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Del reposado diálogo de Hank Jones y Joe Lovano al "concepto" de Pitingo

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Si ayer por separado estuvieron magníficos, hoy Joe Lovano y Hank Jones han hecho juntos un maravilloso concierto en la penúltima jornada del Festival de Jazz de San Sebastián, que luego ha reunido a otro público para escuchar flamencos diferentes, con Perico Sambeat y Pitingo.

El pianista Hank Jones escribió hace dos años, uno antes de cumplir los 90, una nueva y memorable página para la historia discográfica del jazz. Lo hizo con el saxofonista Joe Lovano en el Dizzy's Club Coca Cola de Nueva York, de donde salió una grabación en directo, "Kids".

Estos dos grandísimos músicos han jugado con algunos de los temas de ese álbum en una velada de preciosismo intimista, que ha vuelto a poner en pie al público que llenaba el auditorio del Kursaal.

Más audiencia han tenido hoy que la que sumó ayer Hank Jones con su trío, y eso que la escucha se ha hecho un poco más exigente, más atenta para seguir la evolución de este reposado diálogo de gigantes.

"Lady luck", "Kids are pretty people" y la hermosa "Lullaby" fueron algunos de los temas del arranque con los dos maestros cómplices disfrutando, hasta que Lovano dejó a Jones solo con "Polkadots", "Oh! Look at me now" y "Lonely Woman".

Con "Alone together" regresó el saxofonista a escena y allí siguieron ambos con sus delicados, complejos fraseos, hasta un final que no fue tal, porque se alargó con tres bises, "Budo" el último de ellos.

No parece que haya sido el público el que en esta velada se haya quedado con ganas de más, sino la leyenda Jones, que realmente rejuvenece en el escenario.

Una nueva visita sería todo un placer.

Después, ya en la plaza de la Trinidad, tomó el relevo la Flamenco Big Band de Perico Sambeat, un proyecto con el que el músico valenciano ha logrado un buen entendimiento entre el jazz y el flamenco.

Sambeat ha celebrado precisamente hoy los 25 años de su relación con San Sebastián, la ciudad que "prácticamente le vio nacer", como ha recordado el Festival en su presentación.

De "Flamenco Big Band", el disco que grabaron el año pasado, han interpretado la mayoría de los temas, desde el "Cauce" que lleva de martinetes a bulerías a "Guajira para Duke", el tributo Ellington.

También otro homenaje, el que el compositor y saxofonista valenciano rinde en "Soledad sonora" a Javier Colina, uno de sus contrabajistas "preferidos", con el que hoy ha compartido escenario.

Y de la elegante propuesta de Sambeat a la inclasificable fiesta por "soulerías" de Antonio Manuel Álvarez Vélez, Pitingo, de cuya coctelera ha salido flamenco puro, flamenco-soul y pop aflamencado.

Es consciente de no ser del gusto de todos. "Hay gente que no lo puede entender ni lo entenderá, pero qué le vamos a hacer", ha dicho a una audiencia que desde luego sí ha comprendido muy bien este "concepto", surgido de ese "rebujillo" que es su amor repartido entre el soul y el flamenco.

El público ha bailado, ha dado palmas, se ha entregado a sus juegos y le ha llamado guapo. Y cuando a la una de la mañana se puso las gafas de sol, el éxtasis llegó a las primeras filas.

Todo esto ha ocurrido en más de dos horas de concierto, en que han sonado bulerías, fandangos o soleás, que de una manera u otra han acabado enlazando con canciones como "Georgia on my mind", de Ray Charles, "Yesterday" y "Let it be" de los Beatles y hasta "New York, New York".

Pitingo ha logrado el público más numeroso de los tres días de la plaza de la Trinidad. Otra cosa es que este dato sirva para cerrar la polémica de quienes piensan que el proyecto por "soulerías" del andaluz no encaja en la pluralidad del Festival donostiarra.

La noche de la cuarta jornada del 44 Heineken Jazzaldia la han cerrado en los escenarios de pago, en este caso el Victoria Eugenia, y casi a las dos y media de la madrugada, Abdullah Ibrahim and Ekaya, que han ofrecido un excepcional concierto, de una sugerente e impresionante sutileza.

Primero en formato de trío y luego con tres saxos y trombón, el músico sudafricano ha logrado la constancia de los tiempos lentos, que la entrada de los cuatro vientos en la segunda parte ni siquiera ha logrado romper, por increíble que parezca.