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Los derribos no cesan en Lorca

Un mes después de la catástrofe, la ciudad asiste a más demoliciones que reconstrucciones

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En Lorca (92.694 habitantes) ya no se ve a los efectivos de Protección Civil. Los militares de la Unidad Militar de Emergencias (UME) hace días que se fueron. Y, cuando se cumple un mes desde que dos terremotos consecutivos asolaran la ciudad el pasado 11 de mayo, dejando nueve fallecidos y 293 heridos, apenas aparecen un par de periodistas. Pero tampoco están las cuadrillas de albañiles que debería haber en una ciudad en reconstrucción. Se cuentan más enormes máquinas destructoras que obreros. Quienes siguen aquí son los vecinos. Muchos, en el mismo sitio. El único entretenimiento que tienen es asistir al espectáculo de las demoliciones.

'Los de la UME ya se fueron, pero si no fuera por ellos, las calles seguirían llenas de escombros hasta el año que viene', cuenta Juan Pedro Miñarro, dueño del Bar Baviera. Teme por el futuro de su local. Está situado en el barrio de La Viña, uno de los más afectados por el temblor junto al de San Diego. La zona empieza a clarearse y los descampados amenazan con convertirla en un barrio fantasma. De hecho, él cierra a las ocho de la tarde. 'Impone estar aquí, mas tarde esto es un desierto', añade. Aunque aún hay más edificios en pie que derruidos, buena parte de los cuarenta ya demolidos, según el Ayuntamiento, han caído aquí. 'Siguen los derrumbes y los dueños de los que quedarán en pie temen que la demolición toque el suyo', cuenta Miñarro.

'Los dueños de los que quedan en pie temen que la demolición toque el suyo', dice un vecino

En esas están los vecinos del único edificio que va a quedar en pie en la calle de las Herrerías. Las máquinas ya han echado abajo toda la parte sur de la manzana y, la próxima semana, le tocará a la norte. Como si fueran unos aislados galos, sólo quedará en pie el número 24. 'No sabemos que va a pasar, van a tirar toda la manzana menos el mío', comenta Antonio Jiménez, jubilado de 66 años que ya hace un mes recorrió con este periódico las calles del barrio por la noche, para prevenir robos.

El problema de su bloque, que se ha desplazado hacia adelante 12 centímetros, es que, con el derribo de los circundantes, quede tocado. Su vecino Juan Campos, un trabajador de la construcción en paro, asegura que los vecinos van a solicitar también su derribo. 'La arquitecta del ayuntamiento se niega a recomendar su demolición. Dentro de unos años, y junto a todos los demás, estará el nuestro remendado', lamenta Campos.

Si consiguen el visto bueno de los técnicos, el siguiente problema será reconstruir su bloque. Pero para eso tendrá que llegar el dinero. '¿Cómo lo vamos a hacer si aún no ha llegado un euro?', se pregunta Juan Carrera, de 43 años y vecino de la cercana calle de la Panadería. A él se lo tiraron hace ya dos semanas y el jueves tuvieron la primera reunión con los del Consorcio de Seguros. Ha salido de la misma sin tener nada claro. '¿Y si alguien coge el dinero que le den y se va? ¿Qué pasa con todos los demás vecinos?' El Consorcio, que está tramitando 10.000 expedientes, no puede obligar a que un vecino, una vez cobrada la compensación, se quede. 'Pero tendrá que renunciar a las ayudas, que son para reconstruir la casa destruida', aclara el alcalde de la ciudad, Francisco Jódar.

Según datos del ayuntamiento, hay 3.500 personas que no han podido volver a sus casas

'Que lo hagan [que se vayan], nosotros montaremos una cooperativa y podremos hacer pisos más amplios o con un jardín alrededor', comenta una vecina. La idea es secundada por la mayoría de la comunidad del 24 de Herrerías. A la esperanza es a lo que se agarran muchos, como Juan Pascual, de 62 años. Su mujer se hizo desgraciadamente famosa hace un mes. Sus lágrimas por una casa que acababan de pagar después de estar 30 años hipotecada aparecieron en los programas de televisión. Ahora ambos observan el solar donde estaba. 'Se han comprometido a construir la nueva en año y medio. Tendrá ascensor y cochera', confía Pascual.

De los cuatro campamentos que hubo hace un mes, ahora sólo queda uno, el instalado en el campo de fútbol. Desde el Ayuntamiento cifran sus habitantes en 800, aunque sólo 300 se quedan a dormir. Son aquellos que están en peor situación. No tienen una red social de familiares que les acoja. Es el caso de Vanesa Cáceres, una joven de 17 años. Lleva en una tienda, junto a su madre, desde el 11 de mayo.

Sólo un 10% de los damnificados ha recibido dinero, según Lorca 11 de Mayo'

La familia Cáceres es una de las nueve familias españolas que aún quedan en el campo. Han intentado alquilar una casa en Lorca, pero la escasez de viviendas ha provocado que la capitalista ley de la oferta y la demanda se imponga a la solidaridad del principio. El precio medio, según estiman desde la asociación de afectados Lorca11 de Mayo, era de 300 euros al mes. 'A nosotros nos pidieron 400 por una habitación en un piso compartido'. Uno completo no baja de los 1.000 euros. Vanesa y su madre han decidido irse a Huércal Overa (Almería), a 43 kilómetros del que siempre fue su pueblo.

Paseando en una especie de ruta de los derribos, el presidente de la asociación de damnificados Lorca 11 de Mayo, Juan Carlos Carrillo, explica los problemas a los que se enfrentan. El ansia por dejar de ser refugiados en su propia ciudad se traduce en la exigencia de que se cree, en los alrededores, una urbanización de casas prefabricadas.

Según datos municipales, todavía hay 3.500 personas que no han podido volver a sus casas, eso sin contar a los que, aún dentro, les queda mucho por delante para adecentarlas. 5.000 de ellas ya se han asociado a Lorca 11 de Mayo. La organización está recogiendo información de peritos, abogados y asesores independientes ante lo que Carrillo considera 'escasa y contradictoria información pública'.

Confirma que son muy pocos, 'menos del 10%', los que ya han empezado a recibir dinero. Y ninguno de ellos está entre los que han visto su edificio derruido o está amenazado de ello. Carrillo destaca varios problemas que pasaron desapercibidos para el Ejecutivo cuando aprobó el decreto de ayudas. Por un lado, al especificarse en el texto que sólo habría dinero para la primera vivienda, 'muchos de los que están empadronados en otra casa, en la de sus padres por ejemplo, no van a recibir ninguna ayuda aunque su casa se la derriben', explica.

Pero lo que más le duele al presidente de la asociación es que, según han advertido los asesores fiscales de la plataforma, al no ser declarada zona catastrófica, los damnificados tendrán que tributar por el dinero que reciban, como si fuera una plusvalía. 'Hacienda va a cobrar de nuestra desgracia', clama Juan Carlos Carrillo.