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Cuidado con los cazaprimas

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La apuesta por la investigación intensiva en el campo de las energías renovables es de sentido común y no puede sino ser aplaudida por alguien en su sano juicio.

En particular, el aprovechamiento de la energía que nos llega del sol mediante la utilización del efecto fotovoltaico deber ser fuertemente apoyado. Sin embargo, su rendimiento normalmente es del orden del 15% y en el país líder mundial, Alemania, con 10 millones de m2 instalados, supone menos del 1% de la potencia eléctrica total producida.

Por tanto, plantear de manera más o menos explícita que su uso masivo (junto a un contundente ahorro energético) puede suponer la solución a nuestra dependencia energética,
no pasa de ser una declaración sin fundamento, cuando no demagógica. 

La fotovoltaica ha vivido en nuestro país un desarrollo espectacular. Los llamados huertos solares proliferan por doquier (no así las instalaciones domésticas), hasta el punto de que conseguir el ansiado silicio se ha convertido en tarea ardua, cuando no imposible. Tal es la demanda, que me recuerda, en cierto sentido, la de ladrillos en la época de locura especulativa y constructora que acaba de finalizar.

Algo debe sugerirnos el hecho de que el precio del kWh fotovoltaico vertido a la red es, por ley, un 575% del normal, irresistible para los abundantes empresarios cazasubvenciones que pululan por nuestro suelo, los cuales, por cierto, no andan muy contentos últimamente con el plan del Gobierno de rebajar algo el mismo.

¿Dónde están los que realmente apoyan la investigación? ¿Quedaría algo de su novedoso entusiasmo por las renovables si algún día las subvenciones directas o indirectas desapareciesen?

* Profesor de Física de la Universidad de Sevilla