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La crisis de Grecia pone en alerta a la Unión Europea

Las mentiras en las estadísticas de Atenas y la situación desesperada de su economía obligan a los miembros de la zona euro a plantearse fórmulas para un posible rescate que evite su bancarrota

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La enorme roca ha vuelto a rodar colina abajo, pero esta vez Grecia tiene más complicada que nunca la remontada. Mientras Sísifo, el mito helénico sometido a una condena eterna, sigue empujando una piedra que siempre se le escurre antes de llegar a la cima, la economía griega ha regresado a sus infiernos más profundos tras haber engañado a Bruselas sobre su situación real y haber colocado al país al borde de la bancarrota.

El nuevo Gobierno griego, liderado desde octubre por el socialista Giorgios Papandreu, hace frente a las inclemencias de la crisis con un déficit previsto para este año del 12,7% del PIB, cuatro veces más de lo permitido por el Pacto de Estabilidad, y una deuda de 112% del PIB, casi el doble de la línea roja trazada por la Comisión Europea. En un viraje de la política económica que amenaza con azuzar la conflictividad social, Papandreu ha anunciado una congelación en los sueldos de los funcionarios, una paralización de los nuevos contratos y un aumento de los impuestos.

La crisis es una prueba de fuego para la estabilidad de la zona del euro

Sin embargo, la crisis trasciende las fronteras griegas y supone una prueba de fuego para la estabilidad de la zona euro, que en su década recién cumplida nunca había afrontado un cataclismo similar. La amenaza de la depreciación y la pérdida de confianza de los mercados urge a los 16 países de la moneda única a señalar a los culpables y evitar que la crisis se propague.

Y, junto a esa lucha, tienen que preocuparse de que no se produzca un contagio de la situación griega a otros países de la Eurozona, entre los que algunos políticos alemanes y británicos se empeñan en incluir a España. La situación económica de ambos países es muy diferente, pero una percepción de similitudes en los mercados podría ser fatal. 'No estamos en el mismo saco, aunque no seamos los más guapos de la clase', asegura Jesús Palau, profesor del departamento de Finanzas de Esade. 'Ellos tienen el doble de deuda sobre el PIB que nosotros, están a punto de suspender pagos y su deuda está a un paso de ser considerada bono basura', añade.

'No estamos en el mismo saco que Grecia', dice Jesús Palau, de Esade

Las primeras víctimas de esta tragedia griega han demostrado ser los controles sobre la salud de la economía griega, tanto la supervisión europea de las estadísticas de Atenas como los análisis elaborados por las agencias de ráting.

El Gobierno precedente había falseado las previsiones económicas, proyectando un déficit para 2009 cuatro puntos menor del que ahora maneja Papandreu. No es la primera vez que la piedra estadística helena rueda colina abajo. En 2004, Eurostat anunció otra mentira en los números griegos, que no habían contabilizado numerosas partidas de gasto público e ingresos de fondos estructurales en los años previos a 2001, cuando Grecia entró en la Eurozona. En otras palabras: si la trampa, descrita como un 'enorme problema' por Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, hubiese sido descubierta a tiempo, Grecia probablemente no hubiera entrado en la moneda única.

La zona del euro no ha realizado nunca un plan de rescate coordinado

Las agencias de calificación de riesgos, que este mes han rebajado fulminantemente la nota a la deuda helena, contribuyeron, con análisis equivocados, a la amplificada fragilidad económica actual. 'Tres primeros ministros fueron extremadamente duros en la última cumbre de jefes de Gobierno de la UE al criticar el papel de estas agencias', asegura un alto funcionario español, que tiene claro que los miembros del euro harán todo lo posible por evitar un nuevo deterioro de la economía griega.

Bruselas no quiere dar ayudas antes de que se pongan en marcha reformas

Pero la solución no será fácil. El libro de instrucciones de la Unión Monetaria no prevé un rescate coordinado, a diferencia de los ya practicados, junto con el FMI, en países como Hungría, Letonia o Rumanía. Antes de recurrir a un préstamo del FMI, tanto Bruselas como Alemania, corazón de la eurozona, aseguran que los países de la moneda única tendrán que intervenir.

'Lo que pasa en un Estado afecta a los demás, sobre todo teniendo la misma divisa, por lo que tenemos una responsabilidad común', recordó Angela Merkel. Eso sí, en Bruselas se da prioridad a las reformas del nuevo Gobierno, argumentando que el envío ahora de un chaleco salvavidas perjudicaría a una posible recuperación autónoma.