Público
Público

El fin del bipartito

El PP ha ganado las elecciones en territorio enemigo: no en las zonas rurales, sino en las ciudades

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Tras cuatro años gobernando en Galicia, socialistas y nacionalistas han perdido las elecciones. Y las han perdido no porque los electores se quedasen en casa, sino porque acudieron a las urnas, y reprobaron su gestión en mayor proporción que la aprobaron.

La mayoría de los analistas nos equivocamos respecto al efecto que podría tener la participación, suponiendo que se mantendrían las tendencias generales de la última década, en las que la proporción de voto al PP ha subido cuando la participación ha bajado y viceversa. En Galicia se ha producido una inflexión en esa tendencia, y el PP ha mejorado, al final, su resultado, con la participación al alza.

Sería fácil, pero equivocado, atribuir este resultado principalmente a la crisis económica, desligándolo de la gestión política del bipartito. Globalmente, el resultado es coherente con las tendencias que dominaron en la fase final de la campaña, con la imagen del Gobierno y de su presidente cayendo, y el PP consolidándose. La última semana de campaña posterior a las encuestas no ha frenado, sino que ha reforzado esas tendencias. Por una parte, el deterioro de la imagen del Gobierno se agravó aún más por el lado nacionalista; por otra, a última hora, se quiso corregir los errores de planteamiento de la campaña socialista con una asociación directa de Núñez Feijóo a Fraga, presentando a aquel como una marioneta de éste, una propuesta que resultaba burda e inverosímil para la mayoría de los electores.

Pero la factura al bipartito se la ha pasado el electorado, sobre todo, a los nacionalistas, aunque la pague Touriño. La distribución de escaños más probable, cuando se complete el escrutinio con los votos de la emigración, es de 38 escaños para el PP, 25 para el PSdeG y 12 para el BNG, porque el PP perderá probablemente el escaño en disputa en Ourense, como se explica hoy en este periódico. Eso significa que los socialistas mantendrían los escaños que tenían y los nacionalistas pierden el escaño que da la mayoría absoluta del PP.

La participación electoral ha subido. Pero hay que precisar que esa subida ha sido menor de lo que, por un error en la comparación de los datos, han dicho políticos y medios. Se ha comparado la tasa de participación de los resultados provisionales (70,5%) con la definitiva de 2005 (64,2%), admirándose de una subida tan fuerte, sin explicar que el dato de 2005 incluye el escrutinio del voto emigrante cuya tasa de participación es mucho más baja que la del voto residente, que no está, en cambio, incluido en el dato de la noche electoral, porque no se ha escrutado aún. La comparación debe hacerse con el dato de la participación del electorado residente en 2005, que fue de 68,1%.

La participación ha subido, por tanto, sólo 2,4 puntos y no más de seis. De hecho, en A Coruña y en Lugo ha subido sólo unas décimas (y seguramente la tasa definitiva resultará inferior a la de 2005 cuando se cuente el voto emigrante, en el que la abstención ha sido mucho más alta que en las elecciones anteriores). Donde sí que ha habido una participación electoral mayor del electorado residente es en Pontevedra (casi cuatro puntos más) y en Ourense (tres puntos más).

El mismo error hay que evitar al comparar los votos a los partidos en el escrutinio provisional con los definitivos de 2005. Veamos qué ha pasado, y dónde, eliminando este factor de confusión y haciendo las comparaciones correctas. En el conjunto de Galicia el número de electores residentes ha permanecido casi idéntico de 2005 a 2009 (sólo 168 electores más ahora), pero el número de votos válidos que han emitido ha aumentado en 46.000. El PP ha ganado, entre los residentes, unos 56.000 votos (759.778 anteayer, por 704.108 en 2005), es decir, un 8% más que hace cuatro años. El PSdeG ha perdido unos 27.000 votos (482.579 anteayer, 509.233 en 2005), lo que representa un 5% de su voto anterior. Y el BNG ha perdido más aún, 40.000 votos (267.248 anteayer, 307.184 en 2005), que suponen un 13% de su voto. A ello hay que añadir que los partidos menores, que en 2005 obtuvieron sólo 25.000 votos, ahora han logrado el triple, 75.462 votos. La mayoría de esos votos marginales han ido a dos listas nuevas, UPyD y Terra Galega, que restan directamente de los votos del bipartito.

¿Dónde se han ganado y perdido estos votos? En cuanto a las circunscripciones, es en Pontevedra y A Coruña donde el bipartito ha perdido, y el PP, ganado los votos. En Lugo los populares han subido sólo 3.000 votos y en Ourense ni siquiera han ganado votos (han perdido unos 1.500, mientras los socialistas subían unos 2.000). En cambio, en A Coruña, el PP saca 28.000 votos más que en 2005, y, además, entre Terra Galega y UPyD se han llevado otros 27.000 votos (un 4,2%). Los socialistas pierden 14.000 votos y los nacionalistas, 30.000 (casi una cuarta parte de su voto en esta circunscripción). Y en Pontevedra, donde ha aumentado algo el censo y además ha subido la participación, el PP ha logrado 33.000 votos más, mientras el PSdeG y el BNG perdían unos 8.000 votos cada uno.

El PP ha ganado las elecciones en territorio enemigo: no en las zonas rurales, sino en las comarcas metropolitanas, donde tradicionalmente es más fuerte el voto de izquierdas. Ha logrado 18.000 votos más en la comarca de A Coruña, y 14.500, en la de Vigo. Y la mayoría de los votos que pierden socialistas y nacionalistas los han perdido también ahí: en la comarca coruñesa el bipartito baja 25.000 votos (15.000 de ellos, el BNG, que ha perdido aquí un tercio de su voto), en la de Vigo, 8.800 votos, y en la de Ferrol, 7.400.

Esta distribución del voto y el hecho de que se haya producido con aumento de la participación indica que el bipartito no ha logrado convencer a su electorado con sus políticas y que algunas de ellas han provocado rechazo. Los estudios postelectorales dirán dónde hay que localizar las claves de su fracaso. Pero los resultados parecen apuntar más bien al componente nacionalista. Y si es así, es probable que los caminos de las dos fuerzas que han gobernado en Galicia durante estos cuatro años diverjan a partir de ahora.