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El dedo tonto de la ley

Errores técnicos y humanos dan al traste con muchas votaciones parlamentarias

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Las causas de los errores en las votaciones parlamentarias son inescrutables. Pulsar sí cuando se prentende presionar no. Un ni fu ni fa cuando la intención del político parecía clara. Incluso votos que no llegan a materializarse quién sabe por qué. Despistes, errores técnicos o meras excusas para escurrir la contradictoria elección de botón son alegados por los parlamentarios y sus partidos políticos para justificar el voto errado.

Unión, Progreso y Democracia, sin ir más lejos, fue objeto de los aguijones del colectivo homosexual cuando su europarlamentario, Francisco Sosa Wagner, se abstuvo en una votación para que la UE invitara a Lituania a reformar una polémica ley homófoba.

El representante del partido de Rosa Díez quería votar a favor, pero un error técnico tuvo como consecuencia la abstención. Los gays montaron en cólera y UPyD se vio forzado a emitir un comunicado para dejar claro que se trató de una confusión motivada por 'tres botones exactamente iguales para el sí, el no y la abstención'.

Si buceamos en el anecdotario parlamentario, bien antes, el PSOE había revocado la tramitación de una proposición de ley de IU para declarar el 2006 como Año de la Memoria Histórica. El error se produjo, según Rubalcaba, porque su grupo no sabía qué estaban votando. Otro lapsus de los socialistas (en la Ley del Divorcio) provocó que los fiscales tuvieran la última palabra sobre la custodia compartida.

En este caso, no fue culpa de los botones, sino del lenguaje digital: un dedo alzado del diputado que dirige las votaciones significa sí, dos quieren decir no y tres son sinónimo de abstención. El efecto falange es un clásico de la bancada, como bien sabe la socialista Carmen Sánchez, cuyos dedos bailaron de tal forma que sus compañeros no sabían a qué atenerse. La delirante votación anuló una deseada subida de los impuestos del tabaco.

Más crasos errores con la rosa y el puño como protagonistas: Atutxa aprobó los presupuestos de Euskadi hace un lustro sin que una diputada socialista pudiese votar. El presidente del parlamento vasco no permitió la repetición de la votación porque lo consideró un fallo humano y su decisión fue tildada de 'pucherazo electrónico'. La culpa la tuvo una tarjeta y el enredo está explicado con detalles aquí.

El divorcio entre el PSOE y la electrónica (como bien sabe Bermejo) volvió a ponerse de manifiesto hace unos meses, cuando una diputada de las Cortes Valencianas se las prometía felices con la posibilidad del televoto. Mercedes Sanchordi, de baja por maternidad, se estrenaba como parlamentaria a distancia hasta que se dio de bruces contra el resultado de las votaciones: en su intento por conciliar familia y voto, llegó a llevarle la contraria en seis ocasiones a su partido. Razón: pensaba que votaba otra cosa.

En cuanto al Partido Popular, recientemente se columpiaron Mariano Rajoy y Carlos Salvador (UPN), puesto que se abstuvieron ante una enmienda de ERC-IU-ICV que pretendía rebajar la asignación presupuestaria a la Casa del Rey hasta equipararla con el sueldo de Zapatero. Otros dos diputados, del PSOE y del PP, votaron a favor, aunque finalmente la propuesta no salió adelante.

Aquel martes de noviembre de hace hoy casi un año también brilló con luz propia la entonces ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, que se quedó sola al votar en contra de una enmienda sobre turismo rural apoyada por todos los grupos. Entonces, no se especificó a qué se debieron tamañas equivocaciones, por lo que siempre cabe el fallo humano como excusa.

Piedras contra su propio tejado también fueron arrojadas por Montilla, Carod y Saura, que votaron en contra de una ley del Gobierno catalán. La pifia sorprendió tanto que hasta el presidente del Parlament, Ernest Benach, preguntó en voz alta quién había votado en contra de la ley.

Más allá del despiste, algunos diputados se resisten en ocasiones a ceñirse a la disciplina de su partido en asuntos peliagudos como el aborto o la eutanasia. Una fórmula es ausentarse del hemiciclo antes de la votación o directamente no pasarse por el Congreso. Celia Villalobos decidió quedarse el pasado mes de junio, cuando UPN trataba de paralizar la ley del aborto.

Su voto, una abstención, chocaba con las aspiraciones del PP. Ella —aseguró más tarde— pensó que su grupo también iba a ir por ahí, pero no. Tampoco extrañó su presunta desobediencia: Villalobos había sido multada por los conservadores por defender el matrimonio homosexual, mérito compartido con su colega María Pía Sánchez.

Tras el último error producido durante una votación, en este caso en el Parlamento Europeo, UPyD ha dejado claro por activa y por pasiva que ya inició el proceso de rectificación para que conste en acta que condena la ley homófoba lituana. La formación liderada por Rosa Díez subraya en un comunicado que 'ha mantenido una defensa a ultranza de la igualdad de todos los ciudadanos, con independencia de su lugar de residencia o de su orientación sexual'.

Como hemos visto, no se trata de 'un caso aislado, sino que se trata simplemente de un error, de los muchos que se dan a diario en este tipo de votaciones', aclara UPyD, presente en la pasada manifestación del Orgullo Gay celebrada en Madrid. El sentido real del voto de su europarlamentario, Sosa Wagner, era 'condenar la ley homofóbica e invitar a Lituania a que la reforme'. Conste en acta.

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