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La decisión de Obama de viajar a Copenhague desata una tormenta política en EEUU

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La decisión del presidente de EEUU, Barack Obama, de viajar a Copenhague el viernes para defender la candidatura de Chicago en la cita del COI que decidirá la sede de los Juegos Olímpicos de 2016 levantó una tormenta política en su país.

Los republicanos han arremetido contra la decisión de Obama al considerar que se marcha del país cuando está pendiente la reforma del sistema sanitario, la principal prioridad legislativa, o asuntos como el programa nuclear iraní.

El presidente del Partido Republicano, Michael Steele, afirmó ayer en una rueda de prensa telefónica que "en momentos de guerra, en momentos de recesión, en momentos en los que los estadounidenses han expresado sus preocupaciones y frustraciones en los últimos meses, este viaje, aunque es agradable, no es necesario".

El senador Kit Bond, de Misuri, consideró "chocante" el viaje a Copenhague. "Tiene muchas responsabilidades, y su responsabilidad número uno debería ser mantener nuestro país a salvo", añadió.

Obama tiene previsto viajar el jueves por la noche a la capital danesa, donde permanecerá tan sólo unas pocas horas para defender la candidatura de Chicago y reunirse con la reina Margarita antes de regresar a Washington, algo que hará incluso antes de que el Comité Olímpico Internacional (COI) haya procedido a votar.

El sorpresivo anuncio del viaje se hizo el lunes después de que el propio Obama hubiera declarado días antes que la reforma del sistema sanitario le mantendría demasiado ocupado como para poder viajar y delegara el viaje en su esposa, Michelle.

Con esta visita, Obama emula lo que hizo el primer ministro británico, Tony Blair, cuando el COI debía decidir en Singapur cuál sería la ciudad anfitriona de los Juegos de 2012.

Entonces, Blair se desplazó a Singapur para abogar directamente por la candidatura londinense, una iniciativa que se considera que fue clave para la obtención de la sede.

Sin embargo, los analistas consideran que la decisión de Obama de viajar a Copenhague no está exenta de riesgos.

Si viaja y Chicago resulta derrotada, los republicanos podrán alegar que el viaje ha sido un despilfarro y que la influencia del presidente es limitada. Si no viaja y Chicago pierde, las críticas esgrimirán que no ayudó lo suficiente a su ciudad de adopción.

El portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, rechazó ayer las críticas de Steele y se preguntó si el dirigente republicano "deseaba tomar un avión a Brasil y ver los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro. O a lo mejor en Madrid".

La Casa Blanca ha justificado el viaje, el primero de un presidente estadounidense para defender una candidatura olímpica, con el argumento de que un triunfo de Chicago sería muy beneficioso para la economía estadounidense.

El ex aspirante presidencial republicano Mitt Romney salió en defensa de Obama, al considerar que su comparecencia será muy beneficiosa para ayudar a Chicago.

Otras voces consideran que el presidente estadounidense debe de contar con indicios de que Chicago resultará la vencedora.

En un artículo que publica la página web "The Huffington Post", el analista David Zirin se pregunta si Obama "¿arriesgaría su prestigio presidencial si Chicago no fuera a conseguir su lugar en el elenco olímpico? No parece probable".

Michelle Obama, que llegará a Copenhague antes que su esposo para defender la candidatura estadounidense, ha negado que el presidente ponga en juego su capital político y ha asegurado que la candidatura no es de su marido, sino "de todo Estados Unidos".

En declaraciones el lunes, Michelle Obama describió el encuentro del viernes como una guerra y prometió que la delegación estadounidense "luchará sin piedad".

"Es una batalla y la vamos a ganar, vamos a luchar sin piedad", sostuvo la primera dama, quien comparó la reunión de Copenhague con la campaña electoral del año pasado.