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David Grossmann o la convicción de que la paz en Oriente Medio es posible

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El escritor israelí David Grossmann se ha impuesto a sí mismo la tarea de convencer a sus compatriotas y a sus vecinos palestinos de que una paz en Oriente Medio, que muchos de ellos no pueden siquiera imaginar, es posible y no una ficción.

"La palabra 'shalom' (paz, en hebreo) es algo que en Israel pronunciamos constantemente y es la primera palabra que uno aprende a escribir en el colegio", dijo Grossmann hoy en la Feria del Libro de Fráncfort, donde mañana recibirá el Premio de la Paz de los Libreros Alemanes.

"Shalom expresa además el deseo de toda persona de vivir en paz pero en los últimos tiempos la palabra en Israel se ha tergiversado y la vivimos casi como una alucinación", agregó el autor de "La vida entera".

En ese libro, su último traducido, Grossmann cuenta la historia de una mujer que pierde a su hijo. Grosmann también perdió a un hijo en el conflicto de Oriente Medio. La guerra para él, como para todos en Israel, no es una ficción sino una realidad cotidiana.

Hoy, en Fráncfort, Grossmann recordó como en un tiempo él y su mujer habían pensado prohibir a sus hijos ver películas de horror para proteger su psique pero llegaron a la conclusión de que lo que veían todos los días en la noticias era mucho más horrible que cualquier invento cinematográfico.

Todo eso, hace que la palabra "shalom" resulte difícil de llenar de contenido y muchos tienden a aceptar la guerra como un estado natural. Grossmann se rebela contra ello en sus ensayos y en sus novelas.

"Lo que intento es mostrar que hay una alternativa a esa situación y que no hay un mandato divino que nos condene a vivir en guerra", dijo Grossmann.

"El ser humano es tremendamente adaptable y se acostumbra a cualquier cosa y puede terminar adaptándose a situaciones dementes, entonces hay que mostrar que hay otras posibilidades", agregó.

El camino hacia la paz, para Grossmann, pasa por tratar de entender la visión de realidad que tienen los otros. "Tenemos que entender las historias que los palestinos cuentan, su dolor y su pena", dijo.

La literatura, para él, tiene que ver con eso en la medida en que procura mostrar diferentes perspectivas de la realidad.

Grossmann sabe que, si se miran de cerca las cosas, hay motivos para la desesperación pero no se resigna a ella.

"No me puedo dar el lujo de la desesperación. No soy ingenuo aunque lo parezca y sé donde están los obstáculos para la paz pero en principio soy optimista", dijo.

"En la biblia se dice que el mal está en el hombre desde que nace. Eso puede ser verdad pero también el bien está ahí y lo que hay que procurar es que el bien florezca", agregó.

Interrogado acerca de los polémicos asentamientos judíos en los territorios palestinos, Grossmann dijo que son un grave problema que tiende a quitarle legitimidad a Israel pero subrayó que no son el único obstáculo, ni el principal.

Está, además, la educación para el odio a Israel que se da en el mundo árabe y en Israel, el miedo permanente que les impide a muchos abrirse a la paz, explicó el autor.

"He dicho siempre que los asentamientos son un grave problema, que dificultan la paz y que le quitan legitimidad a Israel. Pero no son el único problema. En el mundo árabe se demoniza a Israel desde las escuelas, Hamas sigue queriendo borrar a Israel del mapa. Hay muchas razones para la desesperación aunque yo me niegue a caer en ella", dijo el escritor.

Grossmann insistió una y otra vez que hay que oír las historias que los palestinos se cuentan para entender las fuentes de sus errores. Los israelíes y los palestinos, según dice Grossmann basado en sus experiencias con los dos pueblos, se parecen mucho y podrían ser buenos vecinos en dos estados distintos.

"No pido más, no pretendo que surja de pronto un súbito amor mutuo", dijo el escritor que siempre se ha mostrado partidario de una solución de dos estados.

De pronto, alguien le preguntó si alguna vez había pensado abandonar Israel. El escritor guardó un breve silencio y luego dijo que, tras su tragedia familiar, se había planteado el tema con su mujer.

"No en el sentido de comprar pasajes de avión para marcharnos de un momento a otro, sino pensando que de no haber vivido en Israel la vida hubiera sido distinta", dijo.

La decisión, añadió, fue clara. "Israel es mi casa y el único lugar donde no me siento extranjero", dijo Grossmann aferrado, pese a todo, a la increíble convicción de que la paz es posible.

Rodrigo Zuleta