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Cuatro leoneses juegan con la imaginación en la Biblioteca Nacional

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Cuatro escritores leoneses: Juan Pedro Aparicio, Luis Mateo Díez, José María Merino y Antonio Pereira, han jugado hoy con la imaginación en un "filandón literario" titulado "Letras en la nieve" dentro de la programación de "La noche de los libros".

En este "filandón posmoderno", los cuatro participantes han leído narraciones cortas de amor y desamor, de vida y muerte, antiguas y contemporáneas, inquietantes y divertidas.

"Filandón" es una vieja palabra dialectal leonesa de etimología latina, derivada de "filum", hilo, que designaba las reuniones vecinales para contar historias y tradiciones al amor de la lumbre, después de la cena, mientras las mujeres hilaban y los hombres trenzaban el mimbre.

"Esto es una especie de festejo de la palabra narrativa", ha dicho el académico de la Lengua Luis Mateo Díez, quien ha reconocido que, en un Día del Libro, este acto adquiere "una significación especial".

Se trata de "rememorar esa vieja idea de que hay que comunicarse" y recordar que "la invención, el cuento y el relato contienen elementos misteriosos de la sabiduría de la vida", ha explicado Mateo Díez.

En sus lecturas, el autor de "La fuente de la edad" ha hecho una incursión "muy lejos" con un texto "sorprendente" de "Las mil y una noches", después de recordar la fascinación que tenía cuando era niño por los forasteros ó contar una breve historia titulada "Amantes".

José María Merino, elegido recientemente miembro de la Real Academia Española, ha comentado que este encuentro literario tiene la "patente de corso" del "micro-relato" o "nano-cuento", cuya justificación histórica se remonta al siglo IV antes de Cristo.

Merino ha leído "Ecosistema", un cuento de "especies arbóreas"; "Mosca", una historia de ecología; "Satánica", otro relato "familiar" y uno de amor, titulado "Pie", entre otros.

También ha dado lectura a "El futuro", un inédito que ha escrito hoy mismo en Barcelona: "En los pétalos de los libros y en las páginas de las rosas estuvieron escritas las mejores historias que el ser humano pudo imaginar, pensó cuando ya ni los libros ni las rosas existían".

Juan Pedro Aparicio ha opinado que "el relato, cuanto más corto, más necesita del lector" y lo ha comparado con un "iceberg", en el que "asoma una parte de toda la masa que tiene".

Aparicio, quien ha leído cuentos como "Un hombre bueno" ó "Amor exprimido", ha resaltado el poder de "sugerencia" de los micro-relatos.

Después de pedir un pacto entre el escritor y el público para "la suspensión momentánea de la incredulidad" y pensar que "está nevando" y "esto es un filandón", Antonio Pereira ha divertido a los asistentes con nano-relatos "muy bonitos" como "mira que si nos quitan lo bailado", firmado por un pesimista, o la "novela de terror" protagonizada por alguien que "despertó y estaba recién afeitado".

"Los cuentos deben ser trascendentes y deben tener una cola para que el lector los complete si quiere y puede", ha apuntado Pereira, antes de leer una hilarante novela brasileña de "ocho renglones" y otro relato de "hermoso" título: "Lenta es la luz del amanecer en los aeropuertos prohibidos".