jugando con sus primos en un solar cercano a la casa de su abuela y de su tía, en el barrio de Vecindario.

Cientos de voluntarios, en un despliegue sin igual en el archipiélago, rebuscaron por todos los rincones de Las Palmas. Pero la búsqueda fue en vano. Y la pena de la familia, irreparable.

Las posibilidades sobre la autoría del secuestro son pocas. Los autores del libro descartan que fueran familiares de Yeremi, ya que no se pidió rescate. Señalan que esta atrocidad sólo "podría cometerse por gente de fuera que hubiera tenido algún conocimiento del niño y que sabía que, en unos pocos segundos, podría estar escapando por la autopista".

La Guardia Civil cree que el móvil sexual fue el que provocó la desaparición del pequeño. Investigan a tres pederastas escoceses que por entonces vivían en Las Palmas y que algunos vecinos afirman haberles avistado el trágico día en el que Yeremi desapareció. Ahora se encuentran en prisión. Cuando les visitaron a la cárcel varios agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, no quisieron colaborar con la policía española, pero sí lo hicieron con el caso Madelaine (ocurrido unos meses después). "En ese caso no tienen nada que temer porque no estuvieron allí", aseguran desde la Guardia Civil.

Matanza: El triple crimen de Burgos

El 7 de junio de 2004 un asesinato múltiple y horroroso se cometió en el núcleo de la familia Barrio. Alguien conocido entró en el hogar de esta familia y apuñaló salvajemente a Salvador, el padre y alcalde del pueblo,  a la madre, Julia, y al menor de los hijos, Álvaro de 11 años.

En el interior de la casa estaba escrito con cera roja "Cabrón, cerdo" y fuera en la corteza de un pino se podía leer "Hijo de puta". Los análisis caligráficos determinaron que el autor de estas pintadas fue Ángel Ruiz, vecino de La Parte de la Bureba, y enemigo público de Salvador Barrio. El individuo había tenido problemas por temas de alcantarillado y de terrenos, pero los agentes de la ley no lograron involucrarlo con el crimen.

Pero la investigación también apuntó al hijo mayor de la familia, Rodrigo, de 16 años. El móvil hubiera sido ‘el síndrome del príncipe destronado': mató a toda su familia por ser el más querido de la familia.