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Cuatro años después de la caída de Lehman Brothers sólo queda Merkel

El sábado, día elegido por los sindicatos para manifestarse contra los recortes, se cumplen cuatro años de la explosión de la crisis en EEUU, que forzará cambios de Gobierno en los principales países europeos

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El sábado, día elegido por los sindicatos españoles para movilizarse contra los recortes de Mariano Rajoy, se cumplen cuatro años del hundimiento de Lehman Brothers, detonante decisivo del inicio de la peor crisis que haya vivido Europa desde la II Guerra Mundial.

En este tiempo, las sociedades europeas han asistido a un recorte brutal de sus derechos democráticos con la guadaña de la austeridad. Francia, España, Reino Unido o Italia, las principales potencias, han experimentado unos cambios de Gobierno impensables en aquel momento. En el caso del último, un equipo de tecnócratas se puso al frente del país sin pasar por las urnas. Gordon Brown, Nicolas Sarkozy, Silvio Berlusconi o José Luis Rodríguez Zapatero, sucumbieron sin remedio al azote de la crisis.

El único líder que queda en pie de las cinco naciones más importantes de la Unión Europea es Angela Merkel. De ella ha salido en gran parte la imposición de esas políticas que todos sufrimos ahora en nuestros bolsillos, en nuestro futuro o en nuestros ánimos. Alemania celebrará elecciones en 2013, algo que no hay que pasar por alto porque es una de las claves por las que la canciller se ha mantenido tan recta en su manera de ver la política económica. Manteniendo los privilegios de su banca y contentando a los empresarios alemanes podría esquivar cualquier riesgo electoral. Más aún con el apoyo de la tan temida troika (Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional y Comisión Europea).

La postura tan cruda que la líder alemana ha tenido con Grecia, incluido un intento poco diplomático de influir en los resultados de la segunda vuelta de las elecciones, o la constante presión sobre Italia y España para que aplicaran recortes en su Estado del bienestar y redujeran su déficit, han provocado un rechazo social contra Merkel y Alemania que inquieta a bastantes personalidades, incluidos algunos mandatarios que están siendo víctimas de ese rigor. 

Ya en 2008, tres meses después del colapso de Lehman, el premio Nobel Paul Krugman bautizó a Merkel como 'Frau Nein' (Doña no) por sus reticencias a que Alemania participara en un rescate de la economía europea. Las críticas se han vuelto mucho más crudas a medida que las tijeras han ido haciendo jirones a los socios de la Eurozona con más dificultades. En su paso por Madrid hace una semana, la canciller se encontró con la bienvenida del movimiento 15-M y de Democracia Real Ya, que se manifestaron durante todo el día contra la política 'neoliberal que nos quiere imponer a base de recortes en los derechos más básicos'.

'No creo en absoluto que esté cuajando un sentimiento de germanofobia. Se están entonando voces contra las políticas de austeridad, que es cosa muy distinta' explica a Público el profesor de Ciencia Política y Sociología de la Universidad Carlos III de Madrid, Joan Pere Plaza, que además no ve en Merkel la única responsable de la oleada de recortes.

'Es sólo un actor más en todo el equilibrio inestable que representa la Unión Europea. Además, tiene sus propias tensiones con actores que, a priori, parecería que están de su lado, como lo puede ser el Bundesbank. La austeridad deriva en parte de uno de los signos distintivos de esa institución: el sometimiento de la inflación (con evidentes raíces históricas)', añade.

Para Francesco Saraceno, miembro del Observatorio Francés de las Coyunturas Económicas y profesor de Economía europea en la facultad de Science Po de París, el movimiento antialemán está provocado primordialmente porque 'Alemania no ha dejado de utilizar el discurso de que la crisis se debe a la indisciplina económica de los países del sur. Por el contrario, creo que el mayor problema son los desequilibrios globales que ha causado el euro, cuya única solución puede ser una estructura federalista y fiscal común'.

Según Saraceno hay que remontarse a 2009 para entender por qué la apuesta de Merkel por el rigor no llegó en el momento adecuado. 'Los planes de estímulo que se aplicaron ese año fueron extremadamente eficaces para evitar lo que podría haber sido una recesión como la de los años treinta', explica a Público.

'Brown tenía propuestas mucho más razonables para salir de la crisis que las de los apóstoles de la austeridad 'El problema no fue el estímulo sino la vuelta a la disciplina económica. Esto se hizo demasiado pronto y ha quedado demostrado que las finanzas públicas no estaban preparadas para recoger el testigo. Angela Merkel incorporó la fórmula del rigor en ese momento. Algo en lo que, por cierto, estaba de acuerdo con Trichet, Barroso y otros', añade.

Uno de los máximos exponentes del estímulo económico fue el exprimer ministro Gordon Brown, que trató por todos los medios de convencer a los países de la UE de que inyectando dinero en la economía y obligando a los bancos a prestarlo a las familias y las empresas se evitaría el desastre.

'Creo que Gordon Brown tenía propuestas económicas mucho más razonables para salir de la crisis que las de los apóstoles de la austeridad pero acabó pagando las consecuencias de su falta de carisma y los muchos años que llevaban los laboristas en el poder', dice Saraceno. Para él, 'todos los líderes que han caído han sido víctimas de la crisis económica'.

Portugal, Grecia, Irlanda, Holanda, Rumanía o Polonia, por citar sólo algunos, se han visto también obligados a cambiar a sus Gobiernos -incluso en varias ocasiones- por el colapso de la economía. Al tiempo, los políticos han sido sustituidos por los tecnócratas procedentes de las instituciones europeas, del Banco Central Europeo, del Fondo Monetario Internacional y hasta de entidades como Goldman Sachs, encargado de maquillar las cuentas que llevaron a Grecia a la quiebra.

'Los mercados no están locos y saben que cuando más dinero se gana es cuando la economía está más sana' Grecia, que en noviembre de 2011 vería cómo la troika le imponía como primer ministro para pilotar la bancarrota a Lukas Papadimos, exconsejero de Goldman Sachs.

La llegada de François Hollande a la presidencia francesa fue interpretada desde el primer momento como el signo de que el rumbo de Europa podría cambiar de la noche a la mañana. El socialista parecía el salvador de Europa pero Plaza y Saraceno son bastante realistas al respecto: 'Por sí solo no lo podría hacer en un sistema político nacional, menos en un entorno como lo es el sistema político de la UE donde las decisiones son el resultado de un proceso que no encaja en los patrones del Estado nacional clásico', dice el primero. 'Otra cosa distinta es que un político sea capaz de arrancar una dinámica de cambio determinada y que se convierta en su motor. Pero tampoco creo que ese sea su lugar', añade.

'La elección de Hollande hizo de catalizador para un conjunto de países que se oponen a la austeridad. No porque sean unos derrochadores, sino porque la austeridad está asesinando la economía. Sin embargo, esto no ha pasado y Hollande se ha despegado sólo de modo marginal del mantra del déficit cero', explica Saraceno. El profesor cree incluso que 'Hollande puede haber avivado la llama especulativa contra España e Italia. El Gobierno francés tuvo miedo de que hacer mucho énfasis en las políticas keynesianas pudiera desatar la ira de los mercados. Creo que esto está injustificado. Los mercados no están locos y saben que cuando más dinero se gana es cuando la economía está más sana'.