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La derecha se queda sin crisis

Si mejora la economía, las posibilidades de victoria de Obama aumentarán

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El incipiente despunte de la economía podría influir en las presidenciales de este año. No sólo porque supondría un argumento electoral a favor del presidente Barack Obama sino también porque desplazaría la recesión sobre la que Mitt Romney ha basado toda su campaña a segundo plano, a favor de temas 'culturales' (aborto, derechos gays, libertad religiosa) donde los ultraconservadores son mucho más activos. Pero los progresos son tímidos y la crisis todavía podría tener consecuencias insospechadas. Los recientes indicadores económicos han sido mejores de lo que pensaba la Casa Blanca que había pronosticado que el paro no bajaría de 8,9% en 2012. En enero está ya en el 8,3%. En los tres últimos meses, la economía ha creado 200.000 puestos de trabajo y el ritmo de crecimiento del PIB se aproxima al 2,8%.

Empieza a notarse en los sondeos. Por primera vez Obama ha vuelto a pasar la barrera del 50% de popularidad, 15 puntos más que en noviembre. Es su cuota más alta desde mayo del 2010 (excepto por el breve despunte que le dio la muerte de Bin Laden).

Se esperaba que el paro cerrase el año en el 8,9%, pero se ha reducido al 8,3%

Y no sólo es el paro. La vivienda, muy paulatinamente también está mejorando. 'Los dos datos hacen pensar que la economía está cambiando de velocidad', dice el economista Joel Naroff. 'La construcción ha empezado a desmarcarse de la crisis de estos cinco últimos años y vuelve a contribuir al crecimiento', añade Paul Dales, analista de Capital Economics, 'aunque el sector todavía no se ha recuperado lo suficiente'. Pero EEUU no ha salido del agujero que provocó el estallido de la burbuja inmobiliaria: la tasa de morosidad de las hipotecas sigue sumando un 7,3%. El sentimiento sin embargo es de cauta esperanza: 'Un 60% de la población aún piensa que el país tiene problemas, pero ha crecido el optimismo', comentaba el director de encuestas de la CNN, Keating Holland.

A Obama no le va a resultar tan fácil colgarse las medallas porque desde que los republicanos son mayoría en la Cámara de Representantes no ha conseguido aprobar prácticamente ninguna medida. El pasado lunes, presentó un presupuesto de 3,8 billones de dólares que los republicanos calificaron de pura plataforma electoral. Obama enmarcó su propuesta, que nunca será aprobada, en lo que será el tema central de su campaña: la justicia económica y la idea de pasar el coste de la recesión a los que más se beneficiaron de la bonanza, lo que los conservadores llaman 'guerra de clases'.

El déficit sigue siendo un problema colosal para Estados Unidos: los pronósticos de 2012 lo sitúan en 1,33 billones de dólares (8,5% del PIB) y 900.000 millones de dólares al año siguiente (5,5% del PIB), muy lejos del objetivo que se propuso Obama al llegar a la Casa Blanca: el de reducirlo a la mitad al terminar su primer (y quizás único) mandato.

La construcción ha empezado a contribuir de nuevo al crecimiento

En su propuesta presupuestaria el presidente volvió a pedir la abrogación de los descuentos aprobados por George Bush a las familias que ingresan más de 250.000 dólares al año y que caducan a finales de este año; también incluyó la llamada ley Buffet que obligará a los que ganen más de un millón de dólares al año, a pagar el mismo porcentaje que el estadounidense medio.

Además de aumentar el gravamen a los ricos, el plan de Obama también pidió 800 millones de dólares para proyectos públicos de envergadura, una medida parecida al fallido American Jobs Act del pasado otoño y que pretendía inyectar 447.000 millones de dólares en la economía, ampliando los descuentos fiscales a empresas y particulares (240.000 millones del total) y poniendo en marcha un ambicioso programa de obras públicas y ayudas a los estados (unos 140.000 millones).