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Del Bosque: "Me crié con un balón y un descampado"

Entrenador de fútbol y campeón del mundo. El balón ha proyectado la vida de Vicente del Bosque. Desde abajo hasta la cima

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'Que no, que no, nada, nada, ¿qué dice?, que yo quería ser futbolista y nada más'. Y lo escribe orgulloso en la pizarra. Sin prejuicios, sin temor a ese esnobismo que menosprecia que una vida se construya alrededor de un balón. Es el caso de Vicente del Bosque: niño aspirante, jugador, entrenador y hombre de fútbol.

El niño pelotero recuerda 'partidos interminables' y 'las broncas de mi madre por estar todo el día jugando al fútbol'. 'Me crié con un balón y un descampado en el barrio Garrido de Salamanca. Un lugar de gente obrera, la mayoría ferroviarios. No teníamos nada, pero éramos felices. Jugábamos a la peonza, a las carreras de chapas, nos fabricábamos los futbolines y mi hermano Fermín nos cosía los balones'.

La Guerra Civil sacó a su padre del gremio predominante en su barriada. Fue señalado por rojo y pasó tres años en un penal de Álava: 'Tenía 20 años y le pilló el conflicto opositando para Factor de Renfe. Esa guerra se lo llevó todo por delante. Claro que mi padre tenía sus argumentos para estar en contra de la dictadura, pero nos educó para dejar vivir en paz, en democracia, para formar una familia y para ser responsables en el trabajo. Nunca pasé miedo, pertenezco a una generación criada sin rencor'.

'De niño era realista: nunca pensé que sería campeón del mundo'

El niño futbolero creció con los grandes nombres del Salamanca de la época: 'Miguel, Pedraza, Calero, Pollo, aunque nunca tuve un ídolo, si acaso, cuando llegué al Madrid admiraba a Grosso, Velázquez y Pirri'.

El jugador de fútbol empezó a forjarse en campos como el de la Milanera en Burgos, donde como juvenil comprobó lo que significa un derbi regional de tacos afilados: 'Menuda nos prepararon, en vez de llevarnos a El Plantío nos llevaron a ese campo'. Viviendo en Salamanca e incluso estudiando para magisterio, ni las tentaciones de una ciudad universitaria ni los libros le apartaron del fútbol: 'Como ciudad llena de estudiantes, es muy viva, pero nunca me he sentido cómodo en la noche, ni en Salamanca ni cuando me hice profesional en el Madrid. Me saqué la reválida e hice hasta cuarto de magisterio de entonces. Si no hubiera sido futbolista, probablemente hubiera sido profesor'. El primer sueldo que ganó le dio la primera pista seria de que sus sueños de fútbol estaban bien encaminados: 'Con 14 años nos llevaron a jugar un torneo en Portugal. Me dieron diez duros'. Ya en el Madrid, recibió aquellas primeras 6.500 pesetas.

Corría el año 68 y a España llegaron coletazos de lo que sucedió en el mayo parisino: 'Durante un par de meses el Madrid nos alojó en una pensión de la Gran Vía y me encontré con varias manifestaciones de estudiantes cuando iba a coger el metro. Era una época en la que empezaron a llegar las drogas y mi hermano Fermín, cuatro años mayor que yo, me advirtió de las leyendas que corrían sobre la ciudad, de que tuviera cuidado de no echar a perder mi carrera con la bebida, las mujeres o la droga'.

'Mi padre nos educó para dejar vivir en paz y en democracia'

Eran tiempos de pantalones de campana, melena, 'los Sirex, los Brincos, los Beatles pero yo siempre fui un desastre para la música y para bailar'. Aunque se rebela ante esa imagen de personalidad sosa, sobre todo, para reivindicarse como entrenador, como guía de grupos: 'Si hubiera sido apático, pesimista, triste o aburrido como dicen algunos, no hubiera podido dirigir los vestuarios que he tenido bajo mi mando. Soy un optimista: si el campo está mal, yo digo que está bien, si hace frío, yo digo que hace una noche estupenda para jugar. No me quejo por nada'. Ahí es donde aparece el hombre de fútbol y la persona, un tipo de campos de tierra, de mañanas frías de sábado o domingo, de chiringuitos de campo de regional que huelen a panceta mientras abajo hay un talento al que observar.

Por eso se salta la parafernalia de los saludos institucionales cuando llega a la Ciudad del Fútbol el día de la asamblea federativa. Lo primero que hace es ir a fotografiarse con los aspirantes a entrenadores y sus profesores. Hombres de fútbol como él, como Eduardo Caturla o el seleccionador juvenil Ginés Meléndez. Le importa menos el protocolo que estar con el mundo al que pertenece de verdad: 'El fútbol, aunque de niño ya era realista, nunca pensé que sería jugador del Real Madrid o campeón del mundo'.

 

Un libro: Ubuntu.

Una canción: 'Yesterday'.

Una escapada: Salamanca y San Pedro de Alcántara.

Una película: 'El expreso de medianoche'.

Una prenda: Una chaqueta azul marino.

Un plato:  La chafaina.

Un icono sexual: Tiene que ver con voluptuosidad mediterránea.