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"La cumbre debe reafirmar la autoridad política frente a los mercados"

Michel Barnier, comisario de Mercado Interior y Servicios Financieros, pide un "mensaje claro" a los dirigentes europeos

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El comisario de Mercado Interior y Servicios financieros acude a la entrevista directamente desde el aeropuerto. Michel Barnier (1951, La Tronche, Francia) acaba de llegar de uno de sus viajes a EEUU, la cuna de la crisis, donde viaja a menudo para intentar coordinar una avalancha de reglas que pretenden acabar con lo que alguna vez ha descrito como el 'salvaje oeste' en el que creyó vivir el sistema financiero. Su trabajo, por ahora, luce poco. Muchas propuestas, como una normativa de las agencias de calificación de riesgos, están por venir. Las que ya están en vigor, como la nueva supervisión financiera, no han puesto coto a la desconfianza que atenaza a España e Italia en una semana clave para el futuro del euro.

El viernes se publicaron los test de estrés a la banca que, según usted, la llevarían a 'hacer mejor su trabajo de apoyo a la economía', pero la prima de riesgo de España se ha disparado. ¿Qué ha fallado?

Debemos mantener la sangre fría ante los mercados. Desde hace tres años, afrontamos una crisis que no ha acabado, aunque algunos bancos digan que sí, que la suya sí lo ha hecho. Necesitamos dar una respuesta global y coherente, en la que los bancos son sólo uno de los elementos.

Tras todo ese tiempo, la respuesta definitiva no ha llegado aún.

Es verdad que trabajamos con unos tiempos más lentos que los de los mercados financieros, que son muy rápidos e imaginativos, y reaccionan al segundo. Pero los mercados deben saber que reaccionamos con determinación para restablecer la confianza. Las pruebas de resistencia son parte de la solución. Han sido objetivas, serias y creíbles, y creo que hemos mejorado la metodología desde el año pasado, pese a algunas críticas contradictorias. Algunos dicen: 'Han anticipado las reglas de Basilea sobre el capital' [a las que aún les quedan años para ser obligatorias globalmente]. Otros, que no se ha tenido en cuenta suficientemente el riesgo de exposición a la deuda soberana. Esas críticas me hacen pensar que el camino elegido por la Autoridad Bancaria Europea (EBA) es equilibrado y justo. Exigió transparencia de todos los bancos, de todos los países y de toda la exposición. Ahora, cualquiera puede utilizar sus métodos y calcular quién es el más frágil y quién es el más expuesto. En septiembre presentaré un marco de resolución de crisis bancarias. La supervisión es otro elemento que hemos lanzado. Necesitamos una supervisión externa y otra interna, un buen gobierno de las entidades, del capital...

La crisis de deuda actual no es consecuencia del estado del sector financiero, sino quizás una de sus acciones.

Los retos no están sólo en el sector financiero. El endeudamiento es otro de ellos y tiene relación con la confianza. Es un problema de los gobiernos: la buena gestión del país, el control de la deuda. No podemos esperar crecimiento con deudas. Debemos ser muy cuidadosos y proteger a las futuras generaciones. Todos los países europeos deben hacer en esta crisis un examen de conciencia, tanto si están en el euro como si no.

¿Se necesitan más medidas de austeridad en los países que luchan en vano por recobrar su credibilidad, como España?

No sé si la palabra es austeridad o, más bien, rigor y buena gestión. Hace falta decir la verdad a los ciudadanos y comportarse responsablemente. Lo están haciendo en Portugal dirigentes de derecha e izquierda y, en Francia, candidatos de izquierda a las elecciones presidenciales. Debemos respetar a las futuras generaciones sin firmar cheques en blanco.

¿Quiénes son los especuladores? ¿Puede ponerles nombre?

No puedo decírselo, pero sí quiero saberlo. Todo lo que estamos haciendo con la regulación sobre ventas a corto [productos altamente especulativos], que debería votarse en las próximas semanas, con los derivados... debe llevar a la transparencia. Es el único método de reducir la hiperespeculación. Podemos, bajo ciertas circunstancias, prohibir algunas operaciones, al menos temporalmente. Pero, de manera general, lo importante es saber quién hace qué, algo que no es posible hoy: registrar todas las operaciones, y que los supervisores estén al corriente y tengan todos los datos.

¿Ocupan los mercados el vacío de poder dejado por la política?

La democracia exige que el poder político tenga la última palabra. Debe imponerse. Eso vale, por ejemplo, para las agencias de calificación, para las que vamos a definir sistemáticamente el lugar y la importancia de sus análisis.

Merkel apoya la idea de una agencia europea. ¿Sería creíble?

Hacen falta más agencias. No tienen por qué ser públicas. Es crucial aumentar la competencia y reducir la dependencia, pero también hay reglas de buena gestión [presupuestaria] que deben ser respetadas por todos.

En ellas pone el acento Berlín, pero cosecha críticas crecientes por dificultar el fin a la pesadilla que afrontan muchos países. ¿Pone palos en la rueda?

No lo creo de Alemania, ni de su canciller. El euro no existiría si Alemania no hubiese querido, como Francia en su momento. Alemania ha estado en primera línea para crear los instrumentos de gobierno económico que deberíamos tener desde hace 10 o 15 años y tiene una cultura de estabilidad presupuestaria en la que los demás países deberían inspirarse. Alemania está donde debe estar, teniendo en cuenta un debate político difícil al que hay que prestar atención.

¿Qué espera de la cumbre de líderes del jueves? ¿Hace falta un plan B para Grecia?

Lo que deben hacer es que funcione el plan A.

Si el plan A es el rescate del año pasado, quizás mejor otro, ¿no?

Todos saben que se necesita un esfuerzo complementario. Espero de los líderes, del presidente de la Comisión y del BCE que reafirmen la autoridad política frente a los mercados con un mensaje muy claro.

Se baraja la compra de deuda por parte del fondo de rescate, que ha llevado a varios países a rescatar la idea de emitir deuda europea a través de eurobonos.

En teoría, es una idea justa. En la Comisión, hemos trabajado en bonos de proyectos de infraestructuras, para mejorar las comunicaciones y la penetración de internet... Lo hemos propuesto para el presupuesto 2013-20 de forma muy concreta y operacional. Pero, hoy, la cuestión es reducir la deuda y el déficit, no en aumentarlos.