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Daniel Barenboim se muda al oeste de Berlín con una "Metanoia" de alto riesgo

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El director argentino-israelí Daniel Barenboim abre mañana la etapa de la Staatsoper en su domicilio provisional del oeste del Berlín, con el estreno de "Metanoia", obra póstuma del "enfant terrible" de la escena alemana Christoph Schlingensief, fallecido el pasado agosto.

Estrenar la Staatsoper fuera de su emplazamiento clásico, en el este, y trasladarla a 200 metros de la que durante décadas fue su rival occidental, la Deutsche Oper, coincidiendo además con la fiesta nacional del Día de la Unidad, entrañaba de por sí un riesgo.

Barenboim y el director general de la casa, Jürgen Flimm, redoblaron el efecto de desafío, al elegir para la ocasión una ópera de un compositor contemporáneo, Jens Joneleit, sobre "El nacimiento de la tragedia desde el espíritu de la música" de Friedrich Nietzsche, a su vez inspirado en la música Richard Wagner.

El tándem directriz de la Staatsoper añadió al conjunto un último elemento arriesgado: Schlingensief, dramaturgo, cineasta y eterno provocador de la escena germana, quien en 2004 levantó las iras en el templo wagneriano de Bayreuth con un controvertido "Parsifal".

Schlingensief no pudo culminar su obra, al fallecer este agosto con 49 años, tras una larga lucha contra el cáncer que convirtió en objeto escénico, en 2009, a través de "Oratorio", una misa de resurrección, compuesta cuando daba por superada su enfermedad.

Barenboim y Flimm, junto a Joneleit, decidieron no buscarle un sustituto, sino que se repartieron la tarea de reflejar, con el máximo de fidelidad, el espíritu trasgresor de Schlingensief.

"Metanoia" se pondrá en escena este domingo, como colofón del vigésimo aniversario de la entrada en vigor del Tratado de Unidad, el 3 de octubre de 1990, que consumó el proceso de reunificación precipitado por la caída del Muro, el 9 de noviembre de 1989.

Con este cóctel de desafíos Barenboim abre la etapa de provisionalidad de la Staatsoper en su domicilio transitorio del Schiller Theater, mientras se remodela y restaura su edificio de la Avenida Unter den Linden, en el este de la ciudad.

El director y pianista convirtió ya la mudanza de su orquesta en un evento ciudadano, al trasladarse con los miembros de su orquesta, dos semanas atrás, en una barcaza por los canales berlineses hasta la Bismarkstrasse.

Mientras duran las obras, estará en directa vecindad con la Deutsche Oper, abierta en los años 60 en el sector occidental para remediar el vacío operístico dejado por la partición de la ciudad.

El programa de la primera temporada es ambicioso. A "Metanoia" seguirán las dos primeras piezas de un nuevo "Anillo del Nibelungo", -"El Oro del Rin" y "La Valquiria"-, dirigido por Guy Cassiers y co-producidas por La Scala de Milán.

Le seguirán otras ocho premières -cuatro de las cuales, dirigidas por Barenboim-, para la primera temporada de provisionalidad y mientras le adecentan el edificio de la Unter den Linden, al que tiene previsto regresar en 2013.

La mudanza de la Staatsoper estuvo precedida de una puesta a punto del Schiller presupuestada en 24 millones de euros (32 millones de dólares).

El saneamiento del viejo edificio de la Staatsoper costará otros 240 millones de dólares (321 millones de euros).

No será la ambiciosa remodelación que Barenboim quería para la ópera que dirige desde 1992, tanto por razones presupuestarias como de protección del patrimonio.

El edificio de la Staatsoper fue construido entre 1741 y 1743 de acuerdo a los planos del arquitecto Georg Wenzeslau y quedó reducido a cenizas por los bombardeos aliados de la Segunda Guerra Mundial.

Las autoridades de la República Democrática Alemana (RDA) lo reconstruyeron más o menos fielmente de acuerdo a ese original.

Barenboim defendía que no había por qué sujetarse al respeto al patrimonio arquitectónico para lo que de todos modos no era el original, sino un falso rococó de los años 50.

Pretendía una solución más rupturista, pero se impuso la solución continuista -y económica- del alcalde-gobernador, Klaus Wowereit, que mejora la acústica del auditorio a costa de sacrificar algo de aforo, pero respetando la estructura del edificio.