Publicado: 25.09.2013 08:14 |Actualizado: 25.09.2013 08:14

David Trueba: "Todas las épocas se confabulan contra los jóvenes"

El director madrileño compite en San Sebastián con 'Vivir es fácil con los ojos cerrados', una película de 'hombres buenos', con Javier Cámara en el papel principal

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Uno de lo hermanos mayores de David Trueba se marchó de casa cuando era adolescente porque su padre quería obligarle a cortarse el pelo. Llegó a Alicante y allí el dueño de un bar le dio trabajo, le acogió y llamó a sus padres para que fueran a buscarle. La anécdota familiar se ha convertido ahora en parte de la nueva película del escritor y cineasta, Vivir es fácil con los ojos cerrados, con la que compite en sección oficial del Festival de San Sebastián.

Javier Cámara, Françesc Colomer y Natalia de Molina protagonizan esta historia de hombres buenos en el sentido machadiano de la expresión. Un relato ambientado a mediados de los sesenta y construido sobre la vida de tres personajes que se encuentran en su viaje hacia la libertad. Ellos son: Antonio, un profesor de inglés que va a Almería donde está rodando John Lennon, porque quiere conocer a su ídolo; Juanjo, un adolescente que se ha fugado de casa, y Belén, una joven veinteañera que se ha quedado embarazada. Es la España de Franco, donde "se vivía el entusiasmo de que podíamos volver a ser Europa". La guinda la pone la fantástica banda sonora creada por Charlie Haden y Pat Metheny, dos grandes del jazz.

¿Por qué ha recuperado esa historia familiar?

No lo sé. Es una historia de mi hermano segundo. Mi madre me ha contado siempre que cuando mi hermano se fue porque no quería cortarse el pelo, yo era un bebé y ella me daba de mamar y se le caían los lagrimones encima mío. Y yo siempre he considerado eso una especie de bautismo. Hay muchas cosas en la película asociadas a la historia familiar y es verdad que el del bar llamó a mi padre, pero mi hermano llegó a Alicante, no a Almería.

¿Las otras historias también son reales?

Se juntó todo, la historia de una prima mía que estaba embarazada... Nada y todo está basado en hechos reales. Es como preguntarse si una historia es de época, yo creo que una película es de tu época cuando tú la haces. Las películas de alienígenas también son de época. El cine de época no existe. Lo que pasa es que a veces para explicarte tu tiempo, necesitas dar un paso atrás, comprendes mejor cómo son ahora las cosas cuando las miras en referencia a cómo eran antes. En eso esta película ha seguido el mismo proceso que Madrid, 1987. Yo miro hacia atrás porque me interesa el presente, no el pasado.

Pues en España no parece que hayamos aprendido mucho a pesar de nuestro pasado.

No hemos aprendido nada. Y el peor error lo estamos cometiendo ahora y es el de no recordar que gente en épocas más tristes, peores que ésta, ha conseguido sin embargo libertad, esplendor, brillo, talento... Ahora vivimos con una sensación de agravio y de tristeza que debemos combatir. Y en eso fue vital esa gente de 1987, ahí surgió una especie de desencanto basado en el cinismo, ya éramos los mejores, ya lo teníamos todo...

¿Lo contrario que en los sesenta?

En los sesenta se vivía el entusiasmo de que podíamos volver a ser Europa. Y había una alegría de vivir y muchas ganas de evadirte del tiempo en que vivías. Esos personajes fueron fundamentales, pero todo eso es algo que hemos perdido y ahora somos mucho más cobardes y tenemos miedo a expresar la alegría de vivir. La alegría de vivir es una obligación.

Esta es una historia de hombres buenos en el sentido machadiano, no hay nada de ese mal rollo que invade España hoy...

Sí, yo ya estuve cuatro años escribiendo una novela, Saber perder, que era fundamentalmente mi sensación de que andábamos sobre arenas movedizas, sobre la idea de que vivíamos una crisis personal y de valores. Entonces todos estaban, sin embargo, celebrando lo bien que nos iba. Así que ahora en plena crisis no tengo ninguna necesidad de incidir en eso. Ya demostré más claridad que el gobernador del Banco de España.

Como dice el personaje de Javier Cámara, ¿lo importante es, sobre todo para los jóvenes, sacudirse el miedo de encima?

Sí. Todas las épocas se confabulan contra los jóvenes, para que los jóvenes sientan que no pueden ser ellos, que no pueden expresarse vocacionalmente ni sentimentalmente ni... A nosotros nos tocó el "cállate y aguanta, si hubieras vivido lo que he vivido yo". Hay que reivindicar lo contrario, con 20 años todas las batallas se pueden ganar, lo tienes todo por inventar. Sí, me molesta mucho la sensación de fracaso.

¿Lennon tiene un significado especial para usted?

No, pero Lennon rodando en Almería entonces era como la llegada del hombre a la luna, algo de mucha relevancia para esa generación. Es metafórico, una especie de sol que iluminaba a sus admiradores. En aquella Almería de entonces, un paisaje "entre lunar y africano", era como un sol que aparecía.

¿Qué necesitaba de los actores para sus personajes?

Me importaba la cuestión de la época, que no fueran excesivamente contemporáneos de aspecto. Javier Cámara podría haber sido un actor de los sesenta, con Landa, López Vázquez... Es un actor campechano y a la vez moderno. Natalia se presentó a la prueba sin acento y yo le pedí que sacara su acento andaluz. Tampoco la percibo por su físico como una chica moderna de hoy. Y Francesc tiene una especie de rusticidad que supongo que se la da el hecho de vivir apartado de una gran ciudad. Me gusta que los personajes tengan la época dentro, prefiero las actitudes antes que las patillas.

Hay en la película un homenaje al cine y a un amor que se tenía por él que hoy ya no existe. ¿Nostalgia?

La película de Manolo Escobar, James Bond, Claudia Cardinale... Entonces el cine formaba parte de la referencia total. En el cine se creaba moda, incluso la españolada influía. El cine hoy ha perdido ese sitio social porque hay más cosas, televisiones, ordenadores, deportes... el cine comparte ahora el entretenimiento.

¿Siente muy local su película?

Cada vez me gusta más hacer películas que sean muy españolas. Y mi experiencia es que fuera gustan más. Me hacía mucha gracia cómo veían los músicos la película, cuanto más local es más universal.

¿Qué espera de San Sebastián?

Mi experiencia es que los festivales tienen cierta tendencia a la negritud, por eso en competición tengo pocas expectativas. Pero creo que es una película asequible para el público. San Sebastián es un buen escaparate y yo he estado con las tres últimas películas, desde La silla de Fernando. Espero que la mezcla que he hecho funcione. Un festival debe servir para rescatar películas que son difíciles de vender.