Publicado: 19.11.2013 15:59 |Actualizado: 19.11.2013 15:59

Cristina Fernández asciende en su nuevo gabinete al ideologo de la expropiación de YPF

La presidenta argentina vuelve, tras un mes y medio de convalecencia, renovando su Gobierno

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Tras pasar más de 40 días de reposo por una neurocirugía, la presidenta argentina ha retomado sus funciones con el cambio de gabinete más importante de su segunda legislatura, y uno de los más relevantes desde que el kirchnerismo llegó al poder en 2003.

A través del portavoz presidencial, Alfredo Scoccimarro, la mandataria dio a conocer unos relevos que oxigenan el Gobierno en estos dos últimos años de su gestión y con los que delega la toma de decisiones a funcionarios con iniciativa propia.

La designación principal es la de Axel Kicillof como nuevo ministro de Economía, lo que viene a confirmar la confianza in crescendo que Cristina Fernández depositó en este economista de 42 años, promotor de la expropiación de las acciones de YPF a Repsol.

Kicillof tiene amplia experiencia en el ámbito universitario, en donde se ha desarrollado como docente e investigador. De alto perfil y con una ideología sustentada en la intervención estatal, el economista comenzó a trabajar en 2009 en la administración pública como gerente de Aerolíneas Argentinas, cuando la empresa ya había sido nacionalizada.

Estudioso de John Maynard Keynes, y de estilo informal y carismático, Kicillof enfrentó ese año al grupo empresario Techint para defender un directorio estatal en la mayor empresa siderúrgica de Argentina, Siderar. El mismo espíritu combativo mantuvo frente a Repsol cuando impulsó la expropiación del 51 % de las acciones de YPF.

Con acceso directo a la presidenta, desde 2011 era el viceministro de Economía, y ahora pasa a sustituir a Hernán Lorenzino, que era uno de los ministros más desprestigados del Gobierno. Kicillof, en cambio, ha conseguido en pocos años revestirse de una autoridad que puede darle cierto margen de maniobra para tratar de combatir la inflación y para frenar la pérdida de reservas.

La presidenta de Argentina reaparece en un vídeo agradeciendo el apoyo durante su baja. ATLAS

El cambio en el sector económico viene acompañado del reemplazo de la presidenta del Banco Central, Marcó del Pont, con la designación de Juan Carlos Fábrega, un burócrata que empezó como empleado del Banco Nación en 1969 y en donde prosiguió durante más de 46 años hasta llegar a presidir la institución.

Otro de los cambios de peso con los que Cristina encara esta nueva etapa de su Gobierno desplaza al hasta ahora jefe de gabinete de ministros, Juan Manuel Abal Medina, para darle mayor protagonismo al gobernador de la provincia del Chaco, Jorge Capitanich, que obtuvo excelentes resultados en las últimas elecciones legislativas de hace menos de un mes.

Capitanich era uno de los nombres que sonaba como posible candidato oficialista a la presidencia en 2015. Con su nuevo nombramiento, se admite la importancia que tiene el poder territorial en medio de un juego de fuerzas que ya se está movilizando de cara a las elecciones presidenciales de dentro de dos años.

Los cambios que ha llevado a cabo la presidenta no son un simple intercambio de marionetas

La última renovación en el elenco ha sido la del ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca. Norberto Yahuar deja paso al técnico Carlos Casmiquela, titular hasta ahora del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), y que plantea dos novedades principales: la primera, priorizar la producción de trigo y maíz ante la creciente sojización del país; la segunda, reanimar el diálogo con las autoridades de las principales organizaciones rurales, que tienen mucho peso en el interior del país y que están enemistadas con el Gobierno desde 2008.

Los cambios que ha llevado a cabo la presidenta y que habrá reflexionado en este mes y medio de ausencia forzada no son un simple intercambio de marionetas. Argentina tiene un sistema presidencialista donde casi todo el peso del Gobierno lo lleva la mandataria, como sucesora del movimiento y del Ejecutivo que encabezó su marido, el fallecido Néstor Kirchner. Sus problemas de salud son, de alguna manera, una llamada de atención que también tuvo su antecesor mientras estuvo en el poder.

Con estos relevos, el oficialismo busca desprenderse del inmovilismo en el que parecía atrapado en los últimos meses. Cristina Fernández lidera una vez más este proceso, pero lo hace delegando poder y tratando de reforzar áreas tan importantes como la económica. Para ello, confía en funcionarios que ya pisaron fuerte a lo largo de su trayectoria y en donde, en esta ocasión, pesa más el empuje propio que tienen y el dinamismo que pretenden trasladar al Gobierno que la hipotética acumulación de poder que podría encumbrarlos en un futuro no tan lejano.