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La declaración de la Unesco no detendrá la evolución del flamenco, afirma "El Brujo"

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El dramaturgo español Rafael Álvarez "El Brujo" se mostró hoy entusiasmado en Panamá con la declaración del flamenco como patrimonio inmaterial de la humanidad, pero dijo que ello no va a impedir que este arte siga evolucionando.

En declaraciones previas a la presentación mañana en Panamá de su obra "El Testigo", sobre la vida de un cantaor imaginario en la Cádiz de 1930, "El Brujo" aseguró que el reciente reconocimiento de la Unesco es "fantástico" para el flamenco y "para la presencia de la cultura española en el resto del mundo".

"El flamenco está permeado de literatura española, de estampas españolas, de casticismo español (...) esto es muy importante para el flamenco, para los artistas del flamenco y para la cultura española", aseguró el artista, que con "El Testigo" efectúa una gira centroamericana que lo ha llevado a Costa Rica e incluye Nicaragua.

"Es una música antiquísima que sus orígenes son muy difíciles de precisar, pero a lo largo de los siglos, en Andalucía, sobre todo en la baja Andalucía, se ha permeado de mucha literatura y de mucha vida popular, de folclore", declaró el actor.

Pero destacó que "también la literatura se ha permeado del flamenco", y recordó que "ya en Cervantes hay cosas de flamenco y el propio padre de los Machado, Antonio Machado y Álvarez (1848-1893), Demófilo, que se llamaba, es el gran recopilador de las letras del flamenco del Siglo XVII, XVIII y XIX".

Pese a la declaración de patrimonio de la humanidad, el artista cordobés aseguró que el flamenco "debe mantener las raíces, pero no estar cerrado a los cambios y a la evolución musical que hoy en día se produce en el mundo por efecto de la globalización".

"De hecho eso es imparable, esté bien o mal, ese es un hecho", el flamenco recibe influencias "del jazz, del blues, del son cubano".

Recordó a los "puristas" que critican la fusión del flamenco con otros ritmos, la existencia de los cantes de ida y vuelta: la colombiana, la guajira. Cantes de hace 70 y 80 años "que nacen precisamente de un viaje de ida hacia el continente americano y un viaje de vuelta (a España)".

"Se llamaban cantes de ida y vuelta porque eran fusión (...) cuando los flamencos van para allá van cantando de una manera, y cuando vienen para acá van cantando de otra forma", explicó.

"Por lo tanto, ahora es absurdo ser muy crítico con la fusión moderna del flamenco", dijo.

Pese a ello, el artista, que se declara un amante del flamenco, se mostró a favor de que sus raíces se conserven desde el punto de vista de la erudición, de la información, del estudio, "para que no desaparezcan".

"Debe ser como un árbol que crece para arriba, con las ramas, que sería la fusión y la expansión en el mundo, pero abajo está firme en sus raíces, que son esas conexiones con los cantes matrices, que le llaman a la toná, seguiriya y la soleá", dijo.

La obra unipersonal que presenta en Panamá es una adaptación suya de un relato de Fernando Quiñones del que destacó que está lleno de humor, de poesía, de arte y en el que "es fácil escuchar el flamenco, la vida de Cádiz".