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Un Depp bien armado vs. adolescentes tardíos de resaca

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ENEMIGOS PÚBLICOS, por Gonzalo de Pedro

Para leer con la voz cascada y anciana del escritor William S. Burroughs: 'For John Dillinger, In hope he is still alive. Thanksgiving Day, November 28, 1986'. O lo que es lo mismo: 'Para John Dillinger, deseando que siga vivo...' . Que las palabras del viejo Burroughs suenen mejor en su boca (pueden comprobarlo en Youtube tecleando Thanksgiving prayer, obra maestra del ‘spoken word ‘que el legendario autor de El almuerzo desnudo y el cineasta Gus Van Sant realizaron conjuntamente) no impide apreciar la provocación y la añoranza del poema por lo que significó la figura del atracador John Dillinger durante una época no tan lejana de la historia de EEUU.

Ladrón de bancos durante la primera gran crisis de la economía capitalista, la Gran Depresión, allá por 1929, John Dillinger no fue sólo un bandolero, sino antes, más bien, una de las primeras estrellas del naciente mundo de los grandes medios de comunicación, además de un nombre en el que las clases más afectadas por la crisis económica depositaron sus ansias de revancha: era él quien robaba a los banqueros, causantes de la pobreza y la desgracia de todo un país. Por eso, la nueva película del director estadounidense Michael Mann no podía ser más oportuna: ondear en plena crisis la bandera de Dillinger es ondear la bandera de un EEUU que no existe, de lo que pudo haber sido y no fue.

De ahí que los ecos de los versos de William S. Burroughs resuenen durante toda el metraje de ‘Enemigos públicos' con todo su dolor y añoranza contracultural: '...gracias por la ley seca y la guerra contra las drogas, gracias por un país en que a nadie se le permite ocuparse de sus propios asuntos, gracias por una nación  de chismosos, sí, gracias por todos los recuerdos ...'. Pero no nos engañemos, Michael Mann no es un revolucionario, y aunque la elección del personaje de Dillinger no esté exenta de carga idealista, el director de ‘Corrupción en Miami' (2006) ha convertido al bandolero que atracaba bancos en uno más de sus personajes en perpetuo movimiento hacia ninguna parte.

Casi toda la filmografía de Michael Mann se construye en torno a la idea de fuga, y Dillinger podría ser algo así como la continuación del Russel Crowe de ‘El dilema' (1999), un hombre que huye, de los demás y de si mismo, en busca de un lugar y un tiempo siempre inalcanzables. Por todo ello, al intentar ser fiel a la historia de John Dillinger, Michael Mann no ha hecho otra cosa que ser fiel a si mismo y a su conciencudo trabajo de depuración narrativa: personajes trazados de perfil, encuadres en fuga que arrinconan a los intérpretes frente a un horizonte inalcanzable, historias que apuntan lejos y se truncan, y un desaliño formal que roza la abstracción poética y el lirismo de pixel y acoples digitales.

DIGITALISMO

Si alguien, en el cine industrial, ha demostrado las capacidades estéticas de la alta definición, ha sido el cineasta Michael Mann, uno de los primeros en abandonar el celuloide en Hollywood para explorar el ruido digital. Y aunque aquí el uso del vídeo vaya encaminado a conseguir un aspecto más ‘documental', fuera de representaciones estilizadas ‘modelo hollywood', es ese mismo digital el que abre la puerta a un cine casi onírico y, curiosamente, poco documental.

RESACÓN EN LAS VEGAS, por Rubén Romero

El camino por el que este filme se va a convertir en la película del verano en Europa no deja de ser sinuoso. La idea original es simplona: el día después de una despedida de soltero. Sin embargo, no es otra cinta oligofrénica del tipo Colega, ¿dónde está mi coche? (2000). La deconstrucción a la que Todd Phillips, su director, ha sometido a la comedia universitaria, uno de los géneros más populares y despreciados por la crítica, en filmes como Viaje de pirados (2000) y, sobre todo, Aquellos juergas universitarias (2003), alcanza aquí su cénit. Divierte cuando enfrenta a sus treintañeros protagonistas, a todos los tópicos del género, y enternece al verles impotentes ante su objetivo: revivir su tardoadolescencia. La realidad es contumaz y se emplea a fondo con ellos para demostrarnos que ya no nos queda ni la ilusión de pretender que podemos vivir ni, que sea un fin de semana, ni que sea en Las Vegas, al margen de ella.

NATURALIDAD

A diferencia de los hombrecitos que dan saltos frente a pantallas azules, enfrentándose a enemigos creados por ordenador que acaparan la cartelera, ‘Resacón..'. es todo naturalidad. Incluso el diente del que carece Ed Helms le falta en la vida real. Eso sí, Galifianakis, auténtica revelación del filme, utiliza un pene de plástico. El cameo de Mike Tyson, otro niño grande incapaz de crecer, refleja el espíritu tragicómico de un filme con más chica de la que parece. 

Mad Detective : El honkonés Johnnie To dirige, junto a Wai Ka-fai, un thriller con elementos sobrenaturales acerca de un detective con el don de ver los miedos y ansias de las persona

El año que mis padres se fueron de vacaciones : Justo antes del mundial de fútbol de México 70, un niño de Sao Paolo es acogido por un viejo judío mientras sus padres se esconden de la dictadura militar.

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