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Las deserciones muestran a una guerrilla débil en Colombia

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Por Patrick Markey

Hambriento, rodeado de patrullas del Ejército y aislado de sus jefes, Wilson Bueno decidió correr un riesgo impensable: desertar de las FARC y huir por la selva de Colombia con un ex congresista secuestrado durante más de ocho años.

Su entrega al Ejército la semana pasada con Oscar Tulio Lizcano puso de relieve hasta qué punto la intensa presión militar, el pago de recompensas por parte del Gobierno y el trabajo de informantes están socavando al grupo guerrillero activo más antiguo de América Latina.

"Las FARC, en este momento, es un grupo ya muy reducido, unas FARC sin un oriente político, va a desaparecer, unos guerrilleros sin moral y una descomposición interna", dijo Bueno, más conocido como "Isaza", quien huyó tres días por la selva con el político hasta encontrar al Ejército.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), consideradas en sus comienzos como un poderoso ejército irregular de campesinos que luchaban por transformaciones sociales, se han visto golpeadas en los últimos meses por una ofensiva militar ordenada por el presidente Alvaro Uribe, al que respalda Estados Unidos.

Influyentes comandantes rebeldes como Raúl Reyes, Iván Ríos y alias "El Paisa" murieron por bombardeos y ofensivas de las Fuerzas Armadas, mientras que el grupo rebelde sufrió en julio una de sus peores derrotas militares y políticas con el rescate de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, tres estadounidenses y 11 efectivos del Ejército y la Policía.

Con miles de millones de dólares en ayuda estadounidense, Uribe ha enviado más tropas móviles para atacar a las FARC en las selvas y montañas, cortar sus comunicaciones, el transporte y el suministro de víveres, mientras la violencia se ha reducido y la inversión extranjera aumenta.

Cada vez son más los combatientes veteranos de las FARC que desertan y se convierten en una vital fuente de información para la inteligencia militar para la ubicación de campamentos, secuestrados y comandantes rebeldes, según el Gobierno.

CADENA DE DESERCIONES

Bueno, quien permaneció 12 años en la guerrilla, se convertirá en el primer combatiente de las FARC en recibir una recompensa, beneficios jurídicos y una posible residencia en Francia por huir y entregar a un rehén, un hecho que ha sido interpretado como un nuevo logro del popular mandatario.

Su testimonio se suma al de otros integrantes de la guerrilla que desertaron previamente y dejaron al descubierto la difícil situación al interior del grupo rebelde.

En marzo un guerrillero mató a su jefe, integrante de la cúpula de las FARC, y le cortó una mano que entregó al Ejército como prueba para cobrar una recompensa millonaria.

Posteriormente "Karina", considerada por las Fuerzas Armadas como una de las comandantes más sanguinarias y violentas de la guerrilla, se entregó después de admitir una insostenible presión del Ejército.

"Antiguamente las FARC tenían una fuerza muy brava, beligerante, militarmente y políticamente, antiguamente el Ejército nunca podía entrar en las zonas guerrilleras", dijo Raúl, un comandante que se incorporó en 1992 pero que huyó en una canoa después de ver a sus tropas pasar hambre por la presión de las Fuerzas Militares.

Uribe goza de una alta popularidad por su política de seguridad con la que redujo los asesinatos, las masacres, los secuestros y los ataques contra la infraestructura económica, que eran cotidianos en el pasado.

Las ciudades y las carreteras son más seguras, pero miles de personas continúan siendo desplazadas por la violencia en las zonas rurales, donde los grupos armados ilegales luchan por la producción y el tráfico de la cocaína.

Sin embargo, grupos de derechos humanos denuncian que la presión de Uribe sobre las Fuerzas Armadas para producir resultados en la ofensiva contra la guerrilla ha derivado en violaciones a los derechos humanos por parte de algunos de sus efectivos, incluidas ejecuciones extrajudiciales.

DEBILITAMIENTO PROGRESIVO

Alrededor de 2.500 combatientes de las FARC se han desmovilizado en lo que va del año, atraídos por un programa de reducción de penas de cárcel y otros beneficios.

Sin embargo, 340 guerrilleros con más de una década en las FARC también desertaron este año, de acuerdo con el Gobierno.

"Más que cantidad, lo que es interesante es la calidad de las personas que se desmovilizan, verá más y más personas con puestos de mando", dijo el viceministro de Defensa, Sergio Jaramillo, en una reciente entrevista.

"Paradójicamente, las FARC son uno de los más antiguos movimientos guerrilleros en el mundo, pero se están convirtiendo en uno de los más inexpertos, porque las personas están abandonando", explicó.

Las FARC, que en su apogeo contaron con 17.000 combatientes, ahora tienen unos 9.000 hombres y no pueden poner en peligro el Estado. Pero alimentadas por el tráfico de cocaína, podrían sobrevivir durante años en las regiones donde la presencia del Estado sigue siendo débil, aseguran expertos.