Público
Público

En Defensa, ahora tocan las personas

El autor denuncia en este artículo el expediente disciplinario abierto al presidente de la AUME por criticar los recortes del Gobierno y pedir que se acabe con los gastos supérfluos en el Ejército

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Mariano Casado
Secretario General de Asociación Unificada de Militares Españoles

Hoy celebramos un año más el Día de la Fiesta Nacional. Un día importante para todos los ciudadanos. También para los ciudadanos de uniforme. Es habitual que parte de la atención derivada de la celebración se dirija hacia las Fuerzas Armadas, a las que se les otorga un papel estelar. Precisamente por ello es una magnífica ocasión para poder atraer la atención de la sociedad hacia los problemas, preocupaciones y anhelos de los militares, mujeres y hombres que integran los Ejércitos y la Armada.

Lo primero que habría que decir es que los militares no son ajenos a las derivaciones negativas de la crisis económica. Sufren como millones de ciudadanos importantes recortes en retribuciones y en derechos. Ven cómo se les pide esfuerzos solidarios invocando su vocación de sacrificio, que algunos asocian y justifican por su condición de militares, como si la misma fuera sinónimo de anulación de toda posición crítica o les blindara frente a los problemas que han de afrontar en su vida cotidiana, con sus familia, en ámbitos de vivienda, educación, sanidad, dependencia, etc.

'La incertidumbre se ha apoderado de soldados y marineros, la escala más débil del personal de Defensa'

Considero necesaria formular la afirmación anterior. Los ciudadanos tienen que saber que los miembros de las Fuerzas Armadas comparten con ellos estas dificultades, que se sienten identificados con sus preocupaciones y reivindicaciones. Además, deben saber que, en el seno de las Fuerzas Armadas, más allá de las cuestiones de la millonaria deuda ligada a los programas de armamento, existen serios problemas profesionales. Sin ir más lejos, se habla una y otra vez de que se va a recortar plantillas, de que no se van a convocar plazas de ingreso para soldados y marineros, de que no se van a renovar miles de contratos de trabajo, de que las expectativas de promoción interna y de ascenso quedan en el aire. Es decir, de una situación crítica en las políticas de personal de las Fuerzas Armadas. La incertidumbre se ha apoderado de soldados y marineros, la escala más débil del personal del Ministerio de Defensa. Nadie da respuesta a los interrogantes de muchos miles de militares que no saben cuál será su futuro inmediato. No se les ha formado para afrontar el paro o para buscar trabajo e integrarse en la empresa ordinaria. En AUME creemos que es la hora de las personas en las políticas públicas de Defensa. Es la hora de preocuparse por los militares, y de hacerlo de verdad.

Por eso y en esa situación no puede entenderse que se abuse de la potestad disciplinaria para callar a quienes piden que, antes de recortar sin más en políticas de personal, se recorten en gastos superfluos, todavía existentes en la vida cotidiana de muchas unidades de las Fuerzas Armadas. Coches oficiales, comidas, eventos, celebraciones, desplazamientos en medios de transportes costosísimos, deben ser suprimidos y, en el mejor de los casos, racionalizados. La reciente actuación del Estado Mayor del Ejército de Tierra utilizando la potestad disciplinaria para privar de libertad a Jorge Bravo, presidente de nuestra asociación, por señalar que existen gastos superfluos, que hay que racionalizar el gasto y que se deben retribuir las guardias y servicios, no tiene sentido alguno. O quizás sí, si de lo que se trata es de impedir que haga uso legítimo de su libertad de expresión y cumpla con su obligación de defender los intereses sociales, profesionales, y económicos de los militares.

'Debe ponerse en marcha lo antes posible el 'observatorio de la vida militar''

Hay quienes comentan que esta sorprendente utilización de la potestad disciplinaria trata de conseguir que las asociaciones profesionales de militares y sus dirigentes tengan un perfil bajo de reivindicación, ahora que parece que puede constituirse el Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas. No puedo afirmar que esto obedezca a la realidad. En todo caso, quienes tengan esa idea o intención se equivocan. Desde que entró en vigor la Ley de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas ha surgido un nuevo ámbito de participación en las políticas de personal y ha surgido un nuevo agente con capacidad de opinar, proponer y de criticar: las asociaciones profesionales. Así lo ha querido el legislador, en representación de la soberanía popular, que es y constituye un mandato irrefutable para los mandos militares.

El nuevo diseño de derechos y deberes de los militares pivota esencialmente en la presencia de las asociaciones profesionales, por la constitución y el trabajo en el seno del Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas y por la supervisión de todo ello desde el Observatorio de la vida militar. El Observatorio está llamado a desempeñar funciones y competencias realmente trascendentes y de servir de nexo entre las asociaciones profesionales, el Ministerio de Defensa y las Cortes Generales. Debe ponerse en marcha a la mayor brevedad posible. Ello supone la búsqueda de acuerdos y de consenso entre los grupos parlamentarios, ya que sus miembros han de ser propuestos por tres grupos y precisan de una mayoría reforzada. Elegir bien a sus miembros es uno de los retos que tienen el Congreso y el Senado. Los futuros vocales del Observatorio deben no sólo conocer las materias propias de las políticas de personal, sino tener conocimientos y sensibilidad reforzada en relación con los derechos fundamentales y libertades públicas.

Las Fuerzas Armadas están al servicio de los ciudadanos. Sus importantes misiones se realizan más adecuadamente cuando los componentes de las mismas trabajan en condiciones dignas y si alejan incertidumbre de su horizonte colectivo y personal inmediato. La sociedad española puede estar tranquila pues las mujeres y hombres, los miles de ciudadanos de uniforme conocen su papel, su posición, saben que son parte de la misma y sienten su cariño exigente.

'Los militares aún tienen recortados muchos derechos y cambiar esa situación requiere conocer más el Ejército'

Por eso, un día como hoy, en el que se da visibilidad a las Fuerzas Armadas, hablar de lo que sucede en su seno, es algo necesario y saludable. Sobre todo si, insisto, se habla de las personas que las componen, de sus problemas y necesidades, que no son distintas, en lo esencial, de las que quitan el sueño a millones de españoles. Por eso, se ha de rechazar posturas ultramontanas que añoran otro tipo de Fuerzas Armadas, alejadas de la sociedad, con ideas propias, con políticas propias, con iniciativas propias. Las Fuerzas Armadas, sus miembros, han de mantener una estricta neutralidad política pública, que es lo que les exige el ordenamiento jurídico, en relación con la actuación de los partidos políticos y con los debates que entre éstos se mantengan en todo caso. Algunos que no han entendido esta regla básica de actuación son los mismos que hacen un daño irreparable a la imagen de las Fuerzas Armadas. No podemos permitirlo porque la imagen no es fiel y porque dañan a algo que es de todos.

Es la hora de las personas en las políticas de defensa. Singularmente, de poner remedio a una situación de sobra conocida, derivada de una Ley de la carrera militar que está dejando muchas víctimas en el camino de su aplicación y despliegue. Hoy que los ciudadanos miran a sus militares recordemos que éstos aún tienen recortados muchos derechos y que cambiar esta situación precisa de un conocimiento más amplio, cercano y profundo de las Fueras Armadas por todos los ciudadanos, incluso de su complicidad, con la que ya se cuenta.