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"Una cumbre es como una guerra"

Dos asesores de la ONU explican los entresijos de las reuniones sobre el clima en vísperas de la cita danesa

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Toda cumbre sobre el clima, como la que comienza el lunes en Copenhague, deja tras de sí grandes titulares, pero también una intrahistoria que no suele salir a la luz. Consensuar un acuerdo entre más de 190 países y 20.000 delegados no es una tarea fácil, y en las negociaciones, muchos representantes hacen patente su escaso interés por que ese diálogo se convierta en acuerdo. Así lo explican Michael Monaghan y Nieves Álvarez, que tienen 20 años de experiencia como asesores en las cumbres de la ONU que han precedido a Copenhague, como la de Río de Janeiro en 1992 o la que alumbró el Protocolo de Kioto en 1998.

'En un convenio celebrado en Bahamas, algunos representantes se pasaban el día en la playa en vez de estar trabajando en la reunión', lamenta Álvarez. Esta experta de la Dirección para la Protección de la Naturaleza del Consejo de Europa, en Estrasburgo, trabajó para la ONU como coordinadora y enlace con las ONG en Río y otras reuniones.

'En algunas cumbres hubo sesiones de 34 horas de trabajo continuo'

'Algunas veces escuchas cosas increíbles', comenta Monaghan, pareja de Álvarez. Este experto de la ONU participó en las negociaciones de Río y Kioto y fue asesor del Gobierno británico. 'En una ocasión, el Gobierno de Indonesia demandaba su derecho a tener Coca-Cola', recuerda. Matiza que en muchas ocasiones también queda sin reconocer el duro trabajo que se realiza entre bambalinas. 'Uno tiene la idea del glamour que aparece en la televisión', comenta, 'pero en algunas cumbres hubo sesiones de 34 horas de trabajo continuo, sin dormir'.

'Una cumbre puede llegar a ser como una guerra, pero sin armas', destaca Álvarez. 'Tanto en cambio climático como en biodiversidad, los negociadores de países como India, Brasil o Bangladesh están muy bien informados, y las negociaciones son muy duras', destaca.

Los asesores alertan del peligro de que no haya acuerdo en Dinamarca

Los expertos inciden en la importancia de que a estas reuniones acudan representantes de máximo nivel, sobre todo en el caso de los países más poderosos. 'El hecho de que [Bill] Clinton enviara a Al Gore a Kioto en su lugar ya fue un indicador de la posición estadounidense acerca de la firma del protocolo', recuerda Mona-ghan. 'Gore intentó mejorar su posición dentro de un muy pequeño margen de maniobra, pues el poder de empresas y países petrolíferos era y sigue siendo enorme', añade.

En esta ocasión, el presidente de EEUU, Barack Obama, ha anunciado que visitará la cumbre de Copenhague el miércoles, pero aún no ha confirmado si estará para la firma del acuerdo final, que está prevista para el 18 de diciembre. Álvarez alerta de los peligros que tendría no llegar a un acuerdo, pues el cambio climático se ha convertido en un problema de dimensiones globales que afecta a todos los países, incluso a los que niegan el calentamiento. 'Muchos no se dan cuenta de que ahora se trata de nuestra propia supervivencia', concluye.