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Desconfianza total

ERNESTO EKAIZER

Berlín fue ayer escenario de la realidad y de la propaganda quizá como nunca antes.

La realidad: mientras Sarkozy se hallaba reunido con su anfitriona Angela Merkel en la cancillería, el Gobierno federal cerraba, pasadas las once de la mañana, la venta de 3.900 millones de letras a seis meses con un tipo de interés de -0,0122. Tipo de interés negativo.

Es decir: en lugar de pagar a los inversores, la Agencia Financiera del Gobierno (equivalente al Tesoro) ha conseguido que le paguen un interés para disfrutar del privilegio de poseer un bono alemán.

La propaganda: Sarkozy y Merkel, según dijeron en la rueda de prensa dos horas después de cerrada la subasta, creen que a la austeridad generalizada hay que unir el crecimiento. 'Hemos captado el mensaje de los mercados', dijeron.

Aunque el bono alemán había experimentado tipos de interés negativos en los mercados secundarios de deuda, aquellos en los cuales venden y compran los inversores entre sí, jamás una colocación directa consiguió hacerlo cobrando tipos en lugar de pagar. Y cabe subrayar que hubo sobresuscripción, es decir, hubo una demanda superior (de 1,8 veces) a la oferta.

Para completar este dato cabe añadir que en otra ciudad alemana, Francfort, el Banco Central Europeo (BCE) informaba que los bancos habían depositado una nueva cifra récord en la cuenta de depósitos de veinticuatro horas (overnight) al viernes pasado: 463.565 millones de euros.

Ambas pistas diseñan una situación simétrica: nos dicen que el nivel de desconfianza en la eurozona está llegando a límites desconocidos. Los inversores prefieren pagar por tener letras alemanas, esto es, están dispuestos a pagar a Alemania por la seguridad que ven en la economía y las finanzas de dicho país.

Y los bancos europeos, a los cuales el BCE les ha prestado 489.000 millones de euros al 1% en diciembre pasado (después de una intervención conjunta con la Reserva Federal, el Banco de Japón y otros bancos centrales) para aliviar sus problemas de liquidez, han ingresado los citados 463.565 millones de euros por otra ventanilla que solo abona el 0,25%. El 0,75%, de diferencia, pues, es el beneficio que logra el BCE.

Esto quiere decir una cosa: las arterias que mantenían el funcionamiento del sistema financiero europeo están totalmente bloqueadas. Y a pesar de la liquidez que facilita el BCE para evitar una gran crisis bancaria, la desconfianza lejos de disminuir está aumentando.

Que la situación no tiene precedentes lo atestigua otro hecho: grandes compañías multinacionales, repletas de liquidez, están sustituyendo al mercado interbancario congelado, y están realizando préstamos a los bancos. La agencia Reuters dio ayer los nombres: las norteamericanas Johnson & Johnson y Pfizer, y la compañía automovilística francesa Peugeot. Estas empresas se han incorporado al llamado mercado repo, de operaciones con pacto de recompra entre bancos y entre estos y los bancos centrales.

En este contexto, la comparecencia de Merkel y Sarkozy es un show de corto recorrido, por no decir nulo. Si en los pasados cuatro años, Alemania pagó por sus letras un tipo de interés medio del 1,8%, ahora incluso le pagan por colocarlas, lo cual, si se une al hecho de que el 40% de las exportaciones alemanas van a la eurozona, revelan quién es el beneficiario principal del euro.

Miguel Sebastián dijo con ironía en uno de los últimos consejos de ministros de Zapatero que Alemania había ganado la tercera guerra mundial y estaba abocada a imponer las reparaciones a los vencidos. Unos vencidos que se dejan. Sarkozy, que se lanza a su propia campaña electoral, pudo ayer decir que ahora junto a la austeridad habrá medidas de crecimiento.

Pero los portavoces alemanes han dejado saber ayer mismo de qué va esto: medidas para incrementar la movilidad de los trabajadores y enfocar fondos europeos para creación de empleo juvenil. El mismo perro de siempre con distinto collar.

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