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La derrota del Madrid muestra la paradoja del Liverpool

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Por Martyn Herman

La actuación del martes del Liverpool contra el Real Madrid será recordada como una de las mejores del club en competiciones europeas pero mientras los aficionados lo celebran, algunos también pueden sentirse algo confusos.

El equipo de Rafael Benítez estuvo brillante en Anfield aplastando al gigante español, ahogando al equipo madrileño con un ataque intenso desde el primer pitido hasta el final. Podrían haber marcado 10 goles.

Pero no se olvidan los empates sin goles contra Fulham y Stoke City, el 2-2 con Hull City y la derrota 2-0 frente al Middlesbrough el pasado mes, que supusieron la rendición de facto del equipo en la lucha por el título inglés.

Esas actuaciones inexplicables no serán olvidadas por los seguidores del Liverpool, desesperados por terminar con la larga espera para conseguir un título de liga, no conseguido desde 1990. La derrota frente al Manchester United, el líder, desvanecería cualquier remota esperanza de regresar a la lucha por el título.

Parece que hay dos Liverpool diferentes esta temporada.

Está el que ganó por 2-1 al United en Anfield, se impuso 1-0 al Chelsea en la liga, consiguió la victoria en el Bernabeu y humilló al Real Madrid el martes. Pero también está ese otro equipo tan fácilmente dominado por equipos mediocres de la Premier League varias veces durante esta temporada.

El Manchester United, destacado en la clasificación de la Premier con una diferencia clara de siete puntos después de una racha de 11 victorias consecutivas, se adapta fácilmente a las diferentes necesidades para esquivar a los tres perseguidores en Liga y mantiene su forma en Europa.

El capitán Steven Gerrard estuvo fenomenal el martes. Libre de las ataduras que a veces le limitan, condujo a su equipo al corazón de la defensa del Madrid con una energía y entusiasmo que contagió a sus compañeros de equipo.

El delantero Fernando Torres, que marcó su primer gol de Liga de Campeones esta temporada para enviar al Liverpool camino de la victoria, fue una amenaza constante mientras que a sus espaldas Javier Mascherano y Xabi Alonso organizaron solidamente el centro del campo.

La clave, de cualquier modo, fue el ritmo al que el Liverpool comenzó el partido. "Hemos atacado al Madrid desde el minuto uno", dijo Benítez después. "Nosotros hemos salido a hacer nuestro trabajo y nos ha salido bien. El ambiente fue muy, muy positivo".

Benítez raramente muestra sus emociones, incluso cuando los goles llovían contra el Real Madrid el martes. Por el contrario, degusta la táctica futbolística, diseñando cada equipo para un cometido específico como ocurre en muchos encuentros europeos.

El problema es que al margen del ambiente embriagador de Anfield en una noche de Champions League o contra uno de los cuatro grandes equipos de la Premier, el Liverpool puede rápidamente transformarse en un equipo agarrotado, inseguro de si debe jugar instintivamente o aferrarse a las instrucciones previas al partido.

Lo que resulta evidente es que cuando Benítez impone su lado más estricto en el campo, el Liverpool es un problema para cualquiera.

De cualquier modo, su preferencia por los cambios y rotaciones muestra que el equipo que ha construido no tiene aún la calidad del Manchester United o el Chelsea.

Si Torres y Gerrard se mantienen en forma, el Liverpool dinámico, suave y rítmico del martes podría triunfar y ganar la Liga de Campeones de nuevo esta temporada.

Pero a menos que ocurra algo ciertamente extraordinario, la versión vacilante, cautelosa y desapasionada del Liverpool tan vista en los últimos meses destrozará una vez más los sueños de Premier League de los aficionados.