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La depresión acompañaría a la "transmisión" de la pobreza

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Los niños de familias pobresson más propensos que sus pares a estar deprimidos en laadolescencia y un nuevo estudio sugiere que las consecuenciaspodrían incluso dificultarles la salida de la pobreza.

La investigación, que incluyó el seguimiento de casi 500familias en Iowa, Estados Unidos, durante una década, demostróque los niños de las familias más pobres tenían mayor riesgo dedesarrollar síntomas de depresión en la adolescencia que elresto de los chicos.

A la vez, esos adolescentes eran más propensos a "crecer"más rápido, lo que incluía tener relaciones sexuales, abandonarel hogar o casarse antes que el resto.

Ese ciclo, según indican los resultados obtenidos,terminaría exponiendo a los niños a futuros obstáculos, comobajos niveles de educación, desempleo o relaciones inestables.

"El estudio demuestra la continuidad de la adversidadfamiliar por generaciones, desde la familia de origen hasta laque forma uno de sus adultos jóvenes", destacó el autorprincipal, K. A. S. Wickrama, profesor de estudios sobredesarrollo humano y familia de la Iowa State University.

"En otras palabras, se trata de la transmisión de lapobreza", dijo Wickrama.

Los resultados, publicados por Journal of Health and SocialBehavior, sugieren que los síntomas de estrés y depresión enlas primeras etapa de la vida se retroalimentan, un proceso quefinalmente dificultaría la transición a la adultez, opinó elequipo.

Los niños de familias pobres, agregaron los autores, sonespecialmente vulnerables a quedar "atrapados en el ciclopermanente de circunstancias adversas y mala salud".

"Estos resultados señalan la necesidad de diseñar políticasy programas federales, estatales y municipales para reducir laadversidad infantil", escribieron los investigadores.

Esas políticas, explicó Wickrama, deberían estar orientadasa mejorar la condición de los niños en riesgo, a través de unamayor inversión en educación o, por ejemplo, en programas paramejorar el bienestar psicológico infantil.

"Las políticas y los programas de intervención deben ser deaplicación temprana. Esa es la lección real, porque ladepresión precoz tiene una influencia de largo plazo. De modoque hay que intervenir en la niñez y la adolescencia, y no enla juventud", finalizó el autor.

FUENTE: Journal of Health and Social Behavior, diciembredel 2008