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Del LSD a la Biblia

Robert Crumb presenta al mundo su interpretación del Génesis. El padre del cómic contracultural de los años sesenta adapta el primer libro del Antiguo Testamento para restituir su carácter pagano, carnal y fratricida

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¿Quién no ha tenido en sus manos uno de aquellos tebeos de propaganda que contaban con florecillas y nubecitas lo de Adán y Eva o Noé? Años después son pocos los que siguen creyendo que Dios creó el mundo en seis días. A finales de octubre el autor underground Robert Crumb publica su Génesis, un voluminoso cómic sobre la Creación tal como él la ve en el Antiguo Testamento. Una Biblia que él mismo trata, con respeto, de 'jodida Biblia'.

Robert Crumb es una figura mítica del cómic. Dio forma y color a la revolución hippy y underground desde los años sesenta. Cuando ayer entró y se sentó en una sala del Centro Pompidou de París para presentar mundialmente su Génesis (que en España publicará la editorial La Cúpula), lo que apareció ante la prensa era un viejecito encorbatado de 66 años, que se define a sí mismo como libre de drogas y alcohol, y que prometió ser 'wisest', es decir, lo más sabio, lo más prudente, lo más acertado posible.

Nada menos que siete años de trabajo le ha llevado este libro, íntegramente en blanco y negro, por supuesto. Cómo no, las primeras palabras del libro son: 'Al principio, creó Dios los cielos y la Tierra'. Podría haber sido aquéllo de 'al principio fue el verbo', que hay versiones para todos los gustos, y muchas de ellas han sido analizadas por Crumb con ayuda de libros y expertos en hebreo.

Lo sorprendente de esas primeras páginas son los dibujos. A primera vista, son de una simplicidad que te desarma. Como los tebeos de la parroquia. La estética edulcorada de Crumb se acerca perfectamente a esa imagen idílica de la Creación, que muchos hubieran querido ver impoluta 2.600 años más desde que, por orden de sacerdotes de confesión hebraica, quedara sellada la versión sagrada del Génesis.

Hay asesinatos, adulterios, violaciones incestuosas, trata de blancas, placer sádico...

Al principio del voluminoso libro, Crumb parece respetar la ley del silencio. Pero la docilidad del autor es un disfraz. Gracias a esa indumentaria de becerro, entra en el corazón del mito judío, cristiano y musulmán bíblico. Para, luego, reventarlo desde dentro, eso sí, 'sin intención de ridiculizar nada ni hacer bromas visuales', confiesa el autor en su introducción. 'Yo, R. Crumb, el ilustrador de este libro, he intentado lo mejor que he podido, reproducir todas y cada una de las palabras del texto original', añade.

En París, el genio se explayó en todos y cada uno de los peligrosos ángulos de su trabajo, con la legitimidad de quien, sin ser creyente, ha excavado en la auténtica palabra original, en versiones no adulteradas del texto milenario.

El que pasó los sesenta y los setenta dibujando 'volutas de porros, sexos enormes y peludos, tetas colosales y cacas de todos los formatos' como reza una revista de cómics de la época, se ha abstenido de hacerlo. El exceso no es visual. Es narrativo: asesinatos, adulterios, violaciones incestuosas, trata de blancas, 'élites pudientes sometiendo a la gente con placer sádico'. Todo eso es el Génesis, parte de la Biblia. Está escrito.

'En el mundo occidental, prácticamente todo el mundo es cristiano, judío o musulmán'. Pero al Crumb ex hippy y ex yonqui lo que le interesa son 'los mitos de la antigüedad pre occidental, como los sumerios o los babilonios'. Mitos que, precisamente, Génesis, también llamado Bereshit o Primer Libro de Moisés, retoma.

'Es increíble pensar que durante más de 2.000 años la gente tomó ese texto tan en serio. Yo estoy de acuerdo con Marx en lo de su opio del pueblo. Porque leer de cerca la Santa Escritura del Génesis y considerar que es una guía moral, es estar completamente loco', explicó Crumb.

'Yo no veo ningún sendero moral. O si lo hay, se trata de una moral primitiva, atávica. Cuando los hijos de Jacobo matan a todos los hombres de la ciudad de Sichem porque el príncipe había violado a su esposa, ¿qué moral es esa?', dice, con el Síndrome Roman Polanski volando por París.

'Desacralizar'. Aunque el autor no pronunció esa palabra ni una vez, a las cosas hay que llamarlas por su nombre. Y el objetivo evidente de tanto y tanto trabajo de restitución de la palabra, y de puesta en imagen es ese: hacer una obra que pueda confundirse en las estanterías, salones y bibliotecas, que permanezca, que no provoque gritos alarmados.

Interrogado sobre la ausencia de las imágenes provocativas y explícitas a las que nos tiene acostumbrado, el artista niega que haya habido autocensura. 'He evitado mostrar sexo explícito, penes... Muestro a gente haciendo el amor, pero no órganos sexuales. Y, en la edición norteamericana, habrá una advertencia en la portada: 'Se aconseja la presencia de un adulto con los menores'. Pero eso es, precisamente, para evitar que los auténticos creyentes la compren pensando que es una versión purista clásica de la Biblia, antes de llegar a casa, abrirla y luego gritar y llamar a la Policía para que detengan al pobre librero', detalló el artista.

Queda, pese a todo, una duda.Crumb se define a sí mismo como un creyente en 'algo mayor que nosotros' dominado por el misterio, al que se puede acceder, pero no en la religión, ni en la creencia en un Dios infalible. ¿Está Crumb camino de buscar un apaño con Dios, después de una juventud atea de excesos? Al fin y al cabo, sus equivalentes musicales, Bob Dylan y Cat Stevens, acabaron hincando la rodilla; uno cantando para el Papa y el otro para Mahoma.

Crumb despeja balones: 'Miren, yo he trabajado sobre este Génesis por interés hacia los mitos de la antigüedad y porque en el año 2.000 tuve un sueño en que se me apareció Dios. Pero ahora, después de todo este trabajo, estoy harto de la Biblia. De hecho, empecé a odiarla al cabo de 30 días de trabajo. Y ni me hablen de hacer, tras Génesis, los otros libros del Pentateuco. Jodida Biblia' , explica. Y por si había alguna duda, advirtió a los fundamentalistas que se sentirán ofendidos, porque 'no hay manera de gustar a esa gente'.

El autor dice que el personaje con el que más se ha identificado es Jacobo, 'que no es para nada valiente, está dominado por su madre y por su esposa, y roba la bendición paterna a su hermano'. Reconoce que ha ido más allá de las Santas Escrituras en algunos momentos, por ejemplo, cuando 'Dios no está contento con los hombres en ciertas ocasiones, porque han hecho daño. Pero no dice qué es lo que está mal. O sea que a mí me tocó inventar, y ser creativo', señala.

Antes de levantarse e irse cosa que tenía prisa por hacer abrumado por tanto periodista, aún tuvo tiempo de dar más detalles sobre su modestia. 'Hay gente que toma mi trabajo demasiado en serio. Y cuanto más en serio me toman, más dinero gano', dice. También rechaza la importancia de la entrada de muchos de sus cómics en las paredes de algunos de los museos de arte contemporáneo más importantes del mundo. 'Están fuera de su lugar', reconoce.

Las biblias 'claman creer que son la palabra de Dios, o que están inspiradas por Dios, mientras que yo no creo que la Biblia sea la palabra de Dios, sino las palabras de los hombres', explica Robert Crumb abrumado y decidido a descansar después de tanto trabajo. La Biblia, siempre jodiendo.