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Darío Villalba exhibe su obra más reciente en la Galería Marlborough

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Los trabajos más recientes de Darío Villalba, alrededor de cuarenta imágenes en blanco y negro y en color, se exhiben en la exposición que se inaugura hoy en la Galería Marlborough.

Abierta hasta el 11 de octubre, está exposición supone un reto para el artista después de la antológica que le dedicó el Museo Reina Sofía el año pasado. "Creo que refleja mi estado actual estético, reforzando siempre en los parámetros de la energía y piedad en la sacramental del ser humano, rescatando siempre las imágenes que me producen más vértigo"

Obras como el tríptico de "El Niño Gitano" resumen su actitud de la fotografía como pintura. "Estoy contento por lo rotundo y a la vez poética realización de estos cuadros que demuestran el fecundo momento creativo que estoy atravesando".

Sobre esta obra, Francisco Calvo Serraller comenta en el texto introductorio del catálogo que no sólo da la pauta de la exposición, "sino, sobre todo, a través de ella, nos acerca al estado actual de creación de su autor".

El tríptico, aunque lo dice todo sobre su autor y obra, "nos obliga a mirar con más atención el resto de lo que ahora Villalba nos presenta, porque, resulta que, de nuevo, revuelve retrospectivamente toda su trayectoria al reinventarse un nuevo final y otra manera diferente, si se quiere, de abordar sus principios".

Darío Villalba (San Sebastián 1939) es uno de los artistas influyentes es las últimas décadas y una referencia en el desarrollo del arte posterior a la abstracción informalista que se desarrolló en nuestro país a finales de los años cincuenta.

Su trayectoria artística comenzó a mediados de los años 60 abordando la problemática de las imperantes vanguardias, pero desde una órbita muy personal, configurando un estilo propio que definió muy tempranamente el conjunto de su obra al ser pionero en la utilización de la fotografía como pintura.

El uso que hizo de la fotografía le distanció de otras prácticas artísticas del momento. Los artistas interesados por la corriente del pop, utilizaban la fotografía como divulgación o banalización de las imágenes de consumo, mientras que los interesados por el arte conceptual, la empleaban como huella o testimonio de las ideas o como documento de sus propias obras.

Villalba decidió adoptar la trama fotográfica, fría y distanciadora, como pintura, como un soporte apto para recoger las emociones y las pulsiones que el artista necesita transmitir, y lo hace interviniendo las superficies con trazos, brochazos de pinturas, huellas de barniz, fragmentando y modificando los encuadres, velando y desvelando las imágenes.

Imágenes, unas veces encontradas en archivos o revistas, y otras, de fotos realizadas por él mismo, que selecciona, fragmenta y descontextualiza utilizándolas como fuente iconográfica.

La fotografía, utilizada como fuente de iconos, le permite liberarse de la ejecución manual e involucrarse más en la intención que en la acción, aportándole una gran y enriquecedora libertad lingüística. "En mi obra -ha declarado- la pintura es fotografía y la fotografía es pintura".