Publicado: 14.12.2013 08:00 |Actualizado: 14.12.2013 08:00

"Debemos conseguir los papeles, para nosotros no hay marcha atrás"

La Asamblea Solidaria Contra los Desalojos de Barcelona se manifiesta esta tarde en Plaza Catalunya con el objetivo de visibilizar la marginación que padecen miles de migrantes y de reclamar la igualdad de derechos

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"No puedo vivir así ocho o diez años en España, sería inaguantable. Dos o tres años de vida sin papeles es una cosa, pero diez años no me los imagino", se desahoga Ibrahim. Originario de un pueblo cercano a Acra, la capital de Ghana, Ibrahim llegó a nuestras costas en patera hace cuatro años. Sin embargo, aún no tiene el permiso de trabajo. La lucha por los papeles es para él una cuestión de supervivencia: "Debemos conseguir los papeles, para nosotros no hay marcha atrás".

Ibrahim se lanzó al viaje en patera cuando vio que no tenía ningún futuro en su país: "Cuando nos embarcamos en patera sabemos muy bien que es posible no llegar al otro lado. La gente conoce los peligros". En su país ha trabajado de dependiente, sólo su hermano ha tenido acceso a la Universidad: "Allí no todos podemos ir a la escuela, vale dinero. Luego, aunque estudies en la Universidad, para tener un trabajo debes conocer a personas con poder, de lo contrario, es imposible conseguir un trabajo." En todos estos años solo ha visto a su familia por Skype. "Mi madre insiste en que vuelva, y claro que regresaré, pero cuando tenga los papeles", dice Ibrahim. Es el drama de los inmigrantes sin papeles: no pueden volver a su país para ver a su familia porque no podrían entrar de nuevo en España. Sin el permiso de residencia, nuestro país se convierte para ellos en una cárcel al aire libre, y pueden transcurrir más de cinco años hasta que vuelvan a ver a sus familiares o hijos.

Es el caso de Mamadou, que hace seis años dejó Senegal para emigrar a España. Primero llegó a Canarias, y luego saltó a Almería, donde al principio, por no tener la residencia, tenía miedo de ir solo por la calle. Siempre le acompañaba una amiga blanca. Hoy sigue luchando por conseguir los papeles. Dejó en su país a sus tres hijos y desde hace seis años ejerce de padre online. Solo tiene contacto con ellos a través de Internet y del teléfono. No quiere dar su nombre y no quiere aparecer en fotos. La violencia institucional que ejerce la Ley de Extranjería hace que muchas personas sin papeles vivan con el temor diario de que la policía les detenga: "En España me han parado por la calle para pedirme los papeles. Si me paran les digo: No hago nada malo, ¿por qué me van a encerrar?".

Al miedo a la policía se añade la absoluta marginalización, dado que sin los papeles, las personas no tienen acceso a ningún tipo de trabajo o de servicio público. Sus vidas están abocadas a la invisibilidad. Norma Falconi, portavoz de la plataforma Papeles para Todos y para Todas, comenta que "al no tener los papeles, las personas no pueden ir a su familia y decirles algo tan básico como Mira, estamos vivos y sanos. Cuando haces un viaje en patera, la familia no sabe si llegas o no llegas. Por eso, cuando tienen los papeles, ellos pueden decir Existo. Y es eso de lo que la gente no se da cuenta. De que las personas migradas, al no tener papeles, llevan una carga inmensa sobre su espalda."

Sin embargo, conseguir el primer permiso de residencia no equivale a que la persona se haya liberado del acoso de la Ley de Extranjería. El Marinero, como nos pide que lo llamemos, ha vivido durante diez años perseguido por esta normativa. Procedente de Mauritania, llegó a España en 2001 y, aunque consiguió los papeles después de trabajar durante tres años en una obra, ahora la burocracia vuelve a hacerle la vida imposible. Para renovar el permiso de trabajo debía justificar una cotización mínima de un año durante el periodo anterior y presentar un contrato de trabajo a jornada completa. Al Marinero le faltaban 15 días de cotización en la Seguridad Social, así que lo perdió todo otra vez. "Cuando me denegaron los papeles, perdí el trabajo y me fui a vivir a la calle, a centros de acogida, servicios sociales... Aquel día se acabó todo, tras diez años en España. No puedo volver a Mauritania hasta que no tenga otra vez los papeles. Lo más difícil ahora para mí es vivir una vida normal. Vivir la vida. Eso no es fácil en ningún lado, pero cuando no tienes los papeles es muy duro", explica. Solicitará la residencia mediante el procedimiento de arraigo, aunque tiene pocas esperanzas, dado que se requiere un contrato de trabajo a jornada completa. "No aconsejaría a la gente venir a Europa. Se vive mejor que en África, pero para nosotros es demasiado duro. La gente se va de Mauritania porque no existe trabajo. Los que tienen algo son un 5 % de la población; el 95 % no tiene nada. Tú ves un río, y en una orilla hay chalets, cuatro por cuatro..., mientras que en la otra orilla nadie tiene una barra de pan para comer", comenta.

"Hay chicos que llevan más de ocho o diez años y que están sin papeles; siempre han sido personas más que vulnerables"

Las vivencias de Ibrahim, Mamadou y el Marinero son comunes a muchos inmigrantes. La plataforma Papeles para Todos y para Todas pide poner fin a esta situación dramática y derogar la Ley de Extranjería. "Hay chicos que llevan más de ocho o diez años y que están sin papeles. Siempre han sido personas más que vulnerables y nadie se ha atrevido a darles una solución. Esta gente ha sido protegida, entre comillas, por diversas ONG, como Cáritas, Cruz Roja,... pero eso es sólo un parche, no es ninguna solución para ellos. Muchos tienen miedo a ser perseguidos, expulsados, y por eso la gente no sale a la calle", explica Norma Falconi.

La Ley de Extranjería también contribuye a fomentar el rechazo contra las personas migradas, al desposeerlas de cualquier derecho: "Todo lo que ellos viven no se conoce, y luego no los ven como a un trabajador, como a una persona más, sino como a un peligro inminente. ¿Por qué? Porque el estado ha ejercido su violencia institucional convirtiendo a los inmigrantes en potenciales delincuentes, terroristas y todo lo feo que se ponga por delante. Y esta desconfianza es parte de la piel de la ciudadanía, una batalla que a nosotros nos va a costar mucho contrarrestar. En Barcelona existe la campaña anti-rumores, pero ¿quienes hicieron todos estos rumores sobre los migrantes?" se pregunta Falconi.  Para combatir el "apartheid jurídico y social" la Asamblea Solidaria Contra los Desalojos de Barcelona, junto con los miembros de la organización Papeles para Todos y para Todas, han convocado hoy una manifestación para reclamar la igualdad de derechos para las personas migradas.

A pesar de su día a día lleno de obstáculos, Ibrahim no abandona su lucha, lo que él llama alcanzar una "buena vida": "Una mujer a mi lado, un trabajo, una casa. En Ghana es difícil conseguir eso. Incluso si uno tiene la suerte de trabajar, eso no quiere decir poder vivir con lo que se gana." Y Mamadou lo tiene claro: "Ninguna ley de extranjería me arrebatará mi sueño de una vida mejor. Lo importante es la salud y la libertad."