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Las declaraciones tumbaron el mercado

Algunos políticos contribuyeron al clima de tensión

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Acababa de comenzar el mes de febrero cuando la orden de 'vender España' comenzó a escucharse en WallStreet. Cuatro días después, la Bolsa de Madrid vivía una de sus jornadas más negras. El Ibex se desplomó casi un 6%. España se había convertido en la nueva Grecia. De nada servían los datos objetivos. La deuda pública española ascendía al 65% del PIB, lejos del 120% de Grecia, e incluso de otros países como Gran Bretaña.

Los informes de Goldman Sachs y Deustche Bank, entre otras grandes casas de análisis, ponían en duda la capacidad de la economía española para afrontar la abultada cantidad de compromisos financieros que tenía pendiente. Los fondos de inversión vieron clara la jugada y apostaron a la baja contra la bolsa y la deuda pública española. La prensa internacional, encabezada por Financial Times y The Economist, entre otros, se encargó de magnificar esas dudas. Incluso Financial Times Deustland llegó a afirmar que España había solicitado ayuda al fondo de rescate europeo. La bolsa vivió semanas convulsas y el riesgo país se disparó hasta los 221 puntos básicos.

En teoría, estos ataques se frenan con una contundente respuesta política, pero como acertadamente habían intuido los especuladores, no ocurrió así. Todo lo contrario. La cuantía del fondo de rescate de la Unión Europea aprobado a principios de mayo, 750.000 millones de euros, ya hacía pensar en que el objetivo del rescate no era Grecia, sino una economía mucho más grande. ¿España? Desde Angela Merkel hasta el propio Joaquín Almunia compararon los problemas españoles con los griegos. Internamente, el Partido Popular se encargó de azuzar el fuego de la desconfianza.

Ahora todos callan.