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La crisis y los aniversarios "incómodos" marcan la sesión anual de la Asamblea Nacional Popular

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La crisis que golpea a la economía china y los aniversarios que este año conmemoran muchos grupos opuestos al régimen comunista marcan la sesión anual de la Asamblea Nacional Popular (Legislativo), que comienza hoy, jueves.

Las medidas que China, tercera economía mundial, ha de tomar para frenar los efectos de la crisis, serán el principal tema a debate en las reuniones de los 2.985 legisladores llegados de toda la geografía china.

Una reunión que, en este 2009 de estrecheces, durará nueve días, en lugar de las dos semanas de años anteriores.

Como siempre, las reuniones se celebran en un Gran Palacio del Pueblo (ala este de la plaza de Tiananmen) rodeado de máximas medidas de seguridad.

Este especial celo está relacionado con el hecho de que la ANP coincida con dos fechas delicadas y en las que Pekín está preparada ante posibles protestas: el 10 de mayo se conmemoran 50 años de la revuelta tibetana que terminó con el exilio del Dalai Lama, y el día 14 es el primer aniversario de las revueltas de 2008 en Lhasa.

Además, en junio se celebran 20 años de la matanza de Tiananmen, cuyas víctimas y activistas están pidiendo a la ANP que reabra el caso con un recuento oficial y exigen responsabilidades políticas.

Frente a estos posibles focos de tensión, la ANP se centrará, según destacó hoy su portavoz, Li Zhaoxing, en cuestiones económicas como aprobar los presupuestos generales de 2009 y, sobre todo, el paquete de estímulo para hacer frente a la crisis económica.

Ese paquete fue anunciado por el Gobierno en noviembre pasado, por valor de 4 billones de yuanes (586.000 millones de dólares, 465.000 millones de euros), y ya ha comenzado a ser aplicado, pese a estar pendiente de la aprobación legislativa.

Se espera que el primer ministro chino, Wen Jiabao, coloque en su discurso como meta central el lograr que China crezca este año al menos un 8 por ciento, dado que ése es el índice que los expertos consideran mínimo para que en el país asiático se siga creando empleo y no haya excesivos desórdenes sociales.

La crisis simultánea en Estados Unidos, Europa y Japón ha provocado una caída de las exportaciones chinas, en las que el país ha basado su asombroso crecimiento en las últimas tres décadas, y el resultado más inmediato ha sido la pérdida de empleo de 20 millones de obreros inmigrantes procedentes de las áreas rurales.